EVHA (foto: Pablo Naranjo)

En toda esta maraña (a veces ridícula e innecesaria) de palabrejas que definen estilos musicales concretos, la folktrónica (o el electrofolk) apareció escrito por primera vez hace 20 años en un artículo del periodista británico Jim Byers en la ya extinta web BurnitBlue.com. Se refería Byers a la proliferación de sellos discográficos como el mancuniano Twisted Nerve, que catapultó la carrera de artistas como Badly Drawn Boy, más ligado a esa canción (folk) de autor que combina la obligada guitarra acústica con elementos digitales lanzados desde un ordenador portátil. Fue, sin embargo, a partir de Four Tet cuando el concepto de folktrónica comenzó a acotarse a las sonoridades con las que actualmente lo relacionamos: electrónica digital contemporánea mezclada con instrumentación acústica de carácter tradicional (el sampling también es bienvenido).

La folktrónica arraigó pronto en América Latina, cuyo acervo musical siempre ha congeniado con la música de baile de hoy. Los compases primitivos de la cumbia, el tambor o la guaracha casan a la perfección con los loops de la electrónica de club y esto ha generado toda una corriente sonora que combina lo más tradicional con lo más actual. Sin embargo, si se toma la noción primigenia (anglosajona) de folktrónica -esto es, la más asociada a la música de autor- quizá fue Juana Molina una de las pioneras hispanas.

La creación de un estilo propio

Si la folktrónica ha calado pronto y bien en Latinoamérica ha sido por la asunción de la palabra folklore como algo mucho más ancestral. Esta tendencia comienza más tarde -casi en la presente década- con la irrupción de artistas como Nicola Cruz y Chancha Vía Circuito. El primero nació en Francia, pero regresó pronto al país en el que tiene sus orígenes: Ecuador. Las armonías indígenas de Los Andes y la selva amazónica son la gran inspiración de Nicola, que retoma las premisas sonoras de algunos artistas del downtempo de principios de milenio: Thievery CorporationQuantic. Estos autores solían rescatar milenarias músicas del mundo por medio de la ambientación digital. Un terreno en el que también se mueve el argentino Pedro Canale, cabeza visible de Chancha Vía Circuito. Canale coopera con músicos folklóricos para fusionar sus atmósferas sintéticas con la tradición acústica y vocal de todo el sur de América.

Tanto Nicola Cruz como Chancha Vía Circuito editan sus discos en ZZK Records, una casa argentina que lleva desde 2008 reclutando a los grupos sudamericanos más representativos de la folktrónica. EVHA (acrónimo de El Viejo Hombre de los Andes) es un combo ecuatoriano que, al igual que su compatriota Nicola Cruz, explora y promueve los ritmos más vetustos de su país a través de la electrónica vigente. Entre los componentes de EVHA se encuentra Mateo Kingman, cuya carrera en solitario se arrima más al prototipo anglosajón de folktrónica, pues no parece tan interesado en la música tradicional como lo está en el folk contemporáneo de autor. Su voz ha sido requerida por el mencionado Pedro Canale para las composiciones de Chancha Vía Circuito.

Otra de las joyas de ZZK Records es Mitú, el dúo colombiano formado por Julián Salazar y Franklin Tejedor, que lleva a la pista de baile las bases rítmicas de la música palenquera. Sus composiciones, eminentemente instrumentales, encuentran la canción popular en las colaboraciones vocales de Teresa Reyes Salgado (oriunda de la localidad colonial de San Basilio del Palenque) y Ela Minus (nombre propio del pop independiente colombiano). La mitad del dúo, Julián Salazar, perteneció a Bomba Estéreo hasta 2012, justo antes de que el fichaje por Sony Music impulsara la fama internacional de estos. Sus inquietudes electrónicas quedaron plasmadas en los primeros discos de Bomba Estéreo que, queriendo o sin querer, sentaron también las bases de la folktrónica latinoamericana al diluir la cumbia y la champeta con el pop de computadora.

