Jon Fausty

De la música al disco hay mucho trecho. Una de las complejidades que tiene la industria musical es que hay tantos factores que parecen un puzzle a la hora de grabar, y que muchas veces ese puzzle no llega armado a los estudios de grabación, sino que se arma allí. La historia de la grabación está llena de anécdotas sobre como se consiguió determinado sonido o determinada canción que, a la postre, fue el mayor éxito de un álbum.

Los ingenieros de sonido, que muchas veces eran técnicos de oficio y no ingenieros con título, fueron piezas clave para armar el puzzle. En los primeros tiempos, cuando todos los músicos grababan al unísono, la descompensación de sonido era una tortura. Había que repetir y repetir hasta encontrar el tono exacto, y eso equivalía a cambiar la ubicación de esos músicos y a quitar y poner algún instrumento. Eso, traducido a las cintas, significaba, literalmente, cortar y pegar. A fin de dar un sonido estéreo, se colocaban dos micrófonos y se balanceaba su sonido durante horas. La grabación de tiempos modernos por pistas, alivió eso, pero generó otros problemas en la modulación y la mezcla.

Todo comenzó en la radio, pues las emisoras tenían los aparatos técnicos idóneos para grabar. Es un hecho que muchas de las mejores grabaciones de música cubana en los años dorados fueron en Radio Progreso y no en los estudios profesionales. Algunos de esos pioneros tomaron de la radio la idea de los efectos de sonido para suplir carencias en las grabaciones de un álbum. Algunos fueron verdaderos dictadores, otros más condescendientes, pero todos tuvieron que compartir infinidad de horas con los músicos hasta encontrar el producto perfecto.

Hubo muchos ingenieros de sonido que brillaron en la música tropical y afrocubana. En Cuba, por ejemplo, Jerzy Belc; en Puerto Rico, Fernando Montilla, Carlos Poirot (chileno él), Jaime Camacho, Jonathan Castro, José Vinader y Steve Bravil; en Venezuela, Alejandro Cornejo, Alí Agüero, Darío Peñaloza, Edwin Pulgar, Elmar Leal, Enrique Elizondo, Humberto Torrealba, Juan Carlos Socorro, Jesús Jiménez, Miguel Mardeni, Octavio Suárez y Rafael Rondón; en Colombia, Alberto Rivera, Alfonso Abril, Alfonso Correa, Alfredo Li, Eduardo Sánchez, Emilio La Rota, Frank de Luna, Gabriel Alzate, Horacio López, Isaias Cuervo, José María Fuentes, Luis Aponte o Luis Nieto. Y eso sólo por citar a tres países, pues hubo otros tantos magos en Lima, Miami o México DF.

El caso de Colombia, de todas formas, fue particular, porque se enfrentó a varios tipos de sonido y orquestación, donde el balance y la mezcla se tornan complejos; y porque a diferencia de otros países, los centros de grabación se repartieron entre dos ciudades y no una sola: Medellín y Bogotá. Medellín por la proliferación de casas discográficas, y Bogotá por la proliferación de medios de comunicación. Los estudios Ingeson, en el centro de la capital colombiana, se harían famosos por ser una escuela de técnicos de sonido, destacando: José Vergara, Henry José Sánchez, David Ocampo y José Useche.

Sin embargo, fue Nueva York la tierra promisoria. Según David Simons, especialista en la materia, en 1962 hubo cerca de 40 estudios de grabación en Manhattan. Cinco de ellos se especializaron en música afrocubana, muy compleja de grabar por la fuerza que necesita la sección de ritmo de cada conjunto, orquesta o banda pequeña. De alguna manera, los grandes estudios del pop, el rock y el jazz aprendieron de los ingenieros de sonido que estuvieron al frente de estos estudios innovadores.

Estos son algunos de los pioneros de la grabación latina.

IRV GREENBAUM

Maestro de maestros, su andadura musical en los estudios data de 1951 en Nueva York. Trabajó con varios, pero esporádicamente. La mayoría de sus tres décadas en la industria estuvo al servicio de Beltone Studio, Broadway Recording, Bell Sound Studios, La Tierra Sound y Key Productions. También dejó su sello en los Borinquen de San Juan. Y aunque entre sus clientes estuvieron peces gordos del jazz como Columbia o Decca, sus grandes éxitos los tuvo con Fania Records. Lo sabía todo sobre el manejo del sonido, pero más sobre la psicología de los artistas, quienes se sentían como en casa. Entre sus «clientes» preferidos tuvo a Celia Cruz, Count Basie, Eddie Palmieri, James Brown, Larry Harlow, Nina Simone, Quincy Jones y Ray Barretto.

