Rosario García Orellana

Ernesto Lecuona la escuchó cantar y sintió que tenía ante él a un pequeño ruiseñor. Estaba tan estremecido que le escribió una canción para que todos escucharan a aquella ave tan joven e inocente que se llamaba Rosario García Orellana, y fue desde entonces uno de los puntales de su carrera.

Fue un obsequio del Maestro, que regalaba su emoción cuando se sentía conmovido. La misma Rosario lo contó en una carta: “Me hizo hacer un trino en mi-fa sobreagudo, y de ahí surgió “Escucha al ruiseñor”, que Lecuona escribió para mí. Estrené la canción en el Teatro Payret el 3 de mayo de 1930, y gustó tanto al público que tuve que repetirla. Después la canté muchas veces en la radio y en los teatros, y tuve el honor de ser acompañada por él en distintas ocasiones”.

Ernesto Lecuona describió su voz de esta manera: “Voz extensa, bien timbrada y linda; cuadratura y musicalidad perfectas. Y un temperamento exquisito. Lo tiene todo para triunfar”. El tema invita y convence:

Escucha al ruiseñor, su suave murmurar, / y su dulce trinar,
escucha su cantar que alegra el corazón….
Su canto hace nacer en su alma la pasión
su canto llenará, su alma de ilusión, / y volverá el amor.
Canta tú, ruiseñor, la canción del amor…y pasión.

Había nacido en Madrid el 2 de octubre de 1905, hija de madre española y padre cubano. La familia se trasladó a Cuba cuando Rosario tenía dos años. Tiene rostro angelical en las fotos, y se le nota fuerza y a la vez una gran timidez que tuvo que vencer para debutar en los salones del Diario de la Marina, en un homenaje al pintor Ignacio Zuloaga, el 27 de mayo de 1925.

Su padre fue su primer maestro y guía. Era arquitecto, pianista y profesor de música. Se llamaba Manuel García Infanzón, y casi que la obligaba a cantar frente a bodegueros y carteros, y a todos los que les visitaran. Solamente así fue despertando aquel ruiseñor que tenía una voz de cristal que emocionaba y estremecía.

Hay que escucharla en su versión del tema más famoso de Eduardo Sánchez de Fuentes, esa habanera titulada :

En Cuba, / la isla hermosa del ardiente sol
bajo su cielo azul / adorable trigueña
de todas sus flores / la reina eres tú.

Dicen los que le han escuchado antes en este Teatro Martí donde Rosario volverá a cantar esta noche que su rostro se ilumina de rubor cuando canta esa habanera, porque parece que cuando dice “tú” está hablando de ella misma, una flor hermosa y frágil. Un ruiseñor.

Todo a su alrededor parece brillar, pero es ella la que emite esa luz. La inauguración del Teatro Martí, con el nombre de Irijoa, sería el 8 de junio de 1884, y alcanzó más tarde una gran aceptación popular por su programación de obras del teatro bufo cubano. Todo su interior respira una armonía que hace juego con la elegancia de Rosario, con columnas de hierro fundido, pisos de mármol, alfombras, cortinas, espejos y lunetas de hierro.

Allí se luce Rosario García Orellana esta noche de 1931. Pronto viajará a New York, porque el tenor mexicano José Mojica, que había quedado prendado de ella, consiguió que la Víctor le grabara. Allí dejará plasmada su voz con piezas como Escucha al ruiseñor, la habanera y esta Flor del yumurí, con letra del poeta Gustavo Sánchez Galarraga y música de Jorge Anckermann que dice:

Flor de Yucayo, la bella, / al nacer me ha copiado / Yumurí en su cristal.
Es ese río el espejo / donde ansío mi rostro / por siempre reflejar.
Ven, oh, mi amor, a la orilla / de este río de oro
con tus flechas y con tu caney.

