Duke Ellington

El Siglo XIX llegó a su fin con la aparición de núcleos creativos, pregoneros de nuevas vanguardias artísticas. Harlem, un barrio ubicado al norte de Manhattan, en Nueva York, se estaba consolidando como uno de los epicentros artísticos más importantes de Estados Unidos y, aunque su “época dorada” duró menos de tres décadas, su legado sigue vigente.

Harlem era un territorio completamente agrario, con unos incipientes atisbos de pre-industria ganadera, fincas agrícolas y propiedades de James Roosevelt al este de la Quinta Avenida. En 1831, la llegada del ferrocarril produjo un desarrollo muy positivo en las infraestructuras y, por consecuencia, la aparición de nuevas riquezas a corto plazo.

Posteriormente, con el fin de la Guerra Civil en 1868, Harlem se convirtió en un perfecto lugar de refugio para la comunidad norteamericana e inmigrantes judíos o italianos que llegaban a través de Ellis Island. Esta nueva oleada de inmigración se asentó en elegantes casas adosadas, construidas por los promotores inmobiliarios que apostaban por la zona.

Pero el punto de inflexión para el barrio tuvo lugar con la construcción de la primera línea de metro de la ciudad. Los especuladores codiciosos abrieron la veda, entrando en un bucle de construcción frenética que pronto llegaría a su fin. Los nuevos bloques de casas de piedra rojiza estaban completamente vacíos, y los especuladores inmobiliarios comenzaron a entrar en pánico. Hecho que produjo que las asociaciones de los bloques se opusieran a la integración y los propietarios blancos se comprometieran a no vender a la población negra.

Pero esta oposición no pudo llevarse a cabo, aunque Harlem estaba destinado a ser un barrio blanco de clase alta. Por culpa de dicho excedente de viviendas y el abaratamiento de estas, una buena parte de las personas que compusieron el fenómeno denominado “Gran Migración Negra” se dirigieron hacia áreas más urbanizadas de todo el país con costes no muy elevados y Harlem era una de ellas.

La situación de la población afroamericana que comenzó a habitar esta zona estaba marcada por una latente opresión racial y motivada por un deseo colectivo de fraguar una nueva identidad como individuos libres e independientes. Para alcanzar esta dicha colectiva, artistas afroamericanos de todo el país se dirigieron a Harlem, tiñendo su atmósfera bajo los colores de la creatividad, el trabajo y el esfuerzo, produciendo sin saberlo, la primera explosión de arte negro propiamente americana, y generando así, uno de los movimientos culturales urbanos más importantes del Siglo XX, denominado Harlem Reanaissance.

La comunidad negra pobre, pero culturalmente vibrante estaba forjando unas fuertes raíces en Harlem. Dichos cimientos se asentaron principalmente, a través de los tratados sociológicos de William Edward Burghardt Du Bois, que sensibilizó a la población e impulsó un nuevo tipo de conciencia cultural y orgullo negro. Todo ello inspiró a una generación de jóvenes artistas que, a través de sus obras, crearon un empaque cultural, con la única motivación de forjar una nueva voz afroamericana y como consecuencia de ello, su propia identidad como individuos.

Du Bois, historiador, sociólogo y activista por los derechos civiles, así como autor y editor estadounidense, fue el primer afroamericano en doctorarse en Harvard en filosofía, ocupando puestos de profesor de historia, sociología y economía en la Universidad de Atlanta. En 1903 publicó The Souls of Black Soul, el cual se convertiría en un manifiesto inspirador y un libro transcendental. El sociólogo publicitaba con frecuencia en sus escritos la creatividad artística afroestadounidense y reconocía el fin de la larga pausa en las iniciativas artísticas. Por otro lado, plasmaba su continua preocupación en la falta de activismo de los artistas afroamericanos en sus obras.

Toda esta etapa estuvo marcada por numerosas manifestaciones de diversa índole artística, que proporcionaron la consolidación racial y la propia reafirmación de la sociedad afroamericana. En 1920, el barrio alcanzó su máximo umbral artístico, artistas, escritores y músicos negros se reunieron allí.

La pintura, la literatura y el jazz resaltaron de forma significativa entre las creaciones artísticas de los principales componentes de este movimiento, inspirándose en un primitivo folklore común, resultado de la mezcla de diferentes tradiciones africanas junto a nuevos elementos endémicos.

Los artistas plásticos llegaron en grupos bastante numerosos, produciendo obras pictóricas, escultóricas e incluyendo otros medios que exploraban de forma artística la historia afroamericana. Fueron capaces de crear un gran contenido artístico formado por las poderosas esculturas de la artista Meta Warrick Fuller o los murales modernistas de la era del jazz de Aaron Douglas. Así mismo, nombres como Palmer Hayden, William H. Johnson o Louis Mailou, se convirtieron en los encargados de plasmar la identidad de su pueblo a través de la línea y el color.

