En época de carnavales todo está permitido: el bullicio, el alboroto, el alcohol y la excesiva alegría; lo que ha dado como resultado que sean unos días en los que más mujeres son atacadas. Divertirse es bueno, incluso inocuo. Pero divertirse con otros no a costa de otros. Se deben parodiar reglas y rituales y el carnaval puede y debe existir, siempre que haya conductas autorizadas o deseadas.

El año pasado, la policía de Río recibió 2.154 llamadas sobre violencia contra las mujeres durante el carnaval anual de la ciudad. Los grupos de mujeres dicen que a Brasil le queda un largo camino por recorrer para abordar la desigualdad y el machismo arraigado pero ven el carnaval una oportunidad para iniciar un diálogo sobre el problema. Han organizado fiestas en la calle donde los participantes distribuyen calcomanías con el lema “No es no” y otras más largas y explícitas. “La diferencia entre el acoso y el tonteo está en el respeto”, es uno de los mensajes que se está lanzando en redes.

El carnaval de Río de Janeiro se ha llenado este año de mensajes contra el acoso sexual en un intento de cambiar unas estadísticas que avergüenzan el país: solo en el período de cinco días que duró el evento del año pasado, y según los registros oficiales de la Policía Militar de la ciudad, una mujer es agredida cada cinco minutos en Brasil. “Atuendos ligeros no son invitación a manoseos”, proclaman por las calles.

La nueva palabra para 2018 es SORORIDAD. Esta palabra sigue el mismo patrón que fraternidad, cuya raíz latina es frater (hermano) pero en este caso la raíz sería soror (hermana).

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