Cultura humana y orgánica en el ciclo De la Raíz

Cultura humana y orgánica en el ciclo De la Raíz

Por redacción Gladys Palmera. Madrid, 12 de enero de 2017

Una realidad nos invade y no es otra que la proliferación de festivales. Tanta es la abundancia que muchos críticos lo definen con términos que dan cierto vértigo como “burbuja”. Un análisis superficial daría la razón a los defensores: en España gozamos de un magnífico clima, somos ciudadanos de la calle y ni la crisis es capaz de encerrarnos en casa. Ahora bien, ¿qué oferta de festivales existe? Para responder a esta incógnita deberíamos hacer un análisis responsable y en profundidad pero a priori parece poco temerario afirmar que el pop, el indie y el rock se reparten el podio de honor.

A los márgene, pocos son los festivales que defienden una propuesta arriesgada, que entienden que el objetivo de los ciclos de conciertos no es otro que mezclar propuestas locomotoras con otras más desconocidas. Es decir, utilizar la oportunidad como reclamo para crear cultura musical. Esta parece la idea que subyace como telón de fondo en el ciclo de conciertos De la Raíz que continúa un año más apostando por una programación diversa, en la que prevalece la humanidad de la música por encima del puro business.

Los creadores lo tiene claro. Cedemos la palabra a José Luis Cortés, director del ciclo: “el festival se pone en valor con esta tercera edición, cogiendo peso específico tanto a nivel local como nacional. Buscamos música contemporánea que se manifiesta en esta pléyade de artistas, haciendo de Zaragoza ciudad bandera de estas músicas.

Dejando a un lado los prejuicios de estilo, esta nueva edición aúna la tradición flamenca con el mestizaje y la llamada world music. Soleá Morente, Pepe Habichuela, Aurelio, Pájaro, Jenny & The Mexicats,Germán Díaz,Rosalía & Raúl Refree, Ialma, Brigada Bravo & Díaz, Dhoad Gypsies of Rajasthan, Claudina & Alberto Gambino y Drunken Cowboys & Shantel completan una jornada que ocupará desde el viernes 13 de enero hasta el sábado 8 de abril, porque la cultura, al igual que la vida, a largo plazo se degusta mejor.

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