Grandes Álbumes de la Música Latina
Grandes Álbumes: Clásicos de la provincia
Audiovisión es un set de estudios que había fundado Enrique Gaviria al norte de Bogotá en 1978, con el nombre de Fonovisión, pero en 1988 cambió su razón social y se convirtió en el nicho creativo del Mainstream colombiano. Esos estudios siempre estuvieron pensados para grabaciones de rock y pop. Teto Ocampo le confesaría a la revista Rolling Stone, que eso le parecía buenísimo porque "en Colombia los discos que se producían sonaban horrible, aquí uno compraba el disco de Led Zeppelin y sonaba la mitad de lo que sonaba el disco gringo; yo no entendía por qué era esa vaina. Ahora sé que era por la masterización mal hecha, no tenían a alguien muy sensible con el rock. Aquí se masterizaban los discos de la salsa, y seguro eso se hacía muy bien, pero los del rock no".
Ocampo contaba, además, que: "El productor que trabajaba con él (con Carlos Vives), citó a unos productores para que hicieran una propuesta. A esa reunión asistí, y tenían una lista de 100 vallenatos para que escogiéramos, de ahí escogí "La gota fría" y "Compa'e Chipuco", porque eran las canciones más naturales para mí. Entonces, empecé por hacer una versión nueva de "La gota fría", pensando en lo que ellos necesitaban, con mi bagaje folclórico y rockero. Llamé a Eduardo de Narváez, que era el productor, no esperé nada y le dije: -Eduardo, ya tengo mi versión de la canción-; y me dijo: -Pues, véngase pa’l estudio-. Y entonces yo otra vez salí, me fui pa’l estudio y trabajé en ello un rato, porque realmente fue muy poco tiempo. Puse en una cinta las ideas que tenía en la cabeza... Solo fue que las pusiera y ya empezó a sonar, y ahí Eduardo llamó a Carlos: -Oiga, véngase para que oiga lo que está pasando-. Él fue allá, y ya, ahí quedé. Al día siguiente me habían contratado, no solo para hacer lo que estaba haciendo con "La gota fría", sino para tocar en el grupo.
Eduardo de Narváez contaría a su vez en el programa Una Historia con César, que cuando llegó Teto ya había una costumbre de modernizar el vallenato; lo cual es verdad. El Binomio de Oro ya le había metido bajo eléctrico al vallenato desde 1980 con Alcides Torres, por ejemplo. "Así que cuando se propuso "Clásicos de la provincia", esos instrumentos modernos no les parecieron extraños.... Ya los músicos típicos estaban acostumbrados, era gente que tenía la mente abierta. Teto Ocampo era un guitarrista espectacular, tocaba rock, pero había que verlo tocar el vallenato o lo que fuera... El era un genio musical. Entonces él tenía unos conceptos muy grandes... Entonces siendo tan buenos músicos no fue tan duro unir ambos estilos".
De Narváez hace hincapié en esto por aquella revolución que supuso darle un tratamiento rockero al vallenato, siempre tan inmaculado en su concepción original.
Pero para poderlo explicar habría que intentar definir la figura de Carlos Vives en aquellos años. Antes de 1993 Carlos Vives había grabado tres discos: "Por fuera y por dentro" en 1986, "No podrás escapar de mí" en 1987 y "Al centro de la ciudad" en 1989; además de los dos álbumes de la serie de televisión "Escalona" en 1991, que él mismo había protagonizado junto a Florina Lemaitre. Aquella serie era un musical de Broadway convertido en telenovela, usando como base las creaciones vallenatas de Rafael Escalona. Vives consiguió hacer una interpretación musical brillante y su figura como estrella televisiva, nacida en la telenovela "Gallito Ramírez", poco tiempo atrás, escaló aún más en popularidad. Pero de aquel primer trabajo discográfico del 86, donde estuvo apoyado por grandes figuras del jazz y la salsa (Gabriel Rondón, Eduardo Maya, Ernie Becerra o Pantera García), a "Clásicos de la provincia", había un mundo de por medio. Vives era muy cambiante, a veces tropical, a veces romántico, a veces rockero; y no parecía encontrar su estilo definitivo. En gran medida ayudaba a ello su falta de dedicación exclusiva a la música, que compartía con sus actuaciones en televisión. En realidad, era cuestión de unir caminos. Ya había hecho Pop y ya había hecho vallenato. Tenía dos rutas abiertas.
