Edine Parla y Enrique Bryon.

A pesar de sus innumerables grabaciones, Enrique Bryon Morejón es uno de los grandes personajes olvidados de la música cubana y, si no lo fuera, sería quizás unos de los más discutidos y polémicos, al igual que el arte del blackface que ejerció a finales de los años 20 y le valió el calificativo de “Al Jolson cubano”. Lo cierto es que más allá del divertimiento “racial” le atraía el verde militar, un gusto anodino y común sino fuese acompañado por amistades cercanas con dictadores como Machado y Batista. Y por si fuera poco, fue acusado de plagio y un periodista escribió, cuando amenizaba un programa de radio en la CMBZ, en 1934: Lástima que en una buena emisora dejen trasmitir algo tan malo como Enrique Bryon, el pseudo Al Johnson cubano, que es algo muy, pero muy pésimo aunque haya ido al norte y haya grabado discos”.

¿Era Bryon realmente malo, o incluso peor? Al escuchar los 78 rpm en los que se atreve a cantar, me inclinaría a decir que, a pesar de lucir una cierta destreza en el piano, nadie le ganaba en el arte de desafinar; y cuando no cantaba, sus arreglos, sin ser un náufrago irremediable, no se salvaban de la vulgaridad. ¿Por qué entonces el deseo de Colección Gladys Palmera de rescatar a un “artista”, o “no artista”, como Enrique Bryon? Al margen del deseo de almacenar y preservar para las generaciones futuros el máximo legado de la música afro-antillana, siempre nos han interesado las personalidades originales, atípicas y atrevidas, y Bryon es una de ellas. Nacido en el crepúsculo del siglo XIX, precisamente el 20 de noviembre de 1898 (como indica unos de sus pasaportes), hijo de un capitán del Ejército Liberador, su vida vale una novela y la cruzó como un Forrest Gump o un Zelig tropical que estuvo siempre en el momento oportuno en el lugar adecuado para convertirse en un pionero de la industria latina del entertainment en las grandes urbes de los años 1910-1950: La Habana, Nueva York y México.

Primero fueron la orquesta y los discos. En una entrevista conducida por Arturo Ramírez y publicada el 17 de mayo de 1942 en la revista Carteles, él reconoce entre líneas que lo que le llevó a triunfar fue más el olfato y la inquietud que el talento, el deseo de superación o un conocimiento profundo de la música -del que carecía-. Dice: A los 17 años compuse la primera canción que llegó al público, Melodía macabra (a la memoria de su padre). Desde esos años tocaba el piano de oído, y todos decían que con mucho gusto. A lo mejor, si hubiera estudiado… Pero no pude nunca someterme a una disciplina, lo que no le impidió armar ipso facto una orquesta: Tenía ya un agudo sentido musical… una positiva intuición. Naturalmente que era una orquestica, para bailes en sociedades, clubs, etc. Pero de todos modos era una hazaña. Mi orquesta se hizo favorita en La Habana. Muchos de los que estaban bajo mi dirección entonces, allá por 1916, han hecho brillante carrera.

La industria discográfica era inexistante en Cuba, así que nuestro joven director decidió tentar su suerte en Nueva York. No sabía ni inglés ni música… ni tenía dinero. Me inscribí enseguida en una agencia de artistas, pero no me podía hacer entender ni para decir lo que deseaba. Al fin lo obtuve, en pequeña escala. Una compañía de discos hacía entonces especialmente pregones para su venta en México y Centroamérica, y para ella imprimí algunos records, con una orquestica de cubanos que conjunté… Poco a poco, a fuerza de tesón, me abrí paso. Eso fue en septiembre de 1923 y la casa discográfica que lo contrató es Okeh (acrónimo de su fundador Otto K. E. Heinemann), pionera de la world music y de la race music. Su nicho de mercado era la población afro-descendiente y los emigrantes europeos y latinoamericanos nostálgicos de los cantos y melodías de sus países de origen. En 1920 había sido el primer sello en grabar un disco de 78 rpm a una cantante negra (Mamie Smith), y también desde ese año su catálogo presentaba una larga selección de títulos en alemán, yidis, polaco, italiano, sueco, danés, irlandés, esloveno, croata, noruego, lituano, griego, portugués y español. Su serie mexicana, la 16000, existía solo desde julio de 1921 y la “orquestica” de Bryon, bautizada de manera humilde Orquesta Cubana Sinfónica Enrique Bryón, fue la primera del sello identificada como íntegramente de nacionalidad cubana. Varias de sus grabaciones eran danzones del repertorio de la Orquesta Concha (de Everardo Concha) de México, que presentaban en su parte final un mensaje comercial cantado para promocionar algunas marcas del estado de Yucatán como Chicles Maya, Nacionales de Grajales, Itzá, Carta Clara (cerveza), Sidra Pino (refrescos) o Brisas de Uxmal (productos de tocador); lo que convierte Enrique Bryon en uno de los pioneros del jingle publicitario en español en Estados Unidos.