Los pioneros de la folktrónica latinoamericana

Dejando a un lado el folk digital de autor que definió la palabra folktrónica en la Inglaterra de principios de este siglo, ahora habría que plantearse si la folktrónica en Latinoamérica tiene otros pioneros. La técnica del sampling, vinculada a diversos subgéneros negroides como el house o el hip-hop, pudo ser el origen de este acercamiento del folklore tradicional a la electrónica contemporánea. De este modo, los tijuanenses Nortec Collective habrían abierto la lata en los últimos coletazos del siglo XX con su mixtura entre boyantes cadencias digitales y muestreos de la tradición norteña mexicana. Aquí se adivinó que la cumbia encajaba muy bien con los ritmos 4×4, lo cual generaría enseguida una subcorriente propia: la cumbia electrónica (también conocida como electrocumbia o cumbia digital). Pero, ¿qué es la cumbia electrónica sino folktrónica?

En una línea similar surgió el Instituto Mexicano del Sonido, el proyecto de Camilo Lara que abre el abanico de músicas folklóricas de México y las lleva a la electrónica de ritmo roto. Con estos últimos ejemplos se podrían distinguir dos caminos divergentes en la folktrónica latinoamericana. Por un lado el de los precursores, que echan mano del sampleo de músicas tradicionales existentes (ya grabadas). Y por otro, el que se hermana con músicos expertos en folklore tradicional, como por ejemplo Míriam García, Prisma, Chango Spasiuk o Sara Van, quienes han colaborado con muchos de los artistas aquí mencionados. Puede que esta segunda orientación sea la más definitoria a la hora de hablar de folktrónica latinoamericana, pues parece existir un cierto purismo a la hora de confeccionar estas músicas. Se prefiriere la instrumentación real al muestreo de antiguas grabaciones.

Esta pureza también se busca en el lado electrónico. Hoy en día, la música digital no se basa en el simple uso de sintetizadores, cajas de ritmos u ordenadores portátiles. La exigencia es alta, por lo que prevalecen las texturas inauditas y las armonías henchidas de artistas como Dengue Dengue Dengue. Provenientes de la capital del Perú, Rafael Pereira y Felipe Salmón formaron esta banda hace un lustro con el fin de investigar el folklore de su país. La cadencia tropical y, una vez más, la cumbia rezuman por los bucles digitales de Dengue Dengue Dengue.

La electrónica de club -la destinada a ser mezclada por DJs en infinitos flujos sonoros- cuenta con la sangre chilena de dos de los productores más importantes del planeta: Nicolas Jaar y Matías Aguayo. El primero, hijo del artista Alfredo Jaar y nacido en Estados Unidos, ha dejado aflorar sus raíces sudamericanas en algunas de sus composiciones. Lo mismo ocurre con Matías Aguayo (residente en Alemania desde hace varios años), que quizá ha tenido más presente su alma latina a la hora de componer. Su álbum The Visitor (Cómeme, 2013) es el más folktrónico de toda su discografía.

El éxito global de la mayoría de estos artistas ha consolidado la folktrónica latinoamericana como un universo sónico autóctono. Una especie de sello propio que define la música popular del siglo XXI en este lado del mundo.

Playlist

1. Nortec Collective – Olvídela Compa
00:00:04
2. Instituto Mexicano del Sonido – Mirando a las Muchachas
00:04:20
3. Chico Mann & Captain Planet – Oye Bien
00:08:55
4. Sotomayor – Eléctrico
00:12:59
5. Bomba Estéreo – Bailar Conmigo
00:16:34
6. Mitú – Melgar
00:20:10
7. Juana Molina – Sin Guía, No
00:23:33
8. Mateo Kingman – Religar
00:28:17
9. EVHA – Culebra del Monte
00:31:43
10. Dengue Dengue Dengue (feat Sara Van) – Guarida
00:34:50
11. Chancha Vía Circuito (feat Míriam García) – Nadie lo Riega
00:39:09
12. Nicola Cruz (con Chato) – Hacia Delante
00:43:14
13. Nicolas Jaar – No
00:47:06
14. Matías Aguayo – Aonde
00:53:39
15. Monareta – Me Voy Pa'l Mar
00:57:52

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