Wilfrido Vargas y Los Beduinos

Admirando a Indiana Jones, el más real de los superhéroes; con una joven Madonna en el pensamiento y en muchos de mis sueños; con los discos de Durán Durán a cuestas, aunque predicando amor por U2; y un cubo rubik de adorno, después de innumerables intentos. Con todo eso caminaba; con la mirada puesta en Miami Vice y las chaquetas de Don Johnson; con jeans prelavados y a veces mostrando el elástico de mis calzoncillos Calvin Klein. Siempre colgando mi walkman Sonny, convertido en otra prenda de vestir.

Mantenía casettes y afiches tirados por toda la casa.  El nuevo televisor a color, entre matices que van de norte a sur, me dio a conocer los rostros de Reagan y Fidel. La radio resaltaba ciertas transgresiones pop de la salsa de Rubén Blades y Seis del Solar, y en clubes sociales, la burla era ley si se escuchaba bachata. 

Con todo eso crecía, también con la insistencia de mostrar a mis amigos cómo bailar merengue, el género musical que adaptó su esencia a la atmósfera ochentera de la sociedad dominicana y del mundo, y que se expandió a otros lugares. Al sonido característico de los combos se integraron los sintetizadores. Juntos trenzaban algo nuevo que motivaba al acostumbrado baile de pareja, al tiempo que, a ritmo de tambora, salían a relucir momentos de soltura que rendían tributo a los pasos inspirados por INXS y Pet Shop Boys

En el barrio, donde nací y crecí, era distintito. Allí, entre tendencias, aprender a tocar la güira fue panacea. Nunca antes este instrumento había estado tan de moda. Podíamos identificar estilos y músicos más allá de Pablito Cruz, el emblemático güirero que siempre acompañó a Johnny Ventura. También cantantes, símbolo de superación para los más jóvenes. Muchos eran del mismo sector, de la misma esquina… muchos ambicionaban la popularidad de Fernandito Villalona, quién había llegado a la cresta de la ola… categoría de ídolo.

La discoteca era otro escenario. Cuatro sets moldeaban el ambiente: A todos los estilos y sub géneros del rock y el pop cantados en inglés, se le llamaba música americana. Estaba el de salsa, el más corto y en el que a la mayoría, la falta de destreza convertía en observador. También el de baladas, esperado por los enamorados o por los que iban en conquista. Y el de merengue, el más bailado, el más cantado, ése en el que todos nos encontrábamos, a pesar de diferencias sociales o de cualquier preferencia y punto de vista en la apreciación musical. 

Se habla de años dorados, concepto que se ha negado al muy nombrado apelativo “década perdida”. Ha sido señalado como un decenio donde surgieron emblemáticas figuras y agrupaciones que convivieron con los más veteranos, y todos tuvieron su espacio. Es un universo de éxitos que, más que recuerdos inolvidables, pertenecen a una realidad de emociones, presentes en programaciones de emisoras de radio, playlists y colecciones personales que, sin reparos, muchos quieren mantener.

Sí, mantener con la velocidad de temas como El motor, de Aramis Camilo y La Organización Secreta; o Me tiene chivo, de Bonny Cepeda; el aura romántica que perfuma Que cara más bonita y La radio, de Alex Bueno; y La quiero a morir, de Sergio Vargas; la savia poética de la obra de Juan Luis Guerra y el tempo de la de los Hermanos Rosario; el laboratorio de Wilfrido Vargas, con resultados como El africano, El jardinero y El loco y la luna; y los guiños rockeros y poperos de El millonario, de Dioni Fernández y El Equipo; de The Tarzan Boy, de Súper Frank; o En el primer lugar, de Milly, Joselín Los Vecinos.   

Dicen que fue la época del más alto boom de popularidad del merengue urbano (el del campo tiene su propia historia), tiempo que le dio la bienvenida a la televisión por cable, con la presencia de MTV, donde se divisaban algunos aires de globalización. También con músicos de la escena que mostraban influencias del rock y el jazz. Todo aquello formó una intensa oleada que, además, dio alta cabida a Nueva York, la ciudad más septentrional de los dominicanos, donde nació un nicho desde el cual llegaban propuestas que vivían en constante reinvención, como la de Primitivo Santos y Milly, Joselín y los Vecinos (ya mencionada), e hijos directos de aquel momento, como La Gran Manzana de Víctor Roque y Henri Hierro, tan frescos y actuales como el Caribean Queen, de Billy Oceans o el I Just Called To Say I Love You, de Stevie Wonder. Además, se instaló en Puerto Rico, tierra tan merenguera como Quisqueya, con presencia de grandes bandas como Jossie Esteban y La Patrulla 15 y El Conjunto Quisqueya, entre otras.

Y desde Nueva York se expandió por el mundo. Por ejemplo, América Latina… por ejemplo, Colombia, que ya tenía el veneno desde los tiempos del auge de la Billo’s Caracas Boys; y antes, con la popularidad de El negrito del batey cantado por Alberto Beltrán junto a la Sonora Matancera y del aún recordado A lo oscuro, de Ángel Viloria y su Conjunto Típico Cibaeño. Hoy, y desde hace tiempo, Barranquilla es tan merenguera como cualquier ciudad dominicana, y en Bogotá siguen retumbando ecos de aquellos años en que un viernes después de la oficina, salir a bailar merengue era el plan perfecto.

Y por ejemplo Venezuela, que se aferró más a la tradición instaurada por Billo y por la orquesta de Porfi Jiménez. Y por ejemplo Perú, Panamá, Costa Rica y toda América; y España que, en principio, lo cobijó bajo la sombrilla de la salsa. De todos esos viajes, el vehículo principal fue la industria discográfica, las multinacionales que lo veían como el infaltable en las fiestas, esencialmente en las caseras.  

¿Boom de popularidad? Posiblemente; aunque para mí solo fue la etapa de mi adolescencia, los años 80 de mis amores. Fue un período en que pude construir mi personalidad, días en que aprendí a vivir con naturalidad y a plenitud, al compás de una expresión que inyectó alegría a mi razón. Puedo decir que he cantado y he bailado, y mi canto y mi baile tiene acento muy particular, porque nací en la tierra del merengue. Y si toda esa valoración que se pregona es cierta, entonces que me nombren entre sus protagonistas.

Playlist

1. Conjunto Quisqueya - María Cristina (1980)
00:00:02
2. Fernandito Villalona - Cama y mesa (1982)
00:04:25
3. Bonny Cepeda - Me tiene chivo (1982)
00:07:45
4. Aramis Camilo y La Organización Secreta - El motor (1983)
00:11:49
5. Wilfrido Vargas - El jardinero - (1984)
00:14:18
6. Alex Bueno y la Orquesta Liberación - Que cara más bonita (1984)
00:18:42
7. Primitivo Santos - Marinero (1985)
00:23:36
8. Juan Luis Guerra y 4-40 - Si tú te vas (1985)
00:27:30
9. La Gran Manzana - I Just Call To Say I Love You (1985)
00:31:14
10. Sergio Vargas y Los Hijos del Rey - La quiero a morir (1986)
00:36:12
11. Súper Frank & The New York Band - Tarzan Boy (1986)
00:40:58
12. Milly, Joselín y Los Vecinos - En el primer lugar (1986)
00:45:04
13. Los Hermanos Rosario - Adolescente (1987)
00:49:23
14. Jossie Esteban y La Patrulla 15 - Acaríciame (1987)
00:52:10
15. Dioni Fernández - El millonario (1988)
00:56:35

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