Bryon, también añade en una entrevista del 24 de junio 1934 publicada en Bohemia: Puede usted decir, que el primero que hizo oír la música cubana en New York, he sido yo. Fue en el hotel Alamac (inaugurado oficialmente en 1923), dirigiendo a la orquesta que allí tocaba el Siboney de Lecuona. En un segundo viaje en mayo de 1924, graba otra serie de discos para la misma marca pero esta vez con repertorio propio de danzones con sabor más afro-cubano (El vendedor de flores, Noqueando, Gisela, Papá Montero…). Columbia, Cameo y Domino son otros de los sellos que distribuirían su música.

Poco después de su segundo viaje a Nueva York se encuentra de nuevo en la capital cubana, donde se afianza su reputación de director de orquesta, pianista acompañante y compositor. En poco tiempo y a punta de mucho trabajo y esfuerzo se convierte en una figura esencial del teatro musical habanero.

De finales de 1924 a 1926, su orquesta ameniza en las tardes los Mosaicos del Teatro Martí, precursores de los espectáculos de variedades. Dice: Las primeras canciones que cantó Eugenia Zuffoli, se las he ensayado y dirigido yo. (El empresario Julián) Santacruz me tenía contratado exclusivamente para que montara a sus artistas los números cubanos que se presentaban en los famosos Mosaicos de aquella época. También añade a sus múltiples actividades la de organizador de eventos concurridos para la alta sociedad. El 13 de junio de 1926, el mismo Teatro Martí presenta un concierto típico criollo titulado “Fiesta de la canción cubana” organizado y dirigido por él; participan cantantes líricas que interpretan temas de Ernesto Lecuona, Gonzalo Roig y Eduardo Sánchez de Fuentes, pero también está presente el nuevo ritmo de moda, el son, con la Estudiantina Oriental de Ricardo Martínez. En agosto se anuncia su compromiso oficial con la señorita Hilda Cossío. Parece tomarse un respiro.

En 1928, recupera su hiperactividad creativa: en el Teatro Actualidades, en sólo un mes, entre el 23 de abril y 25 de mayo, firma la música de nada menos que tres revistas, todas protagonizadas por los bailarines Julio Richards y Carmita Ortiz: “Los reyes del aire” y “El rapto de la guajira” (ésta con Óscar Calvet como co-autor) y “La canción de las horas” (con Óscar Calvet y Rafael Betancourt).

El 3 de junio, su actividad incesante de “inspirado compositor y pianista cubano” le vale en el Teatro Encanto un “homenaje y beneficio apadrinado por el Honorable Señor Presidente de la República, el General Machado y Morales”; participan lo mejor de la época: Sindo Garay, Rita Montaner, Rosendo Ruiz Suárez, Maruja Griffel, Julio Richards y Carmita Ortiz. En el evento muy concurrido se escuchan canciones, tangos y poesías. Se estrenan Angustia y Al saber que eras tú, con letra respectivamente de los poetas Mary Morandeyra y Gustavo Sánchez Galarraga y música compuesta y ejecutada al piano por Enrique Bryon. Los meses siguientes organiza y ameniza las fiestas del céntrico lugar.

En primavera de 1929, actúa en el Campoamor acompañando a varios cantantes hasta posponer sus actividades habaneras con un nuevo viaje a Nueva York. Es el boom del cine sonoro. En el Campoamor, como en otros teatros de la capital, las grandes atracciones son las películas sonoras o con efectos sonoros (“sound on film”), desde que se estrenara en esta sala el año anterior (el 15 de febrero de 1928) The Jazz Singer (El cantor de jazz) de Alan Crosland, el primer filme sonoro americano. Enrique Bryon quedó impresionado y desde entonces se siente identificado con su protagonista, el actor Al Jolson. Se pone en la piel del personaje, ensaya; como él, es blanco, tiene carisma, sabe entretener a las masas bailando, tocando el piano, y… cantando, piensa. Hace suya la famosa línea de diálogo de la película: Wait a minute, wait a minute. You ain’t heard nothin’ yet! (¡Esperen, esperen, todavía no han escuchado nada!). Así que, ¡Broadway, allá voy!

Embarca para Nueva York el 18 de junio y allí, el 27 de septiembre -pocos días después de enviar un telegrama para felicitar al General Gerardo Machado en su día onomástico-, graba para la Brunswick Por la noche y la canción ñáñiga Espabílate, acompañándose en el piano y cantando en el estilo hablado de Al Jolson, pero con un repertorio definitivamente afro. Emulándole fisicamente se presenta en algunos escenarios maquillado de negro, en un blackface criollo. Tal vez por su manera de entonar no encuentra el éxito esperado y el 15 de diciembre está de nuevo en La Habana para amenizar con su orquesta y un puñado de artistas, nada menos que el programa inaugural de El Progreso Cubano (indicativo 2AF). Se convierte así en el primer pianista en tocar en la todavía activa Radio Progreso. Oficia como pianista, cantante y director de orquesta de la emisora y del Teatro Campoamor hasta junio de 1930, etapa en la que empieza a aparecer en la prensa (comenzando por el Havana Post) como el “Al Jolson cubano”.

Se despide de su público en el Campoamor el 15 de junio en pos de nuevos horizontes para su arte vernáculo cubano a los Estados Unidos. En el evento está rodeado por varias voces a las que ha acompañado en Cuba o en Nueva York: Tomasita Núñez, Hortensia Coalla, Maruja González, María Fantoli y otras. También figura en el programa la orquesta Los Diplomáticos de Lorenzo Pego. Sin embargo, por una razón desconocida, aplaza el viaje y sigue en la radio que pronto adopta el indicativo de CMBC. En octubre se casa con una nueva conquista, Marina Rivero. La prensa habla de otro homenaje en el Campoamor el 31 de mayo de 1931 organizado por los discos Victor y con la Orquesta Siboney de Alfredo Brito, el Sexteto Habanero y el Sexteto Nacional; se anuncia el estreno de dos nuevos discos de Bryon el “nuevo astro del afro” grabados en Cuba, con promoción especial del pregón El frutero (sólo tenemos conocimiento de la publicación de este título en 1932 acoplado con La montunita oriental grabado en 1932 en Nueva York). El otro disco es el Victor 30658 con la comparsa Calabazún-zun-zun (Enrique Bryon) y el afro Ibana moró (Rosendo Ruiz Suárez). Sin embargo se anula la actuación al último momento y se celebra el 14 de junio en el Teatro Prado.

Esta vez sí, es una despedida. Enrique Bryon está contratado por la Peninsular and Occidental Steamship Company para una gira en trece ciudades, incluyendo Tampa, Key West, Miami y San Peterburgo. De ahí en adelante son viajes constantes entre La Habana y Estados Unidos donde pronto suena por todas partes su pregón El caramelero, su composición más famosa, conocida también como The Candy Vendor. Cuenta Bryon la anécdota: Tocaba en mi departamento de la calle 34. Pasó por allí el representante de una casa editora de música (Southern Music), y quedó agradablemente sorprendido por mi manera de tocar, y por la pieza que ejecutaba. Era El caramelero. Me contrataron la música. Poco después ese pregón estaba en todas la buenas orquestas de New York, entre ellas la de Paul Whiteman y yo era llevado de nite club en nite club y de teatro en teatro, en esa técnica de popularidad, o de busca de ella, en que son maestros los americanos”. Él mismo lo graba el 27 de septiembre de 1932; lo apoya en el coro el mismísimo Antonio Machín, responsable del éxito mundial dos años antes del título similar El manisero (The Peanut Vendor).

En esta sesión y algunas más hasta noviembre de 1933, Enrique Bryon participa en más de cincuenta grabaciones Victor, con su orquesta, con su piano (acompañando también en el canto a Pilar Arcos y Anita de Morales) y con Los Rumberos (a dúo con la cubana Zilia Parlá); la mayoría de los títulos son danzonetes (al estilo de Cómo besan las mujeres y El chancletero, adaptación de La chancletera de la María La O de Lecuona), pero también muchos sones, guajiras, rumbas y comparsas de Miguel Matamoros (Las maracas de Cuba), Rosendo Ruiz Suárez (Su Mersé), Eliseo Grenet (Negro bembón), Ignacio Piñeiro (Échale salsita) y otros. Es en esta etapa que su retrato copa las portadas de las exitosas partituras de Hoagy Carmichael y Johnny Mercer Lazybones y Roll Along, Kentucky Moon.