Las grandes figuras del jazz como Duke Ellington, Billie Holiday, Louis Amstrong, Cab Calloway o Chuck Webb tomaron el papel de auténticos protagonistas del movimiento, centrando el epicentro neurálgico musical en los clubes nocturnos más populares del barrio. El Cotton Club, Apollo, o Lafayette Theatre fueron una catapulta crucial a la hora de la expansión de este género musical que, sin duda alguna, ayudó a promover la causa de este movimiento y entre sus paredes se consolidaron nuevas manifestaciones artísticas urbanas que, posteriormente, se han cruzado la línea underground para convertirse en mainstream.

Gran parte del repertorio de estos músicos se transformó en himnos y señas de identidad del movimiento, convirtiéndose posteriormente en símbolos reivindicativos. Este fue el caso del tema East St, Louis Toodle Oo de Duke Ellington, considerado un himno del movimiento y al autor, un ejemplo de New Negro.

Paulatinamente se generó una interrelación entre la generación de artistas del movimiento, provocando la creación de vínculos entre la música y la literatura. Grandes figuras de ambos campos se inspiraron mutuamente a lo largo de su recorrido artístico y el literato Langston Huges fue ejemplo de ello. Pionero de la poesía jazz, logró traducir el distintivo del sonido de dicho género musical a piezas de escritura lírica. Así mismo, en todas sus obras intentó expresar la individualidad de la piel oscura, sin miedo a ningún tipo de prejuicio.

Las obras intelectuales con un contenido de carácter filosófico, sociológico, ético y moral también obtuvieron un papel fundamental en la época dorada de Harlem, siendo motor motivacional para muchos artistas y para el afroamericano en general. W.E.B. Du Bois o Alain LeRoy Locke se convirtieron en las causantes del inicio de esta revolución artística y social.

La figura femenina en la época dorada de Harlem estaba empoderada por la imagen radiante que desprendían las damas del jazz o las populares escultoras de la época, definiéndose a sí mismas como el eterno femenino atemporal con su collar de cuentas.

No sólo fueron grandes artistas o creadoras, sino que también fueron reconocidas y alabadas por la crítica. Autoras como Zora Neale Hurston o Nella Larsen desempeñaron el papel de pioneras en la novela afroamericana, abordando temas como la esclavitud y compartiendo las sensaciones y situaciones más costumbristas de la época con el lector. Y voces como la de Billie Holiday o Ella Fitzgerald aportaron la banda sonora femínea al movimiento.

Pero toda época dorada llegó a su fin. El cierre del Cotton Club después de los disturbios raciales en 1935, desencadenó una situación de desidia en el sector artístico de la época; y si a este hecho se une a la Gran Depresión que asoló el bolsillo de los estadounidenses, nos encontramos ante el último suspiro de un maravilloso periodo.

El concepto de Nuevo Negro ya no aparecía en los magazines, los blancos dejaron de ocupar las mesitas de los clubs y con el New Deal, la población afroamericana volvió a encerrarse en la escena underground. El nuevo reclamo de la identidad racial a través de las manifestaciones artísticas se esfumaba y quedaba patente que la igualdad racial no iba a llegar simplemente a través de textos, notas musicales o líneas de colores.

La Harlem Renaissance se convirtió en un referente para los movimientos artísticos que se desarrollaron a partir de la primera mitad del Siglo XX, aportando un legado muy difícil de superar, en cuanto a identidad e integración se refiere. Una lección de superación y autoafirmación a través de la creatividad, el esfuerzo, la concienciación y trabajo, que generó un movimiento revolucionario sin precedentes digno de admirar.

Gran parte del repertorio de estos músicos se transformó en himnos y señas de identidad del movimiento, convirtiéndose posteriormente en símbolos reivindicativos.

Playlist

1. Duke Ellington and His Orchestra – The New East St. Louis Toodel-Oo
00:00:04
2. Count Basie - Taxi War – Dance
00:02:59
3. Cab Calloway and his Orchestra - Minnie The Moocher
00:05:47
4. Louis Armstrong – West end Blues
00:08:58
5. Jelly Roll Morton - Black Bottom Stomp
00:12:14
6. Ella Fitzgerald - It Don't Mean a Thing
00:15:23
7. Bessie Smith - I'm Wild About That Thing
00:19:34
8. Ethel Waters - Shake That Thing
00:22:20
9. Louis Armstrong & Ella Fitzgerald – Summertime
00:25:29
10. Earl Hines - I Ain't Got Nobody
00:30:15
11. Bessie Smith - Put It Right Here (Or Keep It Out There)
00:33:19
12. Louis Armstrong - (What Did I Do To Be So) Black And Blue
00:36:15
13. Eubie Blake - Charleston Rag (versión 1)
00:39:13
14. Duke Ellington - Creole Love Call
00:42:15
15. Sonny Rollins with the Modern Jazz Quartet - Almost Like Being in Love
00:45:22
16. Etta James - Something's Got a Hold on Me
00:48:44
17. Billie Holiday - Travellin' All Alone
00:51:25
18. Billie Holiday - When a Woman Loves a Man
00:53:36
19. Earle Hagen - Harlem Nocturne
00:55:59
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