Janis Joplin: La dama blanca del blues

Por Gladys Palmera. Publicado el 30 de junio de 2015

 

“En el escenario hago el amor a 25.000 personas diferentes. Luego me voy sola a casa”.  Así hablaba Janis Joplin, que el 4 de octubre tuvo una cita. Se pasó de copas y de dosis de drogas; ese mismo día su cuerpo fue descubierto sin vida. Había legado a sus amigos 2.500 dólares para que celebraran su fallecimiento con una fiesta salvaje.

Sus conciertos también eran salvajes: un vestido micro que usaba continuamente con un escote hasta el ombligo. Se lanzaba por el escenario como una especie de halcón y conseguía emociones escalofriantes. Su voz subía con un grito ronco para caer en un susurro afónico cuyo jadeo, prometía placeres inconfesables.

 

Janis Lyn Joplin, quien fue símbolo femenino de la contracultura de los años 60, nació el 19 de enero de 1943 en Port Arthur, Texas. Caracterizada por su voz y espíritu rebelde, cuando tenía 16 años se pintó el cabello de color naranja y se unió a una pandilla de jóvenes radicales. Rechazó el racismo y fue acusada de ser amiga de los negros.

 

Janis frecuentaba los bares de Luisiana, donde disfrutaba la música “de los negros” comenzó a cantar a los 17 años. Grabó su primer disco cuando estudiaba Bellas Artes en la Universidad de Texas, y luego comenzó a cantar de forma habitual en dichos lugares.

 

En 1963 la ciudad de San Francisco fue testigo del talento de la llamada Dama blanca del blues, época en la que se agravó su adicción a las drogas, que la sumió en el abandono. Llegó a pesar 35 kilos.

 

Tiempo después anunció a su familia que retomaría sus estudios universitarios y se casaría con un hombre que conoció en San Francisco llamado J.P., pero el enlace no tuvo lugar, pues el galán la abandonó. Esta situación quebrantó su estado emocional, acentuando su inseguridad y sentimiento de soledad.

 

Janis era una persona que siempre estaba leyendo; era culta, pese a que sus canciones eran más emocionales. Entre sus lecturas repetitivas estaban Scott Fitzgerald y sus problemas con Zelda. Se identificaba con ella. Janis era una de esas personas ingenuas. Ser ingenuo no tiene nada que ver con saber ni con leