Grandes Álbumes de la Música Latina

Un programa de José Arteaga
Violeta Parra

Grandes Álbumes: Las Últimas Composiciones

12 de diciembre de 2025

 VIOLETA PARRA – LAS ÚLTIMAS COMPOSICIONES (RCA Victor, 1966)

Cuando un artista muere en plenitud de su carrera, permanece joven para siempre. Su imagen no envejece y su música tampoco. Al convertirse en leyenda, sus canciones pasan de generación en generación representando los sentimientos juveniles. Es el caso de varias mujeres latinas: Selena murió a los 23, Freddy murió a los 26, Elis Regina murió a los 36, Lucha Reyes murió a los 38, Violeta Parra murió a los 49 años. Pero esta última dejó un testamento, una selección de canciones inolvidables que han sido memorizadas por millones de personas, y que ella, justo antes de su decisión de morir, tituló en uno de los grandes álbumes de la historia latina, "Las Últimas Composiciones". Y entre éstas una oda a lo que dejó atrás, sin giras y sin reediciones, "Gracias a la vida que me ha dado tanto".

Hay algo en el interior de estos artistas que los hace mostrar en sus canciones el lado bueno de la vida, aunque lleven unos mismos una vida llena de pesadumbre y tragedia. Violeta Parra escribió "Gracias a la vida" en mayo de 1966, estando en La Paz, y es un canto a la familia, al hogar, a las vivencias cotidianas, y al amor. "Me dio dos luceros" es una referencia a los dos hijos, Isabel y Ángel, que tuvo con Luis Cereceda; y "en las multitudes el hombre que yo amo" es una referencia a su romance de entonces, Gilbert Favre.

La relación de la cantante chilena Parra y el antropólogo suizo Favre fue intensa y llena de estadios felices y tristes en Ginebra y París, donde vivieron, antes de irse a Santiago. Viajando entre Chile y Bolivia Favre se entregó de lleno a la música folclórica con el grupo Los Jairas, y ese fue el punto de inflexión que los separó. El a Bolivia y ella a Chile, y ella dedicándole una canción que se incluyó en este álbum, "Run Run se fue pa'l norte": "A los tres días, carta, con letra de coral. Me dice que su viaje se alarga más y más".

Pero esta historia de amor se convierte en novela. Favre se casa en Bolivia con la artista pictórica Indiana Reque Terán, y Violeta, que no lo sabe, viaja a La Paz en busca de Favre. Frustrada, coge la guitarra y escribe "Maldigo del alto cielo": "maldigo los estatutos del tiempo con sus bochornos". Pero al mismo tiempo, coge un charango y escribe "Gracias a la vida": "Me ha dado la risa y me ha dado el llanto".

En medio de esa novela y de esa vorágine de sentimientos, Violeta Parra quiere desligarse de gran parte de su pasado, y ello implica cambiar de casa discográfica. Hasta ese momento su sello era EMI Odeón. Es más, el álbum iba a ser grabado por Odeón, pues ella había cantado "Gracias a la vida" en una audición privada para Rubén Nouzeilles, gerente de la firma, y éste se mostró complacido, a pesar de notar una tristeza especial en su interpretación. Al final, pudo más su temperamento y su deseo de liberación y Parra se propuso buscar una disquera nueva.

Imbuida por su peculiar temperamento, Violeta se dirigió a la Corporación de Radio de Chile, representante de la RCA Victor, y le contó su proyecto al gerente Salvador Fernández. Por supuesto, éste aceptó encantado. De milagro Rubén Nouzeilles no la demandó por cambiar de sello, debido al aprecio que sentía por ella, según diría.

La verdad es que Parra pudo haberse decantado por la casa Demon, del productor independiente Camilo Fernández, pues incluso su hijo había grabado allí; pero seguir en las Majors era vital para dar a conocer sus mensajes. Lo que sí hizo Violeta, en compañía de Isabel, fue grabar un Single de 7 pulgadas para Demon: "Ven acá regalo mío / En los altos de Colombia", justo antes del álbum con RCA.
 
Ahora bien, situémonos en el Chile de 1966. El Gobierno del demócrata-cristiano Eduardo Frei era idóneo para que convivieran industria privada y canto social reivindicativo. El fortalecimiento de una sociedad anónima como la Corporación de Radio de Chile, iba de la mano del combate al analfabetismo y el incremento de la educación científico-humanista. 

El alcalde de la comuna La Reina, al nororiente de Santiago, Fernando Castillo Velasco, cedió unos terrenos en el Parque La Quintralla. Allí ella levantó un centro cultural que denominó La Carpa, al estilo de los viejos circo-teatros ambulantes donde diversos músicos y comediantes recorrieran pueblos mostrando su arte. Parra la denominaría "Universidad Nacional del Folclore". Fue un momento en tanto ella como sus hijos Isabel y Ángel aglutinaban a todos los cantautores de la ciudad en peñas y espacios de tertulia y concierto; algo que con el paso de los años se convertiría en la Nueva Canción Chilena.

Un día a La Carpa llegó el músico uruguayo Alberto (Giménez) Zapicán, con una mano adelante y otra atrás, y nada más que su destreza sonora para mostrar. Se dice que Parra no fue muy cordial con el reciente llegado, pero aún así aceptó que trabajara allí a cambio de cama y comida. Zapicán hacía de todo, pero Parra lo escuchó tocar el bombo y quedó encandilada. Ese fue el momento en que el disco que tenía en la cabeza tomó forma definitiva. 

