Por Ramón Fernández-Larrea

Ya nada será igual sin los Hermanos Rigual

Se llaman Pedro, Carlos y Mario, y son hermanos. Esta noche es importante para ellos y para quienes están ya aquí, en el Bambú Club, en la carretera de Rancho Boyeros, Km 5½, de la ciudad de La Habana, donde se presentan.

Son los Hermanos Rigual, hijos de Juana Rodríguez y Ángel Rigual, un trío vocal e instrumental cubano que sigue triunfando en México desde 1947, pero que hoy, 20 de febrero de 1957, decidieron actuar en este club y esperar a los músicos cubanos que llegarán a La Habana desde otros países, convocados por Gaspar Pumarejo al festival “50 años de música cubana”.

Han aprovechado que ya estaban en la isla visitando a su familia y sumarse luego al gigantesco evento de Pumarejo que hará historia. Algo que conmoverá corazones, que los alegrará y casi los derretirá de emoción. Por eso abren su actuación con este tema cardiovascular que han hecho un éxito en México y que dice:

Corazón de melón, de melón / melón, melón, melón, melón. // Corazón. //
Corazón de melón, de melón, / melón, melón, melón, melón. //Corazón. //
Luna, desde que la conocí / no hago más que pensar / en ella / en ella. //
Dime, dime qué pasa por mí / que no puedo ya vivir / sin ella / sin ella /
sin ella / sin ella. // Corazón de melón, de melón / melón, melón, melón, melón // Corazón.

Algunos de los asistentes al Bambú Club cantan o tararean el pegajoso tema que ha sido pródigamente difundido. Todo o casi todo lo que han hecho en el hermano país se conoce de inmediato en la isla, gracias a la radio, la televisión y el cine.

Y ellos están al tanto también de lo que se produce en Cuba. Los textos del futuro, escritos por investigadores y musicólogos, dejarán esta semblanza de sus primeros aciertos en tierra azteca: “en 1948 este trío llevó al disco con la orquesta mexicana de Arturo Somohano, Hasta mañana vida mía, la canción-himno de las descargas habaneras de los filineros y al año siguiente hicieron lo mismo con Contigo en la distancia, de César Portillo de la Luz y Te veré en mis brazos, de José Antonio Méndez, tres registros fonográficos que están entre las primeras realizadas de esas canciones”.

A pesar de que el Bambú Club no está en ninguno de los circuitos más comerciales, como El Vedado, Marianao o La Habana Vieja, está a tope. Y eso habla muy bien en favor a que los Hermanos Rigual han sabido ganarse la admiración de los cubanos. Se radicaron en México desde 1947, pero hacen frecuentes viajes a la isla, como en 1950, cuando vinieron a recoger su primer disco de oro.

Ahora comienzan otro de sus temas más conocidos, en tono de humor, que se titula La del vestido rojo, y que dice:

Estás insoportable / con tu vestido rojo, / y tú que estás bien gorda /
por los cuatro costao / y con tu caminao / me estás volviendo loco, /
y con tu carita de ángel / me tiene roto el coco. //
Mira qué sabroso camina / así de medio lao / comiéndose un helao /
Mira que sabroso camina / así así así así así / así de medio lao. //
Chica ven pacá / baila el chachachá / sabroso, sabroso. //
Chica ven pacá / baila el chachachá / tremendo, tremendo.

Es algo distinto. Un sonido diferente, fresco y novedoso, que invita a bailar, a reír, a corear. Es la frescura que tienen, y saber que son una familia, ayuda a entenderlos y a quererlos.

Las generaciones futuras, en el próximo siglo, posiblemente los olvidarán, y ellos, probablemente lo saben o lo intuyen, o no piensan en eso. Viven y cantan, componen y graban, actúan y hacen giras para ganarse la vida. Disfrutan el momento sin planificar en el día de mañana. Hoy, al menos, dan todo lo mejor de sí, porque están conscientes que el Bambú Club tiene su historia. Para quienes no conocerán el sitio, pueden hacerlo con esta sencilla referencia: “Fue escenario de actuaciones memorables de figuras icónicas como Celia Cruz acompañada de Las Mulatas de Fuego y la famosa bailarina internacional Tongolele”.

Y sobre ellos, la historia los describirá así: “Los Hermanos Rigual, un trío vocal e instrumental cubano formado por Pedro “Pituco”, nacido en Banes el 29 de junio de 1918, Carlos, nacido en Banes el 4 de noviembre de 1920 y Mario nacido en Antilla, el 19 de noviembre de 1922”.

