Tonina Saputo

SU MÚSICA SENTIDA SE CLAVÓ EN MI CORAZÓN

El escritor cubano Guillermo Cabrera Infante señaló en uno de sus libros (La Música Extremada) que el bolero es la ilustración poética del conflicto; la célula básica del melodrama entre un hombre y una mujer, desarrollándose en algunos casos la dialéctica del predominio de uno sobre el otro. En otras palabras, representa o significa discurso para un grupo humano; en este caso el mundo hispanoparlante. 

Quizás de este concepto se deriva su vigencia como género musical, cuando desde la tercera década del Siglo XX, a través de la radio y el disco, emergió como objeto cultural, cuyo destinatario ha sido el sujeto amoroso, siendo capaz de pronunciar las distintas circunstancias del corazón enamorado, del amante atormentado, o de quien padece la terrible soledad.

Así que no es aventurado decir que en Latinoamérica hay una cultura relacionada con este género que, además, tiene más de 100 años, que ha desplegado un código amoroso, un lenguaje de los afectos, que hemos recibido como una suerte de educación sentimental, animada por circuitos masivos: radio, discos, televisión, y por otros más cercanos como presentaciones de solistas, tríos, dúos, orquestas en teatros, fiestas, bares, serenatas. 

No obstante, su permanencia en el gusto de distintas generaciones, no parece tener explicación meramente en su consideración de producto comercial, sino que puede estar en que las letras de los boleros y sus melodías tocan las fibras emotivas de los habitantes de esa parte del mundo. Tal cual como el mexicano Carlos Monsiváis precisó que el bolero identificaba la dicha y la desdicha, y el placer de saber que, pese a todo, he podido tener una vida emotiva, emocional.

Son muchas las evidencias que muestran que el bolero sigue vivo. Hoy día grandes artistas, con trayectoria musical premiada y reconocida por el público se dejan seducir por el bolero, considerando que es un género inmortal, tan arraigado en el imaginario hispanoamericano, como expresión estética y existencial de una manera de ver y sentir el amor. El bolero es, más allá de su valor musical, un discurso amoroso que nunca se cierra y permanentemente se renueva. Para muchos estudiosos del tema lo más cercano a la experiencia de la relación amorosa son los boleros y de ahí la identificación con ellos cuando amamos y sobre, todo cuando sufrimos.

Y eso ocurre, no obstante que las costumbres y la moral de ahora son distintas a los años del apogeo del género, cuando el bolero fue un vehículo perfecto para que los enamorados pudieran burlar las rígidas normas morales de la época. Hay artistas interpretando y componiendo boleros en tiempos de mayor liberalidad de la sexualidad, el erotismo y de las relaciones humanas. El bolero continúa reflejando la sencillez y la complejidad del delicioso tormento del amor, ilustrando la vida sentimental, ofreciendo un inagotable repertorio de frases y circunstancias para el intercambio amoroso.

Desde el New York latino, hasta las repúblicas australes y la mismísima Patagonia se prodiga el género. Ni el tango pesimista y de laborioso baile, ni la trágica y machista ranchera, ni la alegre samba brasileña, ni las cadencias encendidas de la cumbia colombiana, ni el ritmático (sic) y renovador mambo cubano; ni siquiera la invasión contagiosa de la salsa, ganaron nunca tan amplio predicamento en nuestro continente, sentenció César Pagano, autor del ensayo El Bolero en Colombia, Un Viejo Amor. Y esto se manifiesta en nuevos álbumes de cantantes, en la recreación que hacen viejos intérpretes, en readaptaciones de canciones clásicas, en los espectáculos y festivales que se realizan en distintos países latinoamericanos y en España; en programas de radio dedicados al género.

Pero aquí vamos a referirnos a algunas novedades que expresan su vigencia. Por ejemplo, una muy próxima, pues en Madrid y Miami, Enrique Heredia Negri ha estrenado su producción Bolero Solo, junto al pianista cubano Pepe Rivero y con colaboraciones de Chabuco, Armando Manzanero, Jerry González, Ed Calle y Chano Domínguez. Este cantante español (ex La Barbería del Sur), que mostró una novedosa forma de cantar, de componer y de producir flamenco, colaboró en Duetos de Armando Manzanero, premiado en los Latin Grammy.

