El cante y los puentes

El cante y los puentes

Por José Manuel Gómez Gufi. Publicado el 13 de julio de 2016

En  memoria de Juan Peña El Lebrijano

 

Hijo de la Perrata de Utrera, Juan Peña El Lebrijano era un hombre acostumbrado a tender puentes. Entre Lebrija y Utrera, entre el flamenco y la música andalusí. Durante su mili conoció a la Niña de los Peines que acogió a aquel gitano rubio de ojos azules. En 1972 protagonizó uno de los capítulos del programa de TVE Rito y geografía del cante en el que narra como, en su boda, compartió cante con Antonio Mairena. De mente abierta era capaz de mencionar a Ravi Shankar y los Beatles y luego enfatizar con un “hay que crear, por necesidad” y lo decía un hombre que conocía de primera mano a los colosos de generaciones anteriores.

Una de las imágenes que conservo de Juan Peña El Lebrijano se produjo en el Festival Etnosur 2009. Su sobrino, el pianista David Peña Dorantes abordaba un reto musical que llamó Convivencias en el que confluían una orquesta Filarmónica de Andalucía dirigida por Tomás Gubitsh, el contrabajista francés Renaud García-Fons, el kavalista búlgaro Theodosii Spassov, la bailaora Pastora Galván, el cante de Esperanza Fernández y el grupo base formado por Popo al bajo, Cepillo y Tete Peña a la percusión y los Mellis y Juan San Juan a los coros y palmas. Ahí estaba Juan Peña El Lebrijano con su otro sobrino, el guitarrista Pedro María Peña, cantando versos de Gabriel García Márquez ante una multitud. Compartiendo los momentos estelares con el oficio de acompañar.

 

Juan Peña El Lebrijano presumía de trayectoria, de ser el primero, o uno de los primeros, de aportar al flamenco una discografía conceptual, sus discos tienen un motivo, una dirección, un porqué. En 1972 se acerca al mundo sinfónico con La palabra de Dios a un Gitano luego llegaría Persecución (1976) y Encuentros (1985) con la Orquesta Andalusí de Tánger el primero de sus discos con la orquesta marroquí que produjo éxitos como El anillo, aunque Casablanca (1998) fue el trabajo más profundo de la serie.
En 1992 había publicado Tierra con textos de Caballero Bonald sobre el descubrimiento de América. Una de sus últimas producciones llegó en 2008 que tituló con un comentario de Gabriel García Márquez: “Cuando Lebrijano canta se moja el agua”. Su última presencia en los escenarios se produjo en la última bienal del flamenco de Sevilla celebrada en 2014.

Se va un cantaor sabio, quizá por eso era valiente.