La noche avanza y el ambiente dentro del Bambú se pone intenso. Es una lástima que falten cuatro años para que los Hermanos Rigual se hagan famosos mundialmente con un tema que se convertirá en su marca. Nadie sabe qué pasaría en esta carretera que lleva al aeropuerto si los tres hermanos comenzaran a cantar este tema:

Cuando calienta el Sol aquí en la playa, /
siento tu cuerpo vibrar cerca de mí. //
Es tu palpitar / es tu cara / es tu pelo / son tus besos /
me estremezco, oh, oh, oh! // Cuando calienta el Sol. //
Cuando calienta el Sol.

En México fueron considerados muy pronto el mejor trío armónico masculino de Cuba. Y hay otra nota importante que marca sus inicios: “El debut internacional de los Rigual se produjo en 1946 en California, contratados por la compañía del norteamericano Mr. Powell, pero sin gran repercusión”. 

Y otro dato importante sobre su historia: “Sus abuelos maternos, Emilio Rodríguez y Juana Pérez, fueron dos talentosos músicos de Gibara que se radicaron en Banes a finales del siglo XIX y allí fundaron orquestas, bandas y academias en las cuales se formaron varias generaciones de instrumentistas, como Absalón Pérez, que en 1934 viajó a México con la orquesta de la compañía lírica de Ernesto Lecuona, llegó a ser pianista de Toña La Negra y Pedro Vargas, y se convirtió en director de una de las más populares orquestas de la capital mexicana”.

Fue Absalón quien les dio la idea de probar suerte en ese país. “Otro primo fue Pedro Jústiz Rodríguez «Peruchín», relevante pianista y director de orquesta quien realizó significativos aportes a la música cubana y como Absalón también era oriundo de Banes”. Al principio cantaron rancheras, hasta que su repertorio fue llenándose de composiciones propias o versiones de temas que ellos llevaban a su estilo. Como este que empieza a sonar ahora, El pollo de Carlitos:

El pollo de Carlitos / el pollo de Carlitos, qué sabrosito /
el pollo de Carlitos, qué bueno estás, /
míralo, gózalo, mira qué bueno estas /
este pollo es cosa de sueño, es realidad /
y tiene todo embrujo, es cha cha cha cha cha cha, ha há. //
El pollo de Carlitos, que sabrosito /el pollo de Carlitos, que bueno estás.

Cuando arriben todos los músicos cubanos convocados por Pumarejo, los Hermanos Rigual se sumarán a las apariciones planificadas. Ellos saben que los cubanos se llenarán de orgullo al ver a tantos artistas de calidad extendiendo nuestra música por el mundo. Ya después los estudiosos hablarán sobre la carrera de los hermanos, y escribirán cosas como esta: “Según la revista Bohemia del 9 de noviembre de 1947, un empresario azteca los oyó y los contrató para inaugurar el Teatro Río de la capital mexicana”.

Y dicen más: “Como permanecieron durante 6 meses pudieron participar en filmes cantando boleros cubanos y su participación en películas como Ahí Vienen los Mendoza (1948) donde actuó Pedro Vargas, y La Venus de Fuego (1949), donde en una escena los Rigual interpretan Fidelidad, mientras una jovencísima Olga Guillot los observaba desde la barra. Estos dos filmes entre otros cimentaron su prestigio en el continente americano”.

Ahora se despiden Pedro, Mario y Carlos, y regalan a los presentes otro de los temas que los han llevado al lugar prominente al que han llegado. Lo compuso el boricua Bobby Capó, y se titula Y llorando me dormí.

La otra noche, cuando pasé por tu casa, / sabiendo yo que ahí estabas /
te negaste a contestar. // Ya era tarde, pensé que estabas dormida /
pero el celo me mataba y me empecé a preguntar /
quién estará marchitando la flor de su boca, /
quién estará estrujando su blanca tersura. //
Quién estará siendo dueño de su alma que es loca, /
quién estará despojándome de su ternura. //
Esa noche fue que supe que la amaba /
porque el celo me mataba y llorando yo me fui. //
Esa noche con mi mente batallando me fui a mi casa llorando
y llorando me dormí.

Hoy nadie los llora, nadie les recuerda, pero ellos están ahí en el infinito, sin saber a cuánta gente hicieron felices.

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