A Maité que la dejen así
Una lectura del álbum Déjame Así de la trompetista colombo-holandesa Maite Hontelé. Viajes, festivales, encuentros, vinilos proyecciones.
Maite Hontelé es hija de un melómano, Michaël, un holandés alto y rubio perdidamente enamorado de la salsa, que a comienzos de siglo XXI se la pasaba metido en el club Paramigente de la calle Bolívar en la parte alta de Barcelona. 
Michael gozaba como un enano con las descargas que se armaban en aquel lugar después de las dos de la mañana y a las que acudían todos los músicos latinos de la ciudad. Una noche llegó acompañado de su hija, rubia rubísima a la que le brillaron los ojos cuando sacó su trompeta y se acercó al grupo de músicos sobre el tablado.
No era fácil improvisar en medio de aquel grupo dirigido por Paco y conformado en su mayoría por músicos cubanos radicados en Barcelona. Los cubanos tendían a ser un tanto excluyentes y generaban una especie de “vacío” a quienes no eran de la partida habitual. Pero ella estaba encantada y era imparable, y además llamaba la atención su belleza y su color de piel entre tanto mulato rumbero. Y tocaba bien, la verdad es que tocaba muy bien.
Pasó el tiempo y Maite siguió estudiando música, regresó a Holanda y se sumergió en la cultura salsera de los Países Bajos, siempre llena de intercambios y novedades latinas. Holanda es para la salsa la tierra de Jan Laurents Hartong y Nueva Manteca, de Arthur Schmidt y Salsaya, de Lucas Van Merwijk y su big band, de Nils Fischer y su Timbazo, pero también de la sabrosa escuela que creó Edy Martínez, de los múltiples proyectos de Gerardo Rosales, y de una incombustible orquesta llamada Rumbatá. Todo ello en medio de la noche de Amsterdam y de las academias de música de Rotterdam.
Paramigente dejó de existir y la salsa en Barcelona adquirió otra dinámica, Michaël siguió “rumbeando” y de Maite no se volvió a saber hasta 2008. Había conocido a Juancho Valencia y se iba a vivir a Medellín. Desconozco las circunstancias de aquel encuentro, pero a partir de entonces se convirtió en otra Maite, la mona, en otro ambiente, con otra gente y con un cúmulo de ideas. Valencia sería el encargado de ponerlas en su sitio.
Juancho Valencia también es hijo de un melómano, Luis Fernando Valencia, El Vale, un paisa encantador y de bigote, gran coleccionista y que del brazo de su esposa Gilma se iba a tirar paso a Convergencia y Rumbantana, y en las noches de luna llena se convertían en fabulosos bailadores de mambo. Juancho fue niño genio y llegó a ser el pianista más brillante de su generación antes de crear una sorprendente banda de trópico-alternativo o cumbia-jazz-humor-fusion llamada Puerto Candelaria.
También creó Merlín Studios Producciones con otro talentoso, Gabriel Vallejo, y en esos estudios se metió Maite pero no a descargar sino a interpretar sus propias ideas. De allí salió Llegó la Mona, pequeña producción en la que destacaba el clásico (de La Provincia) Pa’Maité, llevando a la salsa la popular creación de Iván Benavides y Teto Ocampo. Luego apareció el álbum Mujer Sonora, y en este el son Charanga pa’ Maite, muy en la onda de la salsa sonera que tanto le gusta.
Pero este estilo que ha ido perfeccionando, no es gratuito. Cada quien conoce sus límites, y la lírica y el manejo de los tonos de Maite es más propicio para sonidos tipo SAR que tipo Fania. Ella lo denomina The New Sound of Old School Salsa y uno de los temas que mejor controla, aunque nunca lo ha grabado, es Cuba Linda, interpretado en su momento en los estudios de Radio Gladys Palmera en Barcelona.
Su reciente álbum se titula Déjame Así y salió en Colombia en 2013 únicamente en CD, pero ahora lo lanza en Europa con una edición en LP fabricado por la firma holandesa Record Industry.
En Déjame Así ese tono sonero de Maite se ha perfeccionado y lo expone en ocho temas (bueno, en realidad siete) producidos en Merlín, pero grabados en Caracas y Madrid además de Medellín. La razón de esta triangulación de ciudades es la lista de invitados que incluyen al bajista y cantante cubano Alaín Pérez, residente en España, y al sonero venezolano Oscar de León.
Pérez interpreta el son Que Bonito, composición de Valencia, mientras que De León se entrega a un bolero histórico de Pedro Flores, Perdón, con versiones legendarias en su haber como la de Pedro Vargas & Benny Moré.
Las composiciones de Valencia suelen recurrir a acordes que hacen parte de la memoria colectiva de los salseros: Déjame Así, por ejemplo, o Yo No Sé, aunque este último es un manifiesto acercamiento al tratamiento de trompetas que tiene la salsa de Puerto Rico, un estilo de toque pausado y lírico, una especie de sonido cool-jazz matizado con new age y representado en la música de Perico Ortíz, Humberto Ramírez, Orlando Pabellón, Charlie Sepúlveda y las trompetas de la Sonora Ponceña.
Parecería entonces que Yo No Sé es el tema ideal de Maite. Pero mira tu por donde, el porro Juanita Bonita le sienta divinamente a este estilo cálido tan suyo. De ello tiene culpa el bonito arreglo de Juancho Valencia, quien parece haber escogido como referencia la versión popular de Billo’s Caracas Boys, típica de las fiestas de club, antes que la más pausada de Edmundo Arias. Se nota en ello todo el pasado de rumbita paisa charladita, aunque con un claro acento jazz en el piano.
El disco cierra con Mañana, una variación del clásico de Tito Puente Cuando Te Vea. Descarga instrumental + coro en dos tiempos que confirma una impresión inicial: hay poco protagonismo de Maite en todo el álbum, algo muy curioso pues los trompetistas suelen ser dados a explotar sus virtudes con solos en cada una de las canciones que graban. Maite deja que el conjunto brille, quizás porque lo que la mueve es el sonido de bloque, o quizás porque no se atreve a dar un paso más allá. En todo caso no es un defecto, es una forma de ser.












