Septeto Cuba de Fernando Collazo

ID Colección: 0127
Formato: Fotografía
País origen: Cuba
Año: 193-
Featuring:
Septeto Cuba - Agrupación musical
Fernando Collazo - Dirección, Guitarra, 2ª voz
José Interián - Trompeta
Alfredo Rivero - Contrabajo, 3ª voz
Marino González - Bongó
Heredio Loynaz - Maracas
Eloy Collazo - Claves
Enrique García - 1ª voz
Descripción:

De izq. a der.: Alfredo Rivero, Eloy Collazo, José Interián, Marino González, Enrique García, Heredio Loynaz. Sentado, Fernando Collazo.

Fernando Collazo fue el primer galán cubano. La radio y el cine potenciaron su imagen de mulato apuesto y voz melodiosa y sensual. Muy pronto el conocido y diestro tabaquero cambiaría todo para ser cantante.

En 1926, con integrantes del disuelto Sexteto Lira Redención y otros músicos, forma el Sexteto Cuba, considerado uno de los buenos sextetos cubanos de la época, caracterizado por tener un repertorio único y un timbre que lo distinguía de otras formaciones similares, pero sobre todo, el elemento distintivo por excelencia era Fernando Collazo, que convirtió al Sexteto Cuba en el grupo preferido de las féminas de la sociedad habanera.

En los tempranos años 30 el Cuba se convierte en septeto, al incorporar el piano, siendo el segundo septeto en incluírlo. Se presentan en bailes y verbenas de las sociedades de naturales españoles en Cuba, en circos, radioemisoras, como CMQ, CMCD y otras y en los más importantes teatros habaneros, como el Nacional y el Principal de la Comedia, aquí en un concierto junto a la Orquesta Hermanos Castro, María Cervantes, Esther Borja, Hortensia Montero y Ernestina Lecuona. Por el Septeto Cuba pasaron varios trompetistas a partir de 1927, entre ellos Óscar Velazco “Florecita”, José Interián y José Díaz. En 1930 Fernando Collazo con el Septeto Cuba graban para el sello Columbia cuatro sones: El príncipe marino, Sobre tu boca, Recuerdo de la niñez y No me obligues, los tres primeros de su autoría.

En 1932 Fernando Collazo y el Septeto Cuba aparecen en el filme “Maracas y bongó, un corto de quince minutos que inaugura la era del cine sonoro en Cuba. Sería Collazo el primer cantante cubano en cantar en un filme producido en la Isla.

Con la Orquesta Gris de Armando Valdés Torres, Collazo fue el primero en cantar danzonetes en La Habana, cuando estrenó allí el primigenio Rompiendo la rutina, de Aniceto Díaz, que inauguró el género. Con este nuevo ritmo, Collazo logró su consagración definitiva como cantante, y por su ya reconocida calidad artística, sería figura disputada por las orquestas de Antonio María Romeu, Belisario López, Armando Valdespí y la Habana, de Estanislao Serviat. En esa prolífica época, funda y dirige la Orquesta Maravilla del Siglo, su última formación musical.

En la segunda mitad de los años treinta, Fernando Collazo viajó a España y París, donde impresionó a Alejo Carpentier, entonces joven cronista y periodista, quien escribió de la estancia parisina del divo cubano: «Para mí, Fernando Collazo ha constituido una verdadera revelación. Hacía tiempo que yo lamentaba la ausencia de un intérprete inteligente de nuestros últimos cantos y sones. Particularmente de aquellos compuestos sobre poemas de Nicolás Guillén. Y una noche, en “La cabaña cubana”, me encontré de repente ante un mozo inteligente y bien plantando, que interpretaba esa música como debe interpretarse. Su voz potente y bien timbrada no se perdía en alardes de virtuosismo estéril. Sabía ponerse al servicio de la más auténtica tradición criolla. Conocía todos sus secretos rítmicos, sus inflexiones, sus libertades. Con ella, las menores intenciones del texto cobraban extraordinario relieve. Cuando decía: “¿Por qué te pone tan bravo cuando te disen negro bembón, si tiene la boca santa, negro bembón?”, volvía a crear el poema, comunicándole una vitalidad increíble... Para dar una idea del poder comunicativo de sus interpretaciones, os diré que, cierta noche, vi a Fernando Collazo arrancando aclamaciones de entusiasmo a un público francés contándole cierta historia de majá enroscao, de la que nada podía entender quien no fuera cubano. Pero era tal la expresión que el cantante sabía poner en su relato, que se hacía innecesario comprender el sentido de las palabras. Fernando Collazo es un verdadero artista. Y no dudo que su triunfo en París sea ya, desde ahora, un hecho seguro.»

En medio del éxito y la fama, el 16 de octubre de 1939, Fernando Collazo Hernández muere de un disparo de revólver en su casa en el número 20 de la habanera calle Figuras. No estaba solo, según dijo el Diario de la Marina, al día siguiente, al glosar el fatídico hecho: en la vivienda, su mujer de entonces, Mirtha I. Parrondo, su suegro y una amiga. Las circunstancias que rodearon el hecho fueron dudosas y aunque la versión hecha pública apuntó a un suicidio por un desengaño amoroso, otras versiones corrieron por La Habana y Cuba entera y muchos admiradores y curiosos dudaron siempre de lo que publicó la prensa. Al morir, Fernando Collazo tenía 36 años. Había nacido el 21 de agosto de 1902. Un final demasiado temprano para su talento y sumamente ajustado al guión de una vida de leyenda. Fernando Collazo dejó grabaciones además con las orquestas de Antonio María Romeu, Armando Valdespí, Filiberto Rico –realizadas cerca de 1936 en París-, y la suya, Maravilla del Siglo, con la que dos años antes de morir grabaría dos temas: el son pregón El vendedor (de su autoría) y el bolero son Por qué no me amas. (RM)

https://www.youtube.com/watch?v=yHghXZ0UHC4