Desde Colombia y siguiendo los pasos de Juan Carlos Coronel en los años 90, el bogotano Andrés Cepeda, ha presentado un trabajo titulado Andrés Cepeda Big Band, donde se fue al pasado y trajeado de smoking y zapatos de charol, evoca a los grandes del bolero Benny Moré, Tito Rodríguez y Rolando Laserie, y canta a dúo con Gilberto Santa Rosa, Lo Mismo Que a Usted, y con Gloria Martínez, Goyo, La Última Noche.

No sólo pasado con traje nuevo es lo que ofrece el español Zenet, por supuesto; ni el más «mainstream» colombiano Charlie Zaa o el grupo bachatero dominicano Aventura; pero si logran acercarse a los clásicos de una forma diferente. Lo mismo podría decirse de los venezolanos Los Amigos Invisibles, con su peculiar estilo que combina funk y humor a partes iguales.

Pero hay dos bandas que llaman la atención por sus proyectos exclusivamente centrado en el bolero: Miramar (Laura Ann Singh, Rei Álvarez y Marlysse Simmons), de quien en su momento, cuando lanzaron Dedication to Sylvia Rexach, dijo Gladys Palmera: No es sencillo el proyecto, porque la idea es reconstruir paso a paso la sonoridad y el espíritu de la época de Rexach. Simmons usa para ello un órgano y un wurlitzer, teclados que le dan ese aire de canción romántica, diferente al bolero de trío o de gran orquesta. No suena a algo común en esta época. Suena enclavado en el tiempo y sólo le falta el scratch del vinilo.

Poli y Prietto (Maxi Prietto y Natalia Poli Napolitano), de quienes se dijo en Future Beats cuando lanzaron Boleros y Canciones: Suponemos que también la delgada línea que separa la nostalgia intoxicada de la cursilería. Prietto, después de absorber y sintetizar de forma brillante el blues y el rock psicodélico en sus otros proyectos, puede perfectamente tirarse al barro para hacer suyas canciones de un repertorio que está clavado a fuego en la memoria colectiva. 

Quedan, por supuesto, muchas referencias. La más conocida, Natalia Lafourcade, con todos sus proyectos de renovación bolero, pero especialmente con su Mujer Divina: Homenaje a Agustín Lara. Hay más: Lucio Feuillet, iLe, Gaby Moreno, Monsieur Periné, Maite Hontelé, Mon Laferte, Carla Morrison… Pues como se preguntó Alan Queipo en un artículo muy elogiado en esta casa: ¿Y si el bolero acaba adelantando por la derecha al reggaetón y se convierte en el nuevo-viejo pop?

Playlist

1. Enrique Heredia Negri feat Armando Manzanero & Pepe Rivero – Mía
00:00:08
2. Andrés Cepeda Big Band - Hola Soledad (live)
00:03:58
3. Miramar - Salida & Urgencia
00:06:30
4. Aventura - Su Veneno (versión bolero)
00:10:10
5. Zenet - Estás Equivocada
00:13:53
6. Natalia Lafourcade & Los Macorinos feat Omara Portuondo - Tú Me Acostumbraste
00:17:54
7. Zoé - Bésame Mucho (live)
00:20:52
8. Poli y Prietto – Palmeras
00:26:05
9. Charlie Zaa - Esclavo y Amo
00:28:36
10. Monsieur Periné - Sabor a Mi
00:32:29
11. Los Amigos Invisibles - Mi Amiga, Mi Esposa y Mi Amante
00:36:04
12. Lucio Feuillet - Locura Mía
00:39:43
13. Gaby Moreno - Quizás, Quizás, Quizás
00:42:22
14. Tonina Saputo - Historia de un Amor
00:46:02
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