Alfredo Sadel

Lo llamaban «El tenor favorito de Venezuela» por su voz, por supuesto, pero también por su inclinación hacia la música sinfónica. Alfredo Sadel fue un «rara avis» en el panorama de la canción popular latinoamericana. Un artista que siempre nadó de manera particular en las aguas del bolero, la canción romántica y el folclor de su país.

Nacido en Caracas como Alfredo Sánchez Luna, adquirió el nombre de Alfredo Sadel combinando los apellidos Sánchez y Gardel, su gran ídolo. Estudiante de solfeo, armonía, piano y canto, fue dibujante publicitario de la agencia McCann Erickson, lo que alternó con su aprendizaje musical.

El momento detonante de su carrera ocurrió en 1946 cuando participó en el programa de aficionados Caravana Camel de Radio Caracas. Interpretó Diamante negro, pasodoble de José Reyna y Luis Peraza, dedicado al torero caraqueño Luis Sánchez Olivares, conocido por ese sobrenombre. Su salto a la fama fue inmediato y éxito comercial lo certificó. Durante los años 40 siguió presentándose en la radio, haciendo grabaciones sin parar y actuando en cine, como en la cinta Flor de Campo, dirigida por José Giaccardi y que lo convirtió en todo un ídolo juvenil.

Para la década de los años 50 dio el salto a Nueva York, debutando en el Teatro Jefferson, actuando en el show de televisión de Ed Sullivan, al que siguieron otros programas en la ABC y escenarios y giras por la Costa Este. Era atractivo, tenía carisma y su voz era portentosa. Como rezaba un viejo dicho, «la cámara lo adoraba». En 1955 llegó a La Habana, impactando con su presencia, alternando con los grandes ídolos de la canción isleña, y convirtiéndose en un fenómeno de ventas con el tema Mi canción.

A finales de aquella década la Metro-Goldwyn-Mayer lo contrató como sustituto de Mario Lanza, el trágico cantante lírico y actor fallecido en 1959. Ya los años 60 el otro escenario que conquistó fue México DF, tanto en los estudios de grabación, como en los estudios de cine. Actuó en las cintas El ratón, Tú y la mentira, El buena suerte, Tres balas perdidas, En cada feria un amor y Martín Santos el llanero, además de participar en la banda sonora de dos de ellas.

Siempre con un pie en su tierra, Alfredo Sadel participó en la fundación de la AVADE, Asociación Venezolana de Artistas de la Escena, al tiempo que daba otro paso definitivo en su carrera al convertirse en cantante de ópera. Su debut fue en la zarzuela Los Gavilanes. Le seguiría Cecilia Valdés y varias más que lo llevaron por escenarios de todo el mundo. Pero nunca se alejó del folclor venezolano, aunque su vida estuvo llena de controversias debido a lo que denominan sus biógrafos, «un temperamento volcánico».

El festival La Voz de Oro

A Sadel le dijeron bien claro que no se inscribiera en ese festival. Él no lo necesitaba, incluso le darían un reconocimiento especial, pero como era terco, muy terco, no hizo caso. Nadie se hubiera atrevido a decir que Alfredo no era la voz de oro de Venezuela. Indudablemente tenía más experiencia, estudio y trayectoria que todos los extraordinarios cantantes nacidos en esta tierra, pero los tiempos cambian, ya lo dijo Héctor Cabrera.

Durante la década de los años 60 se habían realizado en Venezuela algunos festivales de importancia enfocados en resaltar el trabajo de los compositores. Sin embargo, las expectativas no estaban en las canciones; más bien en quienes las interpretaban, y finalmente todas las críticas se volcaban sobre el desempeño de las voces.

Los organizadores de La Voz de Oro no se irían por las ramas, sabían que el público deseaba ver competir a sus cantantes favoritos y que éstos seducidos por su propio ego, no perderían la oportunidad de medirse contra sus colegas. De tal forma, los productores, Cheché Cordero, periodista de farándula, y Ernesto Torrealba, músico experimentado, crearon el evento inspirados en el emblemático Festival de Benidorm.

La Voz de Oro de Venezuela pagaría al ganador 10.000 bolívares (43.000 dólares aproximadamente), una suma nada despreciable para la época. El segundo y tercer finalista cobrarían 7.000 y 3.000 bolívares respectivamente.

Polémica desde el primer día

En el contrato que todos y cada uno de los artistas firmaron a conciencia quedaban expuestas de forma muy clara las bases sobre las cuales se juzgaría su participación: voz, dicción, escena y comunicatividad. El evento se llevaría acabo en Barquisimeto, estado Lara, los días 18 y 19 de enero como parte de la Feria de la Divina Pastora.

Por lo regular, en este tipo de festival, muchos de los que  competían eran cantantes que apenas se están dando a conocer.  Por esa razón tener en la misma tarima a figuras como Alfredo Sadel, Héctor Cabrera, Felipe Pirela, Mirtha Pérez, Trino Mora, Mayra Martí, Mirla Castellanos, José Luis Rodríguez, Miguel Itriago, Estelita del Llano, Carlos Moreán, Oswaldo Morales, Héctor Murga, Luis D’Ubaldo y María Teresa Chacín, entre otros, no era cosa de todos los días.

