por Diego A. Manrique

Blonde on Blonde 2016

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Se cumplen 50 años de la publicación de Blonde on blonde. Y su autor se niega a celebrarlo. Nada de ediciones conmemorativas, versiones ampliadas o conciertos especiales. No es el estilo de la casa  y, además, están vendiendo su segunda “colección Sinatra”.

¿Y hay motivos para festejar el paso del tiempo? Quizás sí: Blonde on blonde representa la apoteosis del Dylan torrencial, una aleación de poesía y blues, el feliz choque entre la sensibilidad hip de Nueva York y la ética protestante de los músicos de Nashville. Un encuentro que cambiaría el rumbo del rock y del country, aunque ambos giros tardarían unos años en hacerse evidente. También, si alguien se interesa por esas curiosidades, el primer elepé doble del rock (se adelantó al Freak out! zappiano por cuestión de días). 

Así que el homenaje ha quedado a cargo de la revista británica Mojo, con la versión 2016 del disco: Blonde on blonde revisited ofrece la recreación de todas y cada una de sus arrebatadas 14 canciones a cargo de solistas y grupos contemporáneos.

Ya saben como resultan esos discos: una suma de aciertos y patinazos. Aquí nos quedamos con los momentos felices. Desfilan con una fórmula sencilla: un fragmento de la grabación original y la versión correspondiente. Excepto al final: no sería justo comparar el embriagador primer “Sad eyed lady of the Lowlands” con cualquier adaptación (de hecho, son escasas las versiones hechas por otros artistas). Pero cabe reconocer cierta grandeza en el atrevimiento de Jim O’Rourke, que grabó el tema en solitario y lo arropó por ruidos de la ciudad en la que ahora vive, Tokio. Se aprecia mejor, sospecho, de noche y con auriculares. 

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