Grandes Álbumes de la Música Latina

Un programa de José Arteaga
Leonardo Favio

Grandes Álbumes: Fuiste Mía Un Verano

17 de diciembre de 2025

LEONARDO FAVIO - FUISTE MÍA UN VERANO (CBS, 1968)

Había una vez un cineasta que quiso ser músico. No era la primera vez y tampoco será la última. Se trata de una decisión que sólo pueden tomar las personas renacentistas, aquellas que tienen el suficiente talento para brillar en una y otra disciplina. Leonardo Favio tomó esa decisión en 1968 por una serie de factores que se cruzaron en ese momento y porque a juicio de su impulsor, Vico Berti: "la sensibilidad de Leonardo abarcaba todo". Claro, las cosas no nacen así como así. El ya era músico, ya cantaba, ya tocaba, ya componía, pero cuando se organizaron las canciones del álbum "Fuiste mía un verano", ese músico natural pasó a ser una estrella brillante, rutilante, y sobre todo, diferente. "Fuiste mía un verano" cambió la música romántica latina porque hizo que los diálogos del cine y otras técnicas del séptimo arte entraran en la canción. Fue el renacimiento de la balada.

La demostración de todo esto está en los títulos de las canciones incluidas. Títulos larguísimos, como si fuesen trozos de poemas puestos allí. Y en realidad eran relatos, poesías recitadas con un fondo musical. Todas tenían una introducción que envolvía al oyente en una suerte de conversación con el artista, logrando que el público se sintiera receptor de una confesión. En otras palabras, un álbum de música alternativa, que transitaba sobre la balada romántica, pero con entradas y salidas hacia el tratamiento sinfónico y hacia la interpretación folclórica.

La canción que abre el disco tiene un título que lo explica todo: "Así es Carolita... (con suficiente folklore como para que también la conozcan los turistas)". Comienza en balada y acaba en zamba. Las siguientes siguen esa forma tan peculiar de titular: "Amanecer y la espera", "Ella... ella ya me olvidó, yo la recuerdo ahora", "Ni el clavel, ni la rosa", hasta llegar a la que da título al álbum: "Fuiste mía un verano". 

Sobre ésta, contaba Favio, con una sonrisa en los labios, en el programa Siempre Lunes de la televisión chilena: "Lo que es el destino. Si esa mujer ese día hubiera dicho que sí, yo no hubiera tenido motivo para hacer la canción, hubiera perdido un montón de plata". Se refiere al momento en que conoció a su pareja de entonces, a su compañera de grabación, a su segunda esposa, al amor de su vida, Zulema Carolina Leyton. Ese encuentro ocurrió en septiembre de 1967 en la confitería del Jockey Club de la calle Florida de Buenos Aires. "Yo estaba en el bar, me miró al pasar. Yo le sonreí y le quise hablar".

Pero Favio estaba entonces entregado al cine y era reconocido en ese mundillo. Su pasión era el cine. En 1958 rodó el corto "El señor Fernández" y en 1964 estrenó el largometraje "Crónica de un niño solo". Estaba casado con la actriz María Varner y ambos eran militantes peronistas. Pero la relación comenzaba a deteriorarse hasta una separación que lo afectó y cuyos efectos quiso evadir componiendo y cantando. Así fue como empezó a rondar La Botica del Ángel, un espacio cultural y reducto de la bohemia creado por Eduardo Bergara Leumann

Allí fue que el músico Vico Berti descubrió el talento musical de Leonardo Favio y quedó impactado. Y aunque ya lo conocía como cineasta, se le acercó y le dijo: "Vos estás para más". Y lo impulsó a hacer una gira por la provincia de Buenos Aires, a ensayar con otros músicos, y a adaptar a su estilo dos canciones suyas: "Quiero la libertad" y "Me siento libre", según le contó Favio a su biógrafa Adriana Schettini.

Berti le presentó a John Lear, el hombre fuerte de la CBS argentina, quien le pidió que improvisara algo. Lo hizo, y Lear aceptó grabar los dos temas de Berti en un Single. "Logró el mismo éxito como fracaso que mis anteriores presentaciones personales, porque el disco no lo compró nadie. Uno me lo llevé yo, otro se lo quedó Vico Berti y el otro se lo regalé a mi mamá", contó Favio. Berti insistió ante Lear, esta vez con la canción "Fuiste mía un verano", cuya letra le había pasado Favio y que él había arreglado, transformándola. Así que Lear hizo la apuesta fuerte y puso al servicio del artista una orquesta dirigida por Mario Consentino, todo un especialista en dirección sinfónica y orquestación de jazz, y por pura casualidad a Cacho Tirao, un niño genio de la guitarra, que se estaba dando a conocer.

Cuando el disco llegó al mercado se desató la locura. "Ahí nos tocó Dios", decía Favio. "porque eso fue un éxito fuera de lo común. En aquella época, éste fue el disco, en proporción, de mayor éxito en el mundo de habla hispana. Nunca se había vendido, hasta ese momento, una cifra igual en tan breve lapso. Tuvieron que unirse para prensar los discos que yo grabé, la CBS y la RCA. Acá se dobló la venta de tocadiscos a raíz de las enormes ventas de mi disco".

