Un programa de Rosa Marquetti
Archivo Leonardo Acosta.

Las Vitrolas diferentes: El bar Anita y el Bodegón de Goyo

17 de noviembre de 2020

Por allí pasaron desde Zoot Sims, Chico O’Farrill, Vicentico Valdés y Philly Joe Jones y Eddie Shu y no hubo en La Habana un sitio con mayor cantidad y calidad de discos de jazz.

A finales de los años cincuenta en La Habana había miles de victrolas diseminadas por bares, fondas, night clubes y bodegas, y hasta prostíbulos, en uno de los negocios más rentables y hasta entonces duraderos de las casas discográficas, que los músicos no siempre vieron con buenos ojos. Aun así, las victrolas fueron un éxito y lograron convivir con la música en directo y marcaron tendencias con un tipo de guaracha y bolero que cantaba sobre traiciones, desamores, crímenes pasionales, desengaños, infidelidades, estigmatizando casi siempre a la mujer como causante de todos los males. Pero no todas las victrolas tenían el mismo tipo de música. Hubo dos que se diferenciaron muchísimo de las demás, pues sus dueños se empeñaron en tener lo mejor del rock and roll, el jazz y la música cubana grabada en Estados Unidos. Gregorio Echevarría Herrero, Goyo, con su hijo Domingo fueron los responsables de que el Bodegón de Goyo, en pleno barrio de La Victoria, quedara en la historia del jazz en Cuba. Desmemoriados te invita hoy a conocer la historia de este fenómeno de coleccionismo y difusión musical. 

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