Una a una, como si de una tejedora se tratase (en realidad lo era), colocó las canciones en el orden que consideraba más didáctico y emotivo. El álbum se planteó como un recorrido por la música chilena de sur a norte: rines, danzas, refalosas, huaynos, canciones, cuecas, mazurkas, sirillas, lamentos y danzas araucanas. Todo un país ancestral e indígena, atacameño, aymara, chango, colla, diaguita, kawestar, mapuche, quechua, rapanui y yagán, metido en 14 canciones.

Desde el comienzo los músicos acompañantes iban a ser sus hijos Isabel y Ángel, pero la atracción que sintió por el estilo percutivo de Zapicán, hizo que las canciones tuvieran el respaldo de guitarra, guitarrilla (que era en realidad un cuatro venezolano), charango y bombo. Ahora sólo quedaba resolver el tema de la casa discográfica.

El disco se grabó en los estudios de la RCA con Luis Torrejón como ingeniero de sonido. Como era habitual su primera versión fue monofónico, es decir por un solo canal. 

"Violeta era una mujer muy sencilla", contó Torrejón en los Cuadernos de Musicología. Una mujer de un carácter muy introvertido, que tenía muchas amarguras adentro, una cosa explosiva. Ahora, yo lo entiendo, porque es la típica persona creativa, es una tremenda pero tremenda compositora, una mujer que creaba... Ella entraba al estudio y me decía 'Luchito, aquí vengo'".

Esta percepción coincide con la del ingeniero de sonido José Soler, quien la grabó en EMI Odeón y que la recordaba "bastante seria, segura de sí misma, pero por sobre todo, triste". Soler y todas las personas que participaron en las grabaciones de la artista, coinciden en afirmar que ella dominaba todo el espectro sonoro, desde lo exclusivamente armónico a lo temporal, pasando por las entonaciones, énfasis y frases dignas de un recital poético. Parra no solía equivocarse y apenas necesitaba de una versión antes de grabar la definitiva.

En el álbum, ella interpretó el charango que le había regalado Ernesto Cavour cuando se separó de Favre, y la guitarrilla que había adquirido tres años atrás a su paso por Caracas. Cantó todos los temas, pero cuatro de estos ("Maldigo del alto cielo", "Pupila de águila", "La cueca de los poetas" y "Una copla me ha cantado") a dúo con Zapicán.

Y entonces llegó el turno de "Gracias a la vida", que Violeta Parra grabó sola... O mejor, la dejaron sola porque sus hijos y Zapicán se pusieron a pelear. "Yo intentaba administrarlos a todos, pero no, era una tendencia enojarse", relataba Torrejón, quien les decía: "Oye, tenemos que sacarle partido a esto, por favor'... Los últimos los grabó ella sola porque los tipos no querían venir".

Lo cierto es que al álbum, en cuya foto de carátula salió solamente ella con su charango, se le puso por título "Las Últimas Composiciones de Violeta Parra", entendiendo la palabra último como lo más nuevo, lo más reciente. Y fue todo un suceso, primero entre las comunas de Santiago, luego en todo el país, más tarde en Alemania y Francia. Tanto, que se hizo una reedición casi enseguida, incluyendo una hoja con las letras de las canciones.

Lo que nadie esperaba es lo que sucedió después.

Violeta del Carmen Parra Sandoval puso fin a su vida en la tarde del 5 de febrero de 1967. Se disparó estando en La Carpa tras, al menos tres intentos de suicidio en fechas anteriores. Ella quería morir a toda costa, aunque Zapicán se lo impidiera en alguna ocasión. 

Su paso a la leyenda fue inmediato; su muerte aceleró el nacimiento de la Nueva Canción Chilena; su memoria se convirtió en mausoleo, museo y fundación; su canto fue politizado y transformado en estandarte de una lucha social. El álbum "Las Últimas Composiciones", ya en Stereo, sería reeditado cientos de veces a partir de 1970, y la canción "Gracias a la vida" sería popularizada en otras latitudes por Mercedes Sosa en 1971 y en Estados Unidos por Joan Báez en 1974. Su abrupto adiós llenaría de tristeza y melancolía uno de los más bellos cantos a la vida que se hayan escrito jamás.

Playlist

1. Violeta Parra - Gracias a la vida
00:16
2. Violeta Parra - El "Albertio"
04:45
3. Violeta Parra - Cantores que reflexionan
06:48
4. Violeta Parra - Pupila de águila
09:09
5. Violeta Parra - Run Run se fue pa'l norte
12:16
6. Violeta Parra - Maldigo del alto cielo
16:09
7. Violeta Parra - La cueca de los poetas
20:00
8. Violeta Parra - Mazurquica modernica
21:40
9. Violeta Parra - Volver a los 17
23:56
10. Violeta Parra - Rin del angelito
27:59
11. Violeta Parra - Una copla me ha cantado
29:58
12. Violeta Parra - El guillatun
33:43
13. Violeta Parra - Pastelero a tus pasteles
36:04
14. Violeta Parra - De cuerpo entero
37:52

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