FRED WEINBERG

A Fred Weinberg le decían Pancho y se hizo famoso porque comenzó muy joven en la industria, asumiendo grandes retos en los estudios Mastersone, A&R, Plaza Sound y Bell Sound. De ascendencia alemana, había nacido en Barranquilla, pero vivía en Nueva York desde niño. Su maestro fue el legendario Phil Ramone, lo que fue un aval para su bien ganado prestigio. Por su manos pasó La Lupe, porque tanto ella como Tito Puente siempre lo prefirieron, como quien tiene un fisioterapeuta de confianza. Decían que era el único técnico de Nueva York que les hablaba en español. Años más tarde crearía el Método Weinberg para creaciones no sintéticas del rock.

JON FAUSTY

Nacido en Armonk, Nueva York, comenzó a grabar en 1964, pero sólo hasta cuatro años después comenzó a trabajar en música afrocubana gracias a Al Santiago y Joe Quijano, pero fue con Delta Recordings, que eran unos estudios muy económicos en Manhattan, donde aprendió grabar formatos orquestales latinos. A partir de 1971 fue una de las estrellas de Fania Records, grabando lo más conocido de la compañía. Pero donde brilló como nadie fue en las grabaciones en directo, gracias a su habilidad para mezclar sonido de estudio y sonido de ambiente. La banda sonora de Nuestra Cosa Latina es un ejemplo de ello. También se le dieron bien las obras conceptuales, con efectos y voces incluidas, caso Maestra Vida. Participó en seis Premios Grammy y recibió un Grammy honorífico.

VICENTE CARTAGENA

Vicente Vincent Cartagena hizo una larga carrera en los Mastertone Studios de Manhattan y en los Jaysina Studios en Brooklyn, aunque también en los Commonwealth Studios de San Juan. Su especialidad fueron las siempre complicadas grabaciones en directo, donde se tienen que medir factores ambientales para la disposición de los micrófonos. Eso le valió gran reputación. Hizo trabajos para las casas discográficas 7-11, Cesta, Chanty, Hope, La Flor, Lira, Mañana, Mary Lou, MEC, MiCris, Neliz, Rico, Seeco y Willow. Produjo también algunos discos de spoken-words. Muy amigo de Joe Cain, trabajó también para Tico.

ANTONIO LUIS OCHOA

Don Toño comenzó su relación con el sonido en las estaciones de radio, que fue una de sus dos grandes pasiones. La otra fue la grabación en un estudio que fundó en 1951 en Santurce, Puerto Rico: Ochoa Recording Studio. Sus primeros trabajos fueron jingles publicitarios, en compañía de Tommy Muñiz, hasta que en 1968 la gran demanda lo llevó a ampliar sus instalaciones, pero en Hato Rey. Con tanto artista boricua haciendo salsa, Ochoa se especializó en las grabaciones orquestales, él a la vieja usanza y su hijo Tony ya en el tiempo del multicanal y la grabación por secciones.

MEDARDO MONTERO

Si dicen que no se puede hacer, entonces lo vamos a hacer, le dijo Medardo Montero al poeta Luis Carbonell en 1953, en un tiempo en que las consolas de sonido eran un sueño y no una realidad en Cuba. La frase, que podría llamar a equívocos porque Montero era humilde y no engreído, da una idea de los retos personales que se imponía el mejor sonidista cubano. De él se dice que no hubo charanga ni sonora que no llevase su sello, y que ese «efecto madera», auténticamente análogo, no fue por las carencias económicas, sino intencional, pues Montero quería que la música de la isla tuviera un toque distinto y diferente. El disco de varias voces de Esther Borja, es una leyenda, porque grabó voz sobre voz sin posibilidad de equivocarse, porque eso habría obligado a grabar todo desde el principio. Su maestro fue Fernando Montilla, su lugar de trabajo fue Radio Progreso, y su apodo fue El Mago de Oz, lo que habla por si solo.

RICARDO LANDAETA

Una leyenda en Venezuela, Ricardo Landaeta Garmendia comenzó con un taller de reparación de aparatos de sonido, pero su afición por la música lo llevó a fundar un estudio, Sono Dosmil, que se convirtió a finales de los años 70 en el más importante de Caracas. Allí fueron ingenieros de sonido él y Alejandro Cornejo, aunque también trabajó en Estudios del Este, destinando a su firma el trabajo de corte. Persona muy humilde, el productor Orlando Muriel lo recuerda como alguien que prestaba mucha atención a mis necesidades durante la grabación y sólo hablaba lo estrictamente necesario. Era músico, arreglista, puntual y un caballero. Su sobrino Germán mantiene los estudios y la tradición de la familia. Fue maestro de las siguientes generaciones de sonidistas como Juan Carlos Socorro y César Ramírez.

