Emiliano Salvador (foto cortesía de Angélica Salvador).

No lo digo yo, lo dijo Marta Valdés, que es sabiduría, le conoció y sabe que antes de morir ya Emiliano Salvador era una leyenda. Y una se pregunta: ¿qué hace falta para ser venerado por los propios músicos, en la vida y más allá de ella? Que intente responder alguien como la autora, que lo vio tocar, que llegó a conversar con él y terminó absolutamente abducida por su personalidad y su música, podría no ser exacto o cuando menos, poco objetivo. 

Deben hablar su obra y  los músicos, los que trabajaron con él y los que vinieron después: ellos  consideran a Emiliano Salvador como uno de los grandes pianistas en la historia del latin jazz. Para uno de sus coetáneos, el compositor y guitarrista Sergio Vitier,  Emiliano es el pianista más importante de su generación; un pianista con mucha personalidad con un «touché», un toque muy propio; era portador de un lenguaje muy de vanguardia muy complejo, y a la vez, muy transparente. Es un pianista que viene de la percusión (…), de una relación con el mundo del baile popular, con la música más rítmica nuestra. El virtuoso pianista Frank Emilio Flynn, distante en edad y vivencias,  subraya que Salvador imponía muy bien la ritmática, a pesar de tener una sección rítmica que lo acompañaba, pero él sabía acoplar muy bien su toque con esa sección rítmica.

El pianista dominicano Michel Camilo no duda en afirmar que entre músicos, a Emiliano, a la música de Emiliano se le conoce como lo que decimos: un clásico. Chucho Valdés, que mucho sabe del pianismo intergeneracional en Cuba, afirma sin dudar:  Emiliano es un patrón, es una cosa que hay que estudiar, él es uno de los grandes puntos de partida. Se puede reconocer su música por el sello de su personalidad. Emiliano ha influído en todo lo que ha pasado después pianísticamente en Cuba y el mundo.

Las claves para interpretar y confirmar todo esto hay que encontrarlas en la historia de Emiliano Salvador (Delicias, 1951 – La Habana, 1992), en su vida penosamente breve, pero intensa en cuanto a creación y sobre todo, en su relación con la música toda. Así comprenderemos de qué modo supo asimilar todo lo que pudo vivir, todas las influencias que recibió y procesó de una manera orgánica y genial, e integrarlas en un estilo y un sello personalísimos, que han conseguido trascender su paso por la tierra.

Se sabe que desde que tuvo uso de razón  mostró predilección por los instrumentos musicales, y por suerte su padre, se percató muy temprano de esta preferencia, y supo encaminarla. Emiliano Salvador Sr dirigía en Puerto Padre –la ciudad donde vivían–, la jazzband Los Perversos, conocida después como Los Embajadores del Ritmo (cuenta Angélica Salvador que después de 1959, un creativo e ingenuo funcionario les dijo que ya no había perversos en Cuba, y sugirió le cambiaran el nombre). El niño Emiliano creció en ese ambiente musical de la mano de su padre, quien fue su primer maestro. Reconoció alguna vez que a los siete años, ya tocaba piano y subía al escenario con su padre; y como parte infantil de la jazzband, el niño tocó piano, batería, acordeón y tumbadora. Cuando ya estuvo listo y con la edad requerida, ingresó en la Escuela Nacional de Arte, en La Habana, pero se decidió por la batería, la percusión. El piano vendría después, y buscaría a la profesora María Antonieta Henríquez para perfeccionar la técnica que iba adquiriendo.

EL GRUPO DE EXPERIMENTACIÓN SONORA DEL ICAIC (GES)

Emiliano llegó a estudiar a la capital cubana en tiempos en que una nueva manera de cantar y componer se adueñó del panorama musical en Cuba: Silvio Rodríguez, Pablo Milanés y Noel Nicola formaron un pequeño grupo de músicos incomprendidos, y hasta rechazados por ciertas figuras con poder político suficiente como para motivar a otros, con un poder similar, a protegerles. Así surgió en 1969 el Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC, para crear música esencialmente destinada a la floreciente industria fílmica cubana, pero con otro propósito paralelo: reunir a aquellos talentos jóvenes en torno a algunos músicos ya establecidos y de ideas más avanzadas, articulando su trabajo a través de estudio, ensayos, experimentación y grabación.    