Es una avalancha de discos y ya le llama otra aventura, la del cine. Aunque según su entrevista participó anteriormente en las primeras películas de Vitaphone, para la Pathé, con música cubana. En todo caso, en verano de 1934 está contratado con su pareja artística Edine (¿Zilia?) Parlá por la Fox Film para “una serie de películas interpretando el folklore cubano”. En su vida privada, las cosas no van tan bien. Se separa de Marina Rivero y se disputan la custodia de su hijo Enriquito. Tal vez el divorcio tiene que ver con otra aventura de Bryon, Isabel Castellanos, actriz con la que, anuncia la prensa, va a rodar la obra El calesero para la Fox, y con la que pronto se casará y tendrá una hija, Poupée, en 1936. La pareja participa en otro nacimiento, la del cine sonoro cubano, protagonizando el musical de la Royal Film Como el arrullo de palmas que el Diario de la Marina del 1 de abril de 1936 califica como “la primera película con sonido hecha en Cuba” (aunque se considera que el primer corto sonoro cubano es Maraca y bongó rodado en 1932).

En México se hace amigo de Emilio Azcárraga Vidaurreta, fundador de la XEW (La Voz de América Latina). Allí acompaña a varias estrellas de la canción y ameniza las noches del cabaret El Retiro, también de Azcárraga. En el cine es parte importante de la producción La llaga, estrenada el 8 de julio de 1937, y que cuenta con otros cubanos, el director Ramón Peón y el primer actor René Cardona. Bryon firma la música. La película abre un debate en Cuba; el periodista Don Galaor se pregunta por qué, a pesar del éxito del primer largometraje sonoro La serpiente roja no se rueda más en Cuba. Bryon sigue en México en la película Tierra brava (dirigida por Cardona y estrenada el 1 de junio de 1938), en la que dirige la parte musical cubana y actúa. Un compositor, Pedro Revuelta, lo denuncia en septiembre por haberle plagiado un número y haberlo vendido a una compañía de películas mexicanas.

Pero Bryon ya pasó otra página de su vida. En Cuba, en 1933 es derrocado el gobierno de Gerardo Machado, y Bryon debe entabar nuevas amistades. El 17 de diciembre de 1934, inauguraba el gran cine de la Cabaña en La Habana con el nuevo hombre fuerte, el Jefe de Ejército y coronel Fulgencio Batista, y con los máximos representantes del ejército y de la policía nacional. En verano de 1938, viste el uniforme para cumplir la función de teniente coronel y ayudante de Batista ante la Policía de México, además de subdirector de la banda de música del cuerpo policial mexicano. Pero sigue siendo un electrón libre y el cargo no le impide grabar discos -muchos- para la Victor mexicana, con Maruja González, Manolita Arriola, el Trío Yumurí e incluso con su mujer Isabel, y viajar en varias ocasiones a Cuba donde se divorcia de la misma en enero de 1940 y, acto seguido, le otorgan la distinción del Orden de la Cruz Roja Cubana. Su presencia en La Habana en primavera del mismo año es la oportunidad de nuevas grabaciones Victor, esta vez con un conjunto y la promesa del afro Miguelito Valdés, adelantando de poco a Xavier Cugat quien se lo llevará para grabar a Nueva York un mes y una semana más tarde. Los títulos, todas composiciones suyas, son El negro del solar, Mujer negra e Isabel, pienso en ti (dedicada a su ex-esposa).

En los años 40 y hasta mitad de los años 50, participa en muchas actividades artísticas en La Habana, a pesar de mantener su residencia en México. Por ejemplo, es miembro de la Comisión Organizadora del Carnaval de La Habana al lado de Odilio Urfé. Toca y graba en México el nuevo ritmo cha cha chá. Poco después de la Revolución, todavía aparece su nombre en las noticias mundanas del Diario de la Marina, cuando acontece la boda de su hija Poupée, por ejemplo. Ya hace tiempo que ha renunciado a sus cargos militares, desde que decidieron cambiarle el uniforme. Dice en una entrevista de la revista dominical del periódico Excelsior: Chico, no pude soportar el golpe. Decidí salir de la banda. Sin uniforme no podía hacer nada. Pero todavía es tiempo de jubilarse. En México, tiene cargos en entidades gremiales de los artistas y compositores. Con Azcárraga ha emprendido la nueva aventura de la televisión mexicana donde es descubridor de talentos para Televicentro (luego Televisa cuando fusiona con Telesistema Mexicano) en varios programas como Nuevos valores, México canta y baila y Rancho de Bryon. Se le considera descubridor entre otros de: Enrique Guzmán, César Costa, Magda Franco, Queta Garay, las Hermanas Aguilar y Manel López Ochoa.

