por Andy Grey

Aloerastia

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llegó a mi casa
borracha
montada en un venado hasta la entrada del edificio:
muchas mujeres quieren salvar el mundo, dijo
aunque no puedan mantener limpias
sus cocinas,
pero yo…
entramos y encendí tres velas
rojas
Ninguna Lady GodivaCharles Bukowski

¿Hasta dónde estarías dispuesto a llegar para complacer a tu pareja? ¿Serías capaz de renunciar a tus principios por una buena causa?
Aparentemente, estas dos preguntas no deberían estar relacionadas pero en el mundo de DJ’s Andy Grey se diluyen y dan lugar a una sesión sobre la aloerastia inspirada por la leyenda de Lady Godiva. 


Vayamos paso a paso: la aloerastia está íntimamente ligada al voyeurismo, en realidad sería un paso más a la excitación que provoca la visión de la desnudez en otra persona con la que no entras en contacto. La aloerastia empieza con el fisgoneo y acaba en un final carnal. A raíz de esta provocativa inclinación, nuestra experta en parafilias ha trasteado la biblioteca de leyendas hasta dar con un personaje casi místico, Lady Godiva


Corría el siglo XI cuando esta dama, casada con un cacique usurero, puso en jaque a su esposo y le pidió que dejara de amedrentar a sus vasallos con tamaños diezmos. Su marido, invocando a la honestidad de Lady Godiva, accedió a bajar impuestos con la condición de que paseara por sus dominos a lomos de un caballo sin más capa que su propio cabello. La buena dama aceptó el envite y advirtió a todos los aldeanos para que se quedaran parapetados en casa mientras ella galopaba en cueros por las calles. Todo el poblado respetó las reglas del juego salvo Tom, el mirón, un sastre que usó una triquiñuela para fisgonear a su señora y, como manda la leyenda, quedó ciego ante aquel espectáculo.

No se alarmen, queridos oyentes, nadie va a sufrir represalias ni cegueras prematuras ante la sesión que DJ’s Andy Grey ha preparado esta semana. 

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