El notable guitarrista, compositor y director orquestal Leo Bouwer, indujo al grupo a una premisa: llevar la música cubana a un nivel superior, que bebiera del mundo entero, más próximo a las influencias más vanguardistas del rock, desde The Beatles y Frank Zappa, hasta lenguajes de raíz que miraban mucho a lo que estaba ocurriendo en Brasil con la música de Chico Buarque, Gilberto Gil, Baden Powell, Caetano Veloso y otros. Entre los músicos jóvenes y entre sus profesores, ya se hablaba del muchachito de Puerto Padre, ¡que era un fenómeno! 

En la nómina inicial del GES estaría Emiliano Salvador junto a los trovadores Pablo Milanés, Silvio Rodríguez y Noel Nicola. En la parte instrumental:  Leonardo Acosta, Sergio Vitier, Leoginaldo PimentelEduardo Ramos (también trovador) y Genaro García-Caturla, aunque muy pronto se sumarían otros nombres y otros instrumentos que colaborarían en las grabaciones. La  interacción de Emiliano dentro del grupo y el acceso a todo el universo de información sonora que Leo Brouwer, Juan Elósegui o Federico Smith aportaban, como profesores, en momentos en que en Cuba había escaso o nulo acceso comercial a discos foráneos, fueron elementos decisivos en la formación de quien ya despuntaba como un pianista excepcional. 

El trabajo del GES se enfocaba a la creación y grabación de piezas y bandas sonoras para filmes, documentales, dibujos animados y cortometrajes que producía el ICAIC, que centraba la producción cinematográfica cubana. Muy pocas veces el grupo se presentó en directo, y fue aquí donde empezó  Emiliano a hacerse visible para el público y a interactuar con él.

No era el GES un grupo de jazz en sí mismo, pero es indudable que en muchas de sus obras, se identifican apropiaciones y desarrollos jazzísticos y su fusión con elementos rítmicos afrocubanos. Se recuerda en particular, la versión de Homenaje a Charles Mingus, reducción de la partitura para orquesta sinfónica y quinteto de jazz, de Leo Brouwer, junto a otros temas. Además, algunos de sus músicos –el saxofonista Leonardo Acosta, el bajista Eduardo Ramos, el baterista Leoginaldo Pimentel, y por supuesto, Emiliano, entre ellos–, participaban en paralelo en las descargas informales que organizaban algunos jazzistas de la época y frecuentaban los puntos de reunión que se iban identificando para «jammear». 

La etapa del GES inició también la discografía de Emiliano Salvador, quien retiene los créditos de piano, órgano y batería, indistintamente, en los LP y sencillos que recogen las grabaciones del grupo, en particular los cinco discos grabados entre 1970 y 1976, y publicados bajo el sello Areíto: Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC; Grupo de Experimentación Sonora/ICAIC 2; Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC; Grupo de Experimentación Sonora ICAIC 4; y Grupo de Experimentación Sonora/ICAIC 3, y que resumen el trabajo del grupo en esos años. 

Los discos del GES representaron también el debut discográfico de Emiliano como compositor y arreglista:  el LP GES-2 incluyó dos piezas compuestas por Emiliano en co-autorías: el innovador tema Báilalo (Si puedes), con Eduardo Ramos y Pablo Menéndez, y Tonada para dos poemas de Rubén, con Silvio Rodríguez. El lirismo del piano de Emiliano  en este tema fue uno de sus grandes y más recordados momentos, no sólo por la grabación, sino también por lo que fue su interpretación ante el público que abarrotó el cine 23 y 12 el día de su estreno y vibró con la progresión dramatúrgica que propiciaron el piano y la percusión. En el disco GES-3, destacó su tema La contradanza, una desenfadada y renovadora apropiación jazzística de un género musical del Siglo XIX, llevada a su tiempo por un Emiliano de sólo veintidós años, algo que probablemente, no haya tenido precedentes.