Falleció el 27 de junio de 1981 y está enterrado en el cementerio Gustavo A. Madero en México DF. El inquieto y visionario Bryon murió, sin duda, con el sentimiento de dejar muchas cosas para hacer, y nosotros con el deseo de saber todavía más de la larga trayectoria de este singular luchador -que no pudo ser perfecto en todas las disciplinas que se propuso-. Un hombre, al fin y al cabo, que como Zelig tuvo la habilidad de situarse en momentos clave de las primeras décadas del Siglo XX, pero al contrario del personaje de Woody Allen nunca fue un conformista.

Enrique Bryon dejó varias grabaciones que están en Colección Gladys Palmera, algunas con su conjunto, otras con su orquesta. Hemos seleccionado sólo algunas (que llegarían a ser famosas con otras voces años más tarde) de tan curioso personaje. En ellas hay temas recurrentes como el color de piel o los oficios callejeros, algo habitual en la música cubana de comienzos de Siglo XX.

Playlist

1. Enrique Bryon - La comparsa de los congos lucumí
00:00:16
2. Enrique Bryon y su Conjunto - El negro del solar
00:03:15
3. Enrique Bryon - La mulata sandunguera
00:06:15
4. Enrique Bryon y su Orquesta - Yo sé que es imposible
00:09:09
5. Orquesta Cubana Sinfónica de Enrique Bryon - El vendedor de flores
00:11:52
6. Enrique Bryon y su Conjunto - Mujer Negra
00:14:58
7. Enrique Bryon – Espabílate
00:17:44
2 comentarios

Tommy- Saludos desde Medellin, Colombia. Te felicito por ese magnifico articulo sobre Enrique Bryon, uno de esos personajes que hasta los mas grandes coleccionista estaban intrigados por el y del cual no se sabia casi nada excepto unas cuantas grabaciones. la labor investigativa de tu parte ha sido excelente y muy bien documentada con mucha informacion acerca de este carismatico pesonaje, sus actuaciones y grabaciones asi como su recorrido por el cine y los teatros en Cuba, NY y Mexico. Tu mencion acerca de Zelig de Woody Allen es acertada. Debo comentarte que la primera vez que lo oi cantar me intrigo y recorde a Al Jolson como asi lo denomino una publicacion de la epoca de la Victor si no me equivoco y con Cristobal Diaz Ayala comentabamos que no se sabia nada de este musico pero gracias a este articulo ya se han despejado muchas dudas. Estoy recomendando a mis amigos coleccionistas este articulo y gracias

Jaime Jaramillo

Saludos Tommy, es para corregir el comentario sobre Cristobal Diaz Ayala ya que en la primera parte de su discografia de la musica cubana en FIU (Florida Internacional University) vol 1 1898-1925 hay una biografia de Bryon y tu biografia amplía y da detalles adicionales de este musico que muy poca gente sabe. Queria añadir que la cancion 3, La Mulata Sandunguera del cubano Alejandro Rodriguez “Mulatón”, Bryon aprovecha la presencia del Cuarteto Machin que durante esos dias grababa en el estudio 1 de la Victor en NYC, localizado en la calle 24 del East Side entre Lexington y Tercera Avenida, el dia 27 de septiembre de 1932 y en esta grabacion Bryon muestra sus hablidades para buscar buenos interpretes ya que la cancion comienza con el puertorriqueño Fausto Delgado en primera voz y Bryon en segunda respaldados por el tres de Alejandro Rodriguez, la trompeta con sordina de Mario Bauza, las maracas de Antonio Machin y la guitarra de Daniel Sanchez, en la segunda parte de la cancion entran Machin y Rodriguez cantando y les sigue “Mulaton” Rodriguez cantando y en esta ultima parte se oye un poco del piano de Bryon, unos timbales y un bongó . El cuarteto Machin estaba formado por Antonio Machin, Sanchez, “Mulaton” y Mario Bauza
Jaime Jaramillo

Deja tu comentario