Nueve años atrás Sadel había dejado de ser un cantante de moda. En 1961 tomó la decisión de casarse y retirarse de la farándula para viajar a Europa a cumplir su sueño de estudiar canto y hacer carrera en la ópera.

En los años 50 Alfredo fue el más elocuente símbolo de las aspiraciones de una Venezuela que despertaba a la modernidad. Su enorme talento, entereza, ambición y deslumbrante apariencia física, fueron el símbolo perfecto del anhelo de superación de la sociedad. Su nombre definió el concepto de “ídolo” para los venezolanos que, hasta ese entonces, sólo mostraban vehemente admiración por artistas extranjeros.

Un día de furia

Algunos artistas que ya habían confirmado su participación protestaron la presencia de Sadel en el festival. No querían competir contra él pues ya el público y la critica lo daban como ganador. Entonces muy nerviosos, Cordero y Torrealba inventaron otorgarle una placa a Sadel pensando que se retiraría por la puerta grande. Su respuesta fue tajante: el premio se lo ganaría en la tarima.

En honor a su pasado glorioso el público de Barquisimeto lo aplaudió con fervor la noche del domingo 19 de enero de aquel año 1969 que Alfredo recordaría con amargura. Incluso los participantes que ya habían sido descalificados se pusieron de pie para ovacionarlo. El jurado tardó más tiempo del necesario en entregar los resultados y los 10.000 espectadores que llenaban el anfiteatro estaban ansiosos. Para muchos era un mal síntoma y se preguntaban qué estaba sucediendo.

Alfredo Sadel contemplaba la aclamación popular cuando el presentador Edmundo Valdemar leyó por fin el fallo que lo ubicaba en el tercer lugar. De inmediato comenzaron los gritos de desaprobación. A más de 40 años de los hechos, Ernesto Torrealba no está seguro cómo Mirla Castellanos logró el segundo lugar. Su actuación fue excelente, pero afirma que pudo más la confusión y el pánico de los jueces que se sentían amenazados por la gente.

Héctor Cabrera, de traje blanco, conquistó el puesto de honor cantando sereno Rosario. Ahora, al saberse el nombre del ganador, parte del público protestaba y muchos otros aplaudían a Héctor. 

Alfredo tomó su cheque e interpretó Toledo una vez más, pero esta vez en la mitad del tema despreció el micrófono y su voz se escuchó nítida hasta la cuarta fila, para no dejar lugar a dudas de que él sí era la voz de oro de Venezuela. Tras bastidores se tejieron toda clase de chismes, enredos y comentarios de diferentes calibres.

La verdad de todo el asunto es que Alfredo había perdido puntos porque falló en dos de las bases del concurso: vestuario y escena. Sin embargo, no hubo forma de que lo entendiera. Al parecer lucía un tanto desaliñado con el lazo del smoking desabotonado, eso en definitiva lo perjudicó. También fue muy mal visto por el jurado el hecho que hablara tanto antes de comenzar a cantar y se apartara en varias oportunidades del micrófono para hacer ostentación de su voz.

Fuera del alcance de las miradas del público y la prensa vino la peor parte de este memorable e irrepetible festival: Sadel «pechereó» a Cabrera y quiso atestarle una «trompada» al tiempo que le gritaba a voz en cuello mama micrófono.

Fue una noche inolvidable en la historia de la música popular venezolana, tanto que todavía genera controversias.

Lo llamaban  El Tenor favorito de Venezuela por su voz, por supuesto, pero también por su inclinación hacia la música sinfónica. He aquí algunas de las canciones que le merecieron tal apelativo.

Playlist

1. Alfredo Sadel - Mi canción (María Grever)
00:00:41
2. Alfredo Sadel - Canción del mar (José Sabre Marroquín)
00:03:50
3. Alfredo Sadel - Evocación (René Rojas)
00:06:48
4. Alfredo Sadel - Canción sin título (Billo Frometa)
00:09:28
5. Alfredo Sadel - Anoche te amé (René Rojas)
00:12:30
6. Alfredo Sadel - Otra rosa (Alfredo Sadel)
00:14:55
7. Alfredo Sadel - Incertidumbre (Gonzalo Curiel)
00:17:32
8. Alfredo Sadel - Congojas (Rafael Hernández)
00:20:34
9. Alfredo Sadel - Domino (Louis Ferrari)
00:23:59
10. Alfredo Sadel - Alma libre (Juan Bruno Tarraza)
00:26:40
11. Alfredo Sadel - Desesperanza (María Luisa Escobar)
00:29:40
12. Alfredo Sadel - Solo en la noche (René Rojas)
00:32:18
13. Alfredo Sadel - Toledo (Agustín Lara)
00:35:04
14. Alfredo Sadel - No te importe saber (René Touzet)
00:38:38

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