Bailando con la tele puesta

Bailando con la tele puesta

José Manuel Gómez Gufi. Publicado el 28 de julio de 2015

Addictive TV es lo penúltimo en electrónica, “next level shit” que dijo Grandmaster Flash y que no traducimos porque estas cosas a veces tienen más gracia en la versión original. La cosa consiste en cortar y pegar y lo mismo hacen un “mush up” (fundir dos canciones como Riders of the storm de los Doors con el Rapture de Blondie). El resultado es una remezcla de dos canciones con un poco de ayuda electrónica y funciona. Ya lo creo que funciona. Lo llevan haciendo los gitanos rumberos desde hace una eternidad, cogen un estribillo de aquí, otra letra de allá, le meten un ventilador por medio, unas palmas por acullá y pelotazo. ¿Ejemplos? Bambino en 1965 pilla el estribillo de Yo soy el son cubano de Antonio Machín y la letra del tango La Cama Vacía. El resultado: una obra maestra.

La diferencia con Addictive TV es que estos británicos lo hacen con la tele puesta y lo mismo se montan una remezcla con Star Trek o montan una sinfonía de tiros y mucha sangre con Walking Dead. ¿Cual es problema? Que como no te lleves bien con los abogados de los Doors y con Blondie, te puedes pasar media vida en los tribunales de la gestión de derechos.

El caso es que lo que Graham Daniels y Mark Vidler presentaron en el escenario de Sallent es un proyecto titulado Orchestra of samples y va por ese camino, no tener problemas de derechos, así que el proyecto que vimos consiste en pasarse cinco años por el mundo grabando a más de cien músicos del planeta entero (un flautista indio por aquí, un laud oriental por allá, un tambor del otro lado, el rapero de la esquina) luego se suben al escenario, se llevan a la orquesta en el disco duro y se lanzan los músicos a una multipantalla donde ofrecen una canción.

El asunto funciona y puede crear tendencia (un ahorro en viajes y hoteles) aunque tiene su truco, las canciones están precocinadas así que no hay muchas sorpresas en el acto del directo y, lo que son las cosas, en lugar de un canto a la diversidad resulta una autopista a la monotonía. En la recta final aparece un bailaor flamenco junto a una base de drum& bass ¿por bulerías? Naaa, ni la máquina, ni los ingleses parecen haber aprendido lo de las bulerías; y de la soleá, ni te cuento. Todo suena a drum&bass así que el grupo proyecta sus gustos y el personal baila delante de la tele. Es nuevo, es tendencia, pero me deja frío y me quedo frito con la tele puesta.