Japón entra en la lista de cualquier joven y no tan joven, porque si no se conoce Japón está “lost in the world”. Pronto, vamos a convivir de manera más inminente y cercana con ese país porque los robots han venido para cambiar el mundo.

Hiroshi Ishiguro, eminente ingeniero nipón, es reconocido en el mundo de la tecnología por «dar a luz» a androides como Erica, Telenoid Elfoid. Su aportación a la robótica consiste en hacer que los humanoides sean lo más reales posibles a la realidad. De hecho, está especializado en algo que podríamos llamar «gemeloides» y que significa que, por el módico precio de un millón de dólares, puedes tener a un gemelo idéntico a ti mismo. De hecho, él ya tiene el suyo propio. Más allá de los robots, su proyectos incluyen ciencia cognitiva y neurociencia que aplica a su objetivo de comprender la interacción entre humanos y robots. Gracias a esas investigaciones, ha conseguido que sus robots ya hablen aunque apenas se les entienda pero, aviso, con el crecimiento exponencial de esta ciencia, será antes de lo que imaginemos.


La relación humanos-robots ya está empezando a crearse: pensemos en los perros robóticos de Sony, que ya tienen su funeral por el rito budista. El célebre robot animal que no hay que sacar a pasear, estaba entre los más vendidos por la compañía en los hogares japones. A los «fallecidos» de la antigua generación de Aibo de Sony, se les despidió con todos los honores: el incienso flotaba en el aire mientras sacerdotes con túnicas tradicionales cantaban sutras y rezaban por el reposo de sus almas.

Bungen Oi, uno de los sacerdotes, no vio nada malo en darles a los amigos mecánicos una despedida adecuada. «Todas las cosas tienen un poco de alma«, dijo.

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