De la etapa del GES, la discografía de Salvador incluyó su participación en el disco Trópicos, que grabó en Cuba el cantautor uruguayo Daniel Viglietti en 1973, donde en diferentes tracks asumió el piano, órgano y la batería. Muchos filmes, cortos y documentales producidos por ICAIC entre 1970 y 1976 tuvieron en sus bandas sonoras piezas interpretadas por el GES, con la participación de Emiliano Salvador, y en particular, el filme El hombre de Maisinicú (1973), en piano y órgano, y en algunos de los arreglos. La banda sonora original fue publicada en vinilo homónimo por Areíto.

Aún dentro del GES, en 1974-1975, colaboró como pianista en el álbum Días y Flores de Silvio Rodríguez y en Versos Sencillos de José Martí, de Sara González. Pero éstos serían sólo los comienzos de Emiliano Salvador. En un lógico proceso de crecimiento personal y búsqueda de nuevas posibilidades expresivas, el GES se disolvió cerca de 1977.  

CON PABLO MILANÉS

Vendría para Emiliano su etapa como pianista del grupo que acompañó a Pablo Milanés, y que integraron también Eduardo Ramos en el bajo y Frank Bejerano en la percusión afrocubana. Aquí, más allá de los conciertos y actuaciones en directo realizadas en numerosas giras por Cuba y el extranjero, Emiliano dejaría también trabajos importantísimos y que han quedado recogidos en discos de vinilo. Venir de la música popular, beber del son y los soneros viejos que aún vivían; aproximarse al feeling con el sello de su tiempo, son algunos de los puntos de coincidencia entre Emiliano y Pablo, que se harán evidentes en sus trabajos conjuntos.  Como pianista acompañante, Emiliano impuso su sello, también muy personal, y colocó las excelentes canciones de Pablo en un entorno diferente a lo puramente trovadoresco.

En algunos de las obras más importantes de Pablo Milanés estuvo el piano y el concepto de Emiliano, quien entonces hacía gran parte de los arreglos de los temas que interpretaban y grababan. Pablo recuerda, en particular, lo que vincula a Emiliano para siempre con su clásico Para vivir: Venían de un trabajo voluntario (Eduardo Ramos, Frank Bejerano, Pablo y Emiliano) y pararon en casa de Felito Ayón, que tenía una casa hermosa y siempre los acogía para tomar unos traguitos y descargar. Allí, Pablo retó a Emiliano: A que no te atreves a hacer una introducción barroca a Para Vivir? El disco todavía no se había grabado y Emiliano tocó en ese momento la introducción a ese tema que todo el mundo ha conocido hasta hoy, contó Pablo para este artículo. Quedó muy sorprendido y maravillado y enseguida le dijo que la escribiera, a lo que Emiliano le respondió que no se preocupara, que él se acordaría. Así fue, y así la llevaron al disco. Desde entonces, ha habido muchas interpretaciones de ese tema, y muy, muy poca gente ha variado esa introducción memorable, maravillosa, y que parece compuesta desde el origen para ese tema. Emiliano hizo luego el arreglo completo para el disco, resumió Milanés.

También la huella de Emiliano asombró en el alto vuelo de la grabación de Yolanda, el gran clásico de Pablo, en la versión a dúo con Silvio Rodríguez, de la etapa del GES. La grandiosa versión de Milanés del bolero-son Convergencia contó con los arreglos y el piano de Salvador.

En la discografía de Pablo Milanés, Emiliano participó en los discos: Pablo Milanés (1976), donde compartió créditos de orquestación con Eduardo Ramos; No me pidas (1978), aunque no aparece en los créditos, puso piano y teclados; Aniversarios (1980), a cargo del piano y teclados; Filin (1981), donde Emiliano puso el piano acústico, piano eléctrico, órgano, sintetizador y percusión melódica; Canta a la resistencia popular chilena (1980), donde asumió piano acústico y eléctrico.

De su etapa con Pablo Milanés, han quedado registros de colaboraciones con otros artistas: Emiliano, junto a Frank Fernández son responsables de los pianos, órgano y clavicordio en el LP Lilia Vera y Pablo Milanés. El pregón de las flores  (Areíto LD-3988 y Ariola H-207.246)(1981)(ca. 1981), que unió al cubano con la notable folklorista venezolana.  En el LP Marta Valdés. Nuestro Autores (Areíto LD-3985), Pablo, con Emiliano al piano, intervienen en dos cortes con obras de la compositora cubana –No te empeñes más y Por si vuelves– y en un tercero cuando Milanés canta a dúo con Miguelito CuníDeja que siga solo, donde el desempeño del pianista y las voces logran una magia y un engarce irrepetibles.

Más adelante, se apreciaría la permanente colaboración de Milanés en las grabaciones de Emiliano para sus discos, en los que, al parecer, nunca quiso prescindir de la autenticidad del embate sonero del trovador.

EMILIANO EN SU ESPLENDOR. EL GRUPO. NUEVA VISIÓN

Inquieto y con mil ideas en la cabeza, con conflictos y certezas, plenitudes e insatisfacciones, a la par de su trabajo con Pablo Milanés, Emiliano Salvador comenzó a concretar todo ese torbellino en trabajos paralelos, y en 1978 consiguió publicar su LP como artista principal, bajo el nombre de Nueva Visión). A pesar de su visibilidad dentro del trabajo con el afamado cantautor, sería este disco, al decir de Leonardo Acosta, el que lo daría a conocer internacionalmente como uno de los grandes pianistas del jazz latino sobre todo en Nueva York y en el ámbito caribeño y latinoamericano.

Emiliano se mostró aquí en toda su dimensión: como instrumentista, arreglista, compositor, director y productor musical. Los temas Nueva Visión, Puerto Padre, El montuno, Post Visión y Angélica (dedicado a su única hija), abarcan una diversidad genérica que se origina en el son, llegando al guaguancó y al mambo, en clave de latin jazz. En ellos, Leonardo Acosta vió influencias del bop, el hard bop y el modalismo de Miles Davis, John Coltrane y McCoy Tyner.

En un formato tradicional de conjunto (tres o cuatro trompetas), que incluyó también otros instrumentos ajenos a este esquema, los músicos que acompañaron a Emiliano en este disco fueron Paquito D’Rivera (saxo alto y soprano); en las trompetas, tres grandes solistas: Arturo Sandoval, Jorge Varona y Manuel Mirabal, El Guajiro, junto a Alberto Lara, Trompetica, Lázaro González y el veterano Andrés Castro, alternando todos en los diferentes temas; Jorge Reyes, a cargo del bajo; y en la percusión, Roberto García y Panchito Bejerano en el bongó, Amadito Valdés en los timbales, Rolando Valdés y Frank Bejerano alternando en la tumbadora; y los cantantes, Pablo Milanés y Bobby Carcassés. Como un suceso insólito y trágico en aquel momento, el master definitivo del disco Nueva Visión una vez terminado, fue borrado por error en el estudio, lo que motivó que el disco íntegro se grabara de nuevo, no en todos los casos con los mismos músicos que tocaron en la primera grabación. 

En 1980 Emiliano entró de nuevo al estudio Areíto (antiguo Panart) para grabar su segundo álbum bajo el título Emiliano Salvador 2, con una banda all-star, donde destacaron José Luis Quintana, Changuito, en los solos de timbales (además de tocar bongó, campana y güiro); Frank Bejerano, batería; Roberto García, tumbadoras; Enrique Pérez y Geovani Mancebo en los trombones; en las trompetas, además de Andresito Castro, repetirían Andrés Castro, Arturo Sandoval y Manuel Mirabal, El Guajiro; y en las voces y coros estarían, como en el primer disco, Bobby Carcassés y Pablo Milanés. Emiliano Salvador tocaría piano y sintetizador, además de realizar todos los arreglos y asumir la producción musical.

Ese mismo año armó su propio grupo, con músicos que serían esenciales: José Carlos Acosta en saxos soprano y tenor; Feliciano Arango, en el bajo; en la batería; el veterano Emilio del Monte y Rodolfo Valdés Terry, en la percusión afrocubana, aunque con entradas y salidas de otros músicos en diferentes momentos.

Todo el bagaje y las experiencias asimiladas, las sintetizó en la depuración de un estilo sumamente personal y se reflejó en los dos discos que grabó con su grupo:  el LP Emiliano Salvador y su grupo, de 1986, y En una mañana de domingo, de 1989, y que saldría editado fuera de Cuba con el título Con fe.  En el tema que dio nombre a este disco, de más de ocho minutos de duración, Emiliano dio muestras de refinamiento y originalidad de ideas, siempre en torno a sus constantes rítmicas y su reinterpretación de lo lírico, algo realmente asombroso.