Sí, fue la locura, pero en ello intervinieron dos factores: su estilo y un festival.

Su estilo era, ante todo, balada romántica, que bien podría definirse como canción melódica con influencias de la chansón francesa y la canzone italiana, y que incluía elementos del rock and roll. A nivel visual, lo importante era la figura del artista, y al ser de corte juvenil, el prototipo en las actuaciones era Elvis Presley. Por eso, varios de los intérpretes de balada en Argentina llegaron del rockabilly y la llamada música yeyé; es decir, del rock local. Entre estos estaban Sandro, Leo Dan, Palito Ortega y Leonardo Favio.

Cada uno de ellos, a su vez, tenía un estilo particular. El de Favio, siempre navegando a contracorriente, era el de evitar la figura de Presley y seguir más la línea tipo Crooner de Frank Sinatra. No era una cuestión de preferir el Vocal Jazz al Rock, sino de manejar con mayor atención su tesitura vocal de barítono. Favio era un poeta que decía cosas, a diferencia de Sandro, que mostraba cosas. Sinatra había dominado la música popular americana durante décadas gracias a ese tono vocal y a su perfecta dicción. Favio quería hacer lo mismo... y lo consiguió.

En la contracarátula del álbum se citan sus palabras: "(La música) es una forma de expresión más directa que me pone en contacto cotidiano con el público".

Pero cuando haces parte de una generación brillante en un género musical de moda, corres siempre el riesgo de perderte por el camino. Por eso fue definitiva la invitación que le hicieron los organizadores del Festival Internacional de la Canción de Viña del Mar, el famoso certamen de la región de Valparaíso en Chile. 

Era importantísimo, tanto como el Festival de la OTI que se transmitía a todos los países iberoamericanos. Leonardo Favio participó como invitado, pues, abriendo el certamen de 1969, en un show transmitido por el Canal 13. Viña del Mar, presentado por César Antonio Santis y Laura Gudack, era sin duda un pasaporte a la fama. En esa edición, que duró 14 días, estuvieron también Julio Iglesias, Jimmy Cliff y Gloria Simonetti, que ganó la competencia internacional.

Hay un factor adicional, que explicaría el propio Favio: "Cuando salió el Long Play de "Fuiste mía un verano" fue una sorpresa... Creo que el secreto de esa canción es que por primera vez se habla de 'vos' y no de 'tú'. Se incorpora la palabra 'piba' en la balada, se incorpora el lenguaje argentino". Berti explica a su vez que era la primera vez que lo popular y lo intelectual coincidían.

¿Y las demás canciones?

"No ser Dios y cuidarlos" tuvo un arreglo soberbio del bandoneonista Jacko Zeller (Jacobo Zellermeier), quien trabajaba para la CBS, y que la planteó en dos Tempos, terminando con el órgano de una iglesia. "Para saber como es la soledad" fue la única no escrita por Favio, sino por Luis Alberto Finta y Edelmiro Molinari, y que el artista quiso resaltar en la contracarátula. Y la última, "O quizás simplemente te regale una rosa" la cantó con su amada Carola.

Leonardo Favio siempre confesó que "O quizás simplemente te regale una rosa" era su canción predilecta y que nació un amanecer a las 4 de la mañana, pero que su bautismo lo tuvo en Chile. "Era una época muy dura para mí porque andaba mal del bolsillo, que es la víscera más sensible que tiene el hombre, pero a partir de Viña del Mar, esta canción produjo el milagro de hacer de los aviones una rara alfombra mágica que me permitió viajar por todos los países de habla hispana".

El hito de "Fuiste mía un verano" fue difícilmente superado. Su evolución en cifras fue increíble: de 600 mil copias en un mes, a millón y medio en un año. Un fenómeno reeditado sucesivamente en todos los países de habla hispana y convertido en disco de culto por sus fanáticos incondicionales. Pero el éxito lo apabulló al comienzo. Su carácter explosivo se fue al traste encerrándose meses en su apartamento. Luego volvió a la música, pero sobre todo, volvió al cine y nunca lo abandonó.

Playlist

1. Leonardo Favio - Así es Carolita... (con suficiente folklore como para que también la conozcan los turistas)
00:17
2. Leonardo Favio - Amanecer y la espera
05:12
3. Leonardo Favio - Ella... ella ya me olvidó, yo la recuerdo ahora
08:50
4. Leonardo Favio - Ni el clavel, ni la rosa
12:30
5. Leonardo Favio - Fuiste mía un verano
15:53
6. Leonardo Favio - No ser Dios y cuidarlos
18:43
7. Leonardo Favio - Quiero aprender de memoria
22:29
8. Leonardo Favio - Para saber como es la soledad
25:50
9. Leonardo Favio - Anny
28:38
10. Leonardo Favio - Alguna vez una canción (qué tal?)
31:28
11. Leonardo Favio - O quizás simplemente te regale una rosa
34:59

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