"Carlos tocaba medio balada, medio Pop", recuerda Eduardo de Narváez. "Cuando hicieron lo de "Escalona", Carlos quería meterle sus cosas; entonces empezó a trabajar con el grupo típico, con Egidio Cuadrado; y estaba su hermano Heberth, y Eder Polo, quienes sí estaban abiertos a meterle cosas nuevas. Así que empezaron a traerle una batería, y contrató a un guitarrista puertorriqueño, y aunque le metieron guitarra y batería, seguía siendo vallenato".
Egidio Cuadrado había aparecido en la escena mucho antes que Vives, concretamente en 1977 con el álbum "Las 2 caras del vallenato". Cuadrado era un absoluto talento del acordeón y había sido Rey Vallenato Aficionado en el Festival de la Leyenda Vallenata de 1973 y Rey Profesional en 1985. Cuadrado grabó cuatro discos en los años 80 junto a Julito Morillo, Iván Villazón, Raul Brito y Freddy Hernández, antes de ser contratado para la telenovela de Caracol Televisión. Cuadrado contaría en una entrevista para el diario El Tiempo: "En una parranda, me dice el doctor (Alfonso) López (expresidente de Colombia y asesor de Caracol para el proyecto): -Egidio, vamos a hacer una novela de Escalona, sobre sus canciones. Me gustaría que tú trabajaras ahí-". Y que cuando el director Sergio Cabrera le pidió que ayudara a Vives con las canciones que no conociese, empezaron a ser amigos y a hacer planes.
De modo que en "Escalona" quedó definido el grupo base: Carlos Vives, voz; Egidio Cuadrado, acordeón; y Heberth Cuadrado, caja; el formato mínimo básico de la música vallenata. Faltaba la parte moderna y aquí viene lo interesante: esa dualidad músico-actor de Vives, hizo que trajera dos personajes que tampoco eran exclusivamente músicos. Primero, el puertorriqueño José Aníbal Rivera, quien oficiaría como guitarrista y como director musical, además de tener un papel de mánager. Y segundo, el caleño Bernardo Ossa, encargado de los teclados, pero quien era también productor y arreglista. Para los coros, fundamentales en el proyecto, acudieron Amparo Sandino, que venía de Compañía Ilimitada; Alexa Hernandez y German Ricardo Hernandez. Por su parte, Ernesto "Teto" Ocampo fue el músico que encadenó ambos estilos, el tradicional y el moderno, en gran medida por su origen costeño, pero sobre todo por su visión global de la música y su interés en los estudios de grabación.
"Clásicos de la provincia" salió al mercado colombiano el 27 de agosto de 1993, prensado por Sonolux, en el debut de Vives con esta firma, pues venía de trabajar con CBS y Sony. Sonolux, nacida en Medellín en 1949, acababa de trasladar sus oficinas y fábrica a Bogotá, y buscaba darle un giro moderno a un catálogo habitualmente tradicional.
Para entonces, yo escribía la sección La Radiola en el diario El Espectador, dedicada a lanzamientos discográficos. De modo que vi la génesis del proyecto, pero sobre todo percibí de cerca el impacto de la producción, y al igual que todos los periodistas que cubríamos música en aquel 1993, fui invadido por la música vallenata. Fue un suceso, un fenómeno social que abarcó radio, televisión, discotecas y espacios de concierto, de la misma forma que había sucedido con el merengue diez años antes y con la salsa quince años atrás.
Sin embargo, hubo crítica, y muy dura: qué cómo era posible tratar el vallenato así, que estaban tergiversando el vallenato, que el paseo ya no ofrecía poesía, que eso era música de telenovela, que eso era pura Coca Cola y nada de ron, que esos músicos eran unos vendidos a la industria, que Carlos Vives no era cantante de tradición, que un niño bonito no representaba al pueblo... Y demás, y demás.
