Un programa de Alan Queipo y José Fajardo

Lucrecia Dalt - No era sólida (RVNG Intl., 2020)

25 de septiembre de 2020

Esta semana hice un experimento: escuchar (en alto, con el volumen del teléfono móvil a tope) el nuevo disco de Lucrecia Dalt en distintos ambientes, en mi casa, paseando por la calle o por un parque y sentado en una terraza. Las reacciones de la gente a mi alrededor fueron de lo más dispares: muchas miradas de odio, en plan “no seas maleducado y apaga ese RUIDO”, pero también indiferencia e incluso hubo quien se acercó con evidente fascinación, cual abeja que flirtea con su panal de miel.

En mis propias carnes he digerido este ‘No era sólida’ con una amalgama de sensaciones, dependiendo de mi estado de ánimo y del contexto de las escuchas: un día que estaba muy cansado sentí cómo me agujereaba la cabeza, un auténtico taladro hurgando en mi cráneo; otro día que tenía mucho trabajo por delante lo escuché por la mañana y me pegó un chute de energía creativa, y en la mayoría de los casos, cuando conseguía abstraerme, me llevaba a un estado de inspiración raro, dejándome llevar por sus capas de sonidos.

Escuchar a la colombiana Lucrecia Dalt es una experiencia parecida a la de acercarse al cine de vanguardia o la pintura abstracta: habrá quien lo desprecie porque “eso no es arte”, habrá a quien directamente le aburra o no le interese, y habrá siempre quien quede atrapado por una obra que sale de los intestinos en su parte más física (los ritmos que invitan al trance, las voces marcianas) y de las ondas cerebrales del subconsciente en el espíritu mismo de la obra.

La pretensión de la artista colombiana (ahora residente en Berlín tras vivir un tiempo en Barcelona, con formación como ingeniera civil) es contar la historia de su alter ego extraterrestre: Lia, un ser que, según avanza el disco, va siendo consciente de su estructura corpórea (de ahí los títulos de las canciones: disuelta, seca, ser boca, espesa, revuelta) y termina con un manifiesto de casi 10 minutos (‘No era sólida’) realmente evocador con resonancias al cine de Andréi Tarkovski o las novelas de Philip K. Dick.

Una obra que invita a viajar por los agujeros más inhóspitos del universo en esta época de confinamientos físicos y mentales. Un paso más en el camino por la vanguardia del arte contemporáneo que recorre desde hace años Lucrecia Dalt, una figura radical cuya obra no busca agradar a una audiencia masiva sino despertar reacciones. Su trabajo es todavía más arisco (y fascinante, para quien logre engancharse) que el de otros transgresores de la nueva escena electrónica como Holly Herndon, Oneohtrix Point Never y Laurel Halo. Su mirada es la de quien se asomó al abismo y logró ver más allá.

José Fajardo

Playlist

1. Lucrecia Dalt – Disuelta
00:03
2. Lucrecia Dalt – Seca
03:03
3. Lucrecia Dalt – Coatlicue S.
05:17
4. Lucrecia Dalt – Ser boca
08:41
5. Lucrecia Dalt - No era sólida
12:33

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