por Diego A. Manrique

Chicadelia

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La desconocida psicodelia de Chicago.
Aquí utilizamos Chicadelia como un acrónimo de Chicago psychedelia. Sí, allí también hubo una escena psicodélica que adquirió características propias. Estamos hablando de la Ciudad de los Vientos: el clima no invita a juntarse a retozar en los parques; hasta la arquitectura recuerda que allí domina el  imperativo capitalista. Así que la psicodelia de Chicago fue más bien una creación de estudio,  donde coincidían músicos, cantantes, arregladores y productores altamente cualificados.
Casi todos negros, por cierto. A finales de los 70, las bandas blancas de Chicago se inclinaban más por las formaciones amplias, con metales (y aquí se incluye el ejemplo de Archie Whitewater, con sus nueve músicos). Pero productores como Richard Evans, Curtis Mayfield, Charles Stepney o Marshall Chess sabían que convenía renovar el sonido dominante en la ciudad. Y los aires que llegaban desde Londres o San Francisco suponían libertad para probar audacias técnicas y musicales.
Así que Muddy Waters, Howlin’ Wolf o Bo Diddley grabaron discos teóricamente “psicodélicos”, para escándalo de los puristas. Al ser la Chicadelia un movimiento de arriba abajo, no había tanto énfasis en la autoexpresión: se grababan imaginativas versiones de Jimi Hendrix, Cream, los Tempations. ¿La aportación de los chicaguenses? Los dedos de prodigiosos instrumentistas, los trucos de estudio, las suculentas orquestaciones…
El pináculo de la Chicadelia fue el colectivo Rotary Connection, donde descubrimos la gloriosa voz de Minnie Riperton. Pero la licencia para experimentar también se contagió a figuras como Ramsey Lewis, Etta James, Solomon Burke o incluso a Woody Herman, histórico líder de big band. Son discos con alto nivel de producción que, en años recientes, han revelado sus poderes y son extremadamente valorados por los crate diggers y los sampleadores. Disfruten sin complejos.

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