Es curioso, pero hay algo que identifica a casi todos los discos que Gladys Palmera ha incluido en esta serie Grandes Álbumes de la Música Latina: la incomprensión. "Libertango" era un asesinato de la música, “Siembra" tenía canciones innecesariamente largas, "La casa del ritmo" carecía de sabor y tumbao, "Mi tierra" era una rabieta contra Cuba y "Clásicos de la provincia" era vallenato Light. En fin. Muchas veces los periodistas nos aferramos a conceptos que, en teoría, son muy válidos: pureza, esencia, entrega, pasión, sabrosura; y solo certificamos aquellos trabajos experimentales y novedosos cuando cumplen con esos preceptos. De tal forma, dejamos a un lado el aspecto juvenil, lo cambiante del mundo, la variedad de pensamiento, los matices sociales, los avances tecnológicos, y, sobre todo, las mezclas, las fusiones, la integración de mentalidades, estilos y épocas.
Escribía yo entonces: El disco "Clásicos de la provincia", de Carlos Vives y Egidio Cuadrado, ha revivido ese viejo amor colombiano por la música vallenata que permanecía escondido. Por encima de las críticas al concepto musical esbozado en la obra, cada uno de los temas allí cantados tiene una historia muy precisa y atrayente, basada en ese viejo estilo vallenato y caribeño de entablar diálogos con frases y toques de acordeón. Esos son los cantos de piquería o controversias y estas son algunas de sus historias (y hablaba de cada canción).
Y en otra columna posterior escribía:
Carlos Vives ha mostrado su cara amable. Con bluejeans de tiras de cuero negro y camiseta, con guitarra terciada, mochila indígena y melena de rockero, Vives se paseó por toda Colombia durante las últimas semanas, llenando escenarios y mostrándose simpático. "Vives es un tipo chévere", comentó alguien y todos a su alrededor reafirmaron el concepto. Vives vive de su imagen llena de frescura y cheveridad.
No hay manera de discutirlo. El atractivo de Vives comienza en su imagen. Es imposible dudar de su "buena pinta" y temperamento jovial. Es el típico muchacho de buena familia, como dicen las abuelas, y el clásico chico carismático, como dicen las mamás. Además, posee el apoyo extra de sus trabajos para la televisión que, con excepción de lo hecho en Puerto Rico, siempre lo mostraron como el tipo chévere que es...
La grabación de "Escalona" le permitió hacer también una banda sonora que se convirtió en un éxito de ventas en Colombia y en los países donde fue exportada la serie. Por eso salió un nuevo disco que puso a Vives a pensar en la posibilidad de seguir en esa línea de trabajo. Cuando todo indicaba que las cosas marchaban a pedir de boca, vino su intención de hacer el exótico programa "La Tele" y allí entró en conflicto con Caracol Televisión.
La ruptura de relaciones dio al traste con las intenciones de Sony Music. La ruptura de relaciones le permitió a Vives tocar otras puertas y estas se abrieron en RCN. "La Tele" fue aceptada y un viejo proyecto musical también. La grabación del disco "Clásicos de la provincia" no podía tener otro respaldo que Sonolux, empresa que, como RCN, pertenece también al grupo Ardila Lule. Allí comenzó a cuajarse el fenómeno musical que hoy se vive en el país...
El vallenato había perdido respeto entre el público. Su aire de ese factor llamado "corronchería", no permitió que durante diez años volviera a surgir con fuerza en el interior del país. La serie "Escalona", si bien ayudó a mostrar lo tradicional del género, no alcanzó a meterse en las ciudades andinas con la fuerza de este nuevo trabajo. Eso era evidente para el propio Vives y notorio para los empresarios de las casas disqueras. Por eso se dice que quienes más han lamentado el cambio empresarial de Vives fueron los representantes de Sony Music, con quienes había grabado los dos discos de "Escalona".
El disco "Clásicos de la provincia" mostró que el vallenato podía dejar de ser un terreno vetado para el interior y alcanzar un status, en lo que volvió a ayudar la imagen de chico bien de Vives. Siendo éste un músico aceptado por todas las clases sociales...
Sonolux realizó un sondeo entre los comercializadores de discos del país con dos meses de anticipación. Preguntas como ¿Ya escucharon el último disco de Carlos Vives?, dejaron al medio discográfico en alerta roja. Cuando se hizo el lanzamiento todos lo estaban esperando y al día siguiente los almacenes no daban abasto de pedidos. "Clásicos de la provincia" se convirtió en un clásico de la noche a la mañana...
Pero... "Clásicos de la provincia" es un comienzo, no un punto final.
"La tierra del olvido" confirmaría dos más tarde aquella percepción.
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