ANTONIO GONZÁLEZ

Antonio Gonzalito González era un fotógrafo que solía viajar mucho. Estando en Nueva York descubrió los estudios de grabación y fue amor a primera vista. Regresó a Caracas con una consola de tubos EAB de 12 canales y no contento con ello, viajó a Los Ángeles y tomó de Capitol Records la idea de hacer un gran estudio en Venezuela en 1952. Lo llamó Fidelis y fue el primero del país. Coleccionista de vinilos, aprendió el oficio en Radio Caracas y le daba ideas a los músicos para sus grabaciones, lo cual fue una bendición para orquestas tropicales como la Billo’s Caracas Boys. Por sus estudios pasaron desde solistas como Alfredo Sadel hasta orquestas como Los Melódicos. Su hijo Francisco heredó su legado.

MARIO RINCON PARRA

La leyenda dice que estando todavía en el colegio en Medellín, a Mario Rincón Parra lo llamó su hermano Jaime para que lo acompañara al estudio de grabación del sello Ondina donde trabajaba, y eso le canción la vida. Ingeniero autodidacta, aunque sus amistades con otros ingenieros le permitieron «estudiar», Rincón se convirtió en el controlador de sonido por excelencia de Discos Fuentes, una de las casas discográficas con mayor nivel de producción de América Latina. De niño había aprendido música con su padre, y eso fue vital para que los estudios Fuentes marcaran la diferencia, pues al comienzo las orquestas grababan al unísono en el estudio y eso requería muchas horas para acoplar instrumentos. El mismo daba consejos, colocaba y afinaba. De allí el sonido Fuentes. Pionero de la salsa en Colombia, por su manos pasaron todos los grandes, desde Lucho Bermúdez hasta Fruko, su sobrino y «socio de grabación» durante años.

JAVIER YEPES YEPES

Ingeniero de sonido, músico y productor. Trabajó en Medellín con Caliente, Fonodisco, Metrópoli, Sonodisco y Sonolux, pero sobre todo en esta última fue el rey de las grabaciones de música tropical durante tres décadas junto a Horacio López. Eso si, su especialidad fue el corte porque tenía un gran oído, y era quien marcaba a mano el número de registro en cada vinilo. Por sus manos pasaron desde Los Black Stars hasta Leonor González Mina. Apasionado por la salsa, llegó a fundar una agrupación con su nombre: Javier y su Combo.

ARMANDO BENAVIDES

Armando Benavides pasó por todos los cargos posibles en la industria musical en Bogotá, aunque su pasión siempre fue la ingeniería de sonido. Todos los que lo conocimos, le decíamos Don Armando. Nada de Armando a secas. Trabajó un tiempo en Caracas y estuvo vinculado a Estudios Suramericana de Grabaciones. Dejó plasmado su talento en discos de los sellos Bambuco, CBS, Estudio 15, ORBE, Sonolux y en su propia firma, Fonocaribe. Aunque era un amante de la música cubana, tenía un gran manejo de las bandas de pequeño formato. Por eso todos recurrían a él para grabar rock and roll: Óscar Golden o Los Speakers.

Hay playlists que nos conmueven, hay playlists que nos inspiran y hay playlists que nos meten de cabeza en una pista de baile. Esta es una de ellas, con comienzo y final en la época dorada de la salsa de Perú y con paradas en el estilo venezolano de Los Dementes, colombiano de Michi Sarmiento, puertorriqueño de El Gran Combo, cubano de Niño Rivera o dominicano de Primitivo Santos. Y detrás de cada uno de estos 16 temas, la magia del piano de tres grandes y prolíficos pianistas: Ray Pérez, Alfredo Linares y Javier Vázquez, los reyes del tumbao y el guaguancó.
Quien propone estas canciones es el ecléctico y viajero DJ Timber, hoy radicado en Toronto, tras haber sido DJ residente en Barcelona (Marula Café), Singapur (RF Jam) y Londres (Just Jam). Timber es un especialista en funk y un habitual de los encuentros urbanos de B-boy, pero lo conmueve y lo inspira la salsa, de la que es un gran coleccionista.

Playlist

1. Nilo Espinoza y su Orquesta - Con La Misma Moneda
00:00:17
2. Orlando Briceño y su Banda - Salsa Y Bembé
00:03:05
3. Los Dementes - Floro
00:06:32
4. Michi Sarmiento y su Combo Bravo - El Sonerito
00:09:42
5. Facundo Rivero - Piano Guaguancó
00:12:21
6. Niño Rivera - Montuno-Swing
00:15:08
7. Tommy Olivencia y su Orquesta - Sabroso
00:20:08
8. Rafael Labasta y su Orquesta - Zum Zum Ba Ba E
00:22:46
9. Javier Vazquez y su Salsa - Esa Mulata
00:27:03
10. Bobby Matos - Raíces
00:29:47
11. Héctor Lavoe - Paraíso De Dulzura
00:32:18
12. El Gran Combo - No Me Olvides Mulata
00:36:49
13. La Fantástica - Borinquen
00:40:28
14. Primitivo Santos y su Orquesta - Yo No Hablo Na
00:44:16
15. Orquesta Madison - El Bravo Soy Yo
00:47:33
16. Coco Lagos y sus Orates - Echate Pa' Alla
00:50:18
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