En estos discos,  Emiliano reflejó su indetenible crecimiento,  perfilando minuciosamente un estilo inconfundible con la integración de legados ancestrales rítmicos y melódicos, influencias múltiples y nuevos aprendizajes, que fue adquiriendo a medida que se expandió su información y su contacto con el mundo. Se lo permitieron las giras que a partir de 1980  emprendió con su grupo por países de  Europa y América Latina, y participó en numerosos festivales internacionales de jazz, en los que compartió cartel, según recuerda Leonardo Acosta,  con luminarias del jazz tales como Dizzy Gillespie, Brandford Marsalis, Woody Shaw, Freddy Hubart, Art Blakey & Jazz Messengers, Manhattan Tranasfer, Joe Henderson, Bobby McFerrin, Jack DeJohnette y otros. 

Pudo también compartir escenarios, descargas y encuentros con músicos boricuas como Ismael Miranda, Dave Valentín, y los hermanos Andy y Jerry González, los brasileños Chico Buarque, el cuarteto vocal MPB4, Milton Nascimento, Nana Vasconcelos, Airto Moreira y Wagner Tiso, pianista y arreglista de Nascimento con quien llegó a compartir un inesperado jam session en París en casa de la cantante Christiane Legrand.

Emiliano sentía una conexión muy especial con la música brasileña y todavía muchos recuerdan la entusiasta pasión que despertó en él la actuación de la pianista y jazzista Tania María durante una de las noches mágicas del Festival Jazz Plaza, en La Habana y que el pianista presenció como uno más, entre el público. 

Su sorpresiva muerte el 22 de octubre de 1992 truncó un camino de logros y descubrimientos, cuando se encontraba en plena mezcla de su último álbum en los estudios EGREM. Emiliano Salvador se convertiría, como certeramente lo clasificó Leonardo Acosta, en …el enlace o eslabón  imprescindible entre los pianistas cubanos que lo anteceden y los que surgirían después, ya pertrechados con el legado de Thelonius Monk, Bill Evans, McCoy Tyner y demás innovadores del piano en el jazz, cuyos aportes fueron ya plenamente integrados a la corriente pianística afrocubana por Emiliano Salvador.

Emiliano tuvo a su cargo la producción musical y todos los arreglos en estos registros, e invitó a grabar a una nómina de músicos que incluía a Joaquín Oliveros en la flauta, Conrado García, Coqui en la batería, Miguel Valdés en la percusión, Pancho Amat en el tres, Carlos del Puerto Jr en el bajo y Pablo Milanés en la voz en dos de sus cortes.

Estas grabaciones, que incluyeron temas nuevos de la autoría de Emiliano (Danza para cuatro, Cha cha cha para ti, Una mañana de domingo, Samba-Conga, Para luego es tarde, Transcurso de una travesía, Quinta Avenida), junto a algunos clásicos de la música popular caribeña como La vida es sueño, Allí y Capullito de Alelí, se publicarían de manera póstuma en Cuba y Estados Unidos en formato CD bajo el título Ayer y hoy

Posteriormente, a casi ocho años de su muerte, se editó el CD Pianíssimo, que, ahora remasterizadas, recoge grabaciones domésticas dejadas por Emiliano y guardadas con celo por su viuda María Elena Alonso, Poly.   Su hija Angélica Salvador y su esposo, el productor y realizador audiovisual Esteban Insausti hicieron posible que el sello Unicornio las remasterizara y publicara en disco.  En ellas, Emiliano se muestra en estado puro, en íntima soledad con su piano, revisitando temas suyos grabados anteriormente como Angélica, La contradanza o Una mañana de domingo, que nos provocan nuevas sensaciones e interpretaciones, a la vez que nos acerca a algún clásico cubano o norteamericano, como Tú mi delirio o Stella by Starlight, o temas que no encontramos antes en su discografía como Emiliano’s Blues, Neurosis o Emilianizando.

Cada vez más los nuevos y no tan nuevos jazzistas miran a su obra y revisitan sus temas: Paquito D’Rivera, Tony Pérez, Roberto Carcassés, Lucas Van Werwick (Puerto Padre), Carlos Averhoff (Para luego es tarde), Marialy Pachecho (Chanomonk), por solo citar algunos. Otros se permean de sus conceptos y se reconocen o los reconocen en sus influencias. Un disco en su homenaje fue ideado y realizado por el productor y compositor cubano Juan Manuel Ceruto: el CD A Puerto Padre. Tributo a Emiliano Salvador, que revisita doce temas de Emiliano en los instrumentos de notables músicos cubanos de varias generaciones, entre ellos Tata Güines, Chucho Valdés, Juan Pablo Torres, Tony Pérez e Isaac Delgado.

Ávidos de Emiliano, como si no bastara toda la música que nos dejó en los discos con el GES, con Pablo Milanés, con su grupo y con los diversos formatos con los que grabó, se sigue la búsqueda intentando encontrar cualquier huella que continúe haciéndolo más presente, y encontramos otras grabaciones suyas: identificados como Atypical Trio Live, con Emiliano en el piano,  Carlos Averhoff en el saxo y Manuel Armesto, Cala en el bongó, interpretan en directo Llora, A la cubana (descarga), Son de la loma, Days of Wine and Roses, En una mañana de domingo, Nica’s Dream, y Only Blues.

Otra versión de Para luego es tarde, se conservó en los archivos de la Televisión Cubana, grabada en directo en el programa Mi Salsa, en la que Emiliano se hizo acompañar de Richard Egües (flauta), Roberto García (güiro) y Luis Manresa (bajo) (CD Programa Mi Salsa.  Mi Salsa en descarga. Vol. I). Un oscuro LP publicado en la antigua Checoeslovaquia bajo el título Bratislava Jazz Days 1989,  incluyó el track Guajira por Emiliano Salvador Quartet, un directo grabado en una de las muchas presentaciones del pianista y su grupo en festivales internacionales de jazz.

Aparecerán, de seguro, más grabaciones, en la que el pianista de Puerto Padre habría dejado su huella sobre el teclado, componiendo, o arreglando, como hizo cuando colaboró con el cantautor canario Juan Carlos Senante, Caco, en su LP Chateaubriand (Filete Y Salsa), o con la cantante cubana Argelia Fragoso, en su versión del clásico filinero Tú mi desengaño, donde se escucha su piano en el LP Corazón. Hablarán los archivos y las colecciones privadas, sorprenderán los registros hechos furtivamente con grabadoras envejecidas y los videos traspapelados y en peligro de muerte; habrán de aparecer y compartirse, porque el piano de Emiliano Salvador es infinito y cobra vigencia cada día que pasa, sin tiempo ni final.

Agradecimientos a Angélica Salvador, Pablo Milanés, Esteban Insausti y Nancy Pérez Rey.

Emiliano Salvador grabó con el Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC, con Pablo Milanés y con su propio grupo, pero también dejó colaboraciones y trabajos varios. Esta es una selección de lo mejor de su obra inigualable.

Playlist

1. Emiliano Salvador. Voz: Bobby Carcassés - Nueva Visión
00:00:40
2. Emiliano Salvador. Voz: Pablo Milanés - A Puerto Padre
00:06:50
3. Emiliano Salvador - Angélica
00:13:31
4. Emiliano Salvador - Chanomonk
00:18:04
5. Miguelito Cuní, Pablo Milanés y Emiliano Salvador - Deja que siga solo
00:22:17
6. Emiliano Salvador - Poly
00:27:52
7. Emiliano Salvador - Capullito de alelí
00:33:52
8. Emiliano Salvador - Emiliano’s Blues
00:38:44
9. Pablo Milanés y Emiliano Salvador - Convergencia
00:41:56
10. Emiliano Salvador - Stella by Starlight
00:44:36
11. Emiliano Salvador. Coros: Pablo Milanés y Bobby Carcassés - Son 7/4
00:48:26
12. Emiliano Salvador - Una mañana de domingo
00:53:20
13. Emiliano Salvador, Richard Egues, Luis Manresa, Roberto García - Para luego es tarde (directo)
01:01:44
14. Emiliano Salvador y su Grupo - Samba-Conga
01:07:41
15. Emiliano Salvador y su Grupo - Festival en Plaza
01:14:18

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