Esta noche Rosario hace un repaso de todos los temas que integran ya su repertorio, entre las que, por infinita suerte, hay algunas del gran Lecuona. Ella contó cómo empezó aquella amistad, su cercanía con el Maestro: “Fui presentada a Ernesto Lecuona cuando sus hermanas Elisa y Ernestina me llevaron a su casa, donde conocí a su mamá. Allí, Lecuona me propuso una tournée por Oriente, y el 11 de diciembre de 1929 salimos para Santiago de Cuba. Debuté el 13 del mismo mes en el Teatro Vista Alegre. La presentación era muy buena, con dos grandes pianos y el acompañamiento de Ernesto y Ernestina… El Canto indio me lo enseñó Lecuona tarareándomelo, en el tren, y así lo aprendí y lo canté: sin ensayo”.

Ahora comienza a cantarlo aquí, aprovechando que en este teatro la ventilación y la acústica son excelentes. El tema dice:

Hubo una vez / una princesa divina oriental / que prendada quedó
de un servidor / de su corte gentil.
Mas el rey ordenó / segura muerte al esclavo infeliz / y la pobre princesa
llora su amor en este cantar.

Lecuona lo había dicho, al ruiseñor cubano le esperaban muchísimas cosas buenas en el futuro. Hoy nadie lo sabe, pero la miran extasiados y su voz los transporta al cielo, a un cielo que está sobre La Habana, pero que no es de aquí, sino uno más amplio, profundo y extenso en su azul.

Viajará a los Estados Unidos y probará suerte en el Bel Canto, como ha hecho acá en algunas zarzuelas. “El 25 de noviembre de 1933, el New York Times exhibió el siguiente titular: Diva cubana triunfa en la ópera. Rosario García Orellana hizo un brillante debut en el Hipódromo en el papel de ‘Gilda’, en “Rigoletto”, ante una audiencia integrada por 4.000 personas. Tuvo cinco llamadas a escena”.

Serán muchos sus logros, inolvidables sus actuaciones por el mundo. La prensa anotó algunas, para rescatarla luego del olvido: “Los éxitos en Nueva York se fueron multiplicando. En 1942, actuó junto a Carmen Amaya, y tan pronto ofrecía un recital dedicado a Schubert como se presentaba junto a Juan Arvizu o acompañada al piano por María Grever. En 1944 se presentó en el City Center de Nueva York junto al Ballet Russe de Montecarlo”.

Una nota describe así cómo fue desapareciendo de la vista del público: “Pero la artista, de sólida formación religiosa, comenzó a encontrarse más a gusto en ambientes menos mundanos y a cantar, cada vez con más frecuencia, en las iglesias. Acabaría ingresando en la Venerable Orden Tercera de San Francisco de Asís en 1961”. Murió en Nueva York el 3 de noviembre de 1997.

Quienes la han escuchado esta noche, jamás la olvidarán. Recorrerán las calles de esta Habana cantando, como ella:

María Belén Chacón / después de la traición / dichoso no será
nunca más, ya tu corazón.

Ernesto Lecuona describió su voz de esta manera: “Voz extensa, bien timbrada y linda; cuadratura y musicalidad perfectas. Y un temperamento exquisito. Lo tiene todo para triunfar”. 

Playlist

1. Rosario García Orellana - Escucha al ruiseñor (Ernesto Lecuona)
00:00:11
2. Rosario García Orellana - Habanera Tú (Eduardo Sánchez de Fuentes)
00:03:30
3. Rosario García Orellana - Flor de yumurí (Gustavo Sánchez y Jorge Ackermann)
00:06:16
4. Rosario García Orellana - María Belén Chacón (Rodrigo Prats)
00:09:14
5. Rosario García Orellana - Canción de la nana (DR)
00:11:52
6. Rosario García Orellana - Vals de las sombras (Ernesto Lecuona)
00:14:03
7. Rosario García Orellana - Punto cubano (DR)
00:17:28
8. Rosario García Orellana - Canto indio (Ernesto Lecuona)
00:19:28
9. Rosario García Orellana - Una rosa blanca (DR)
00:22:47
10. Rosario García Orellana - Guajira (La tela de la araña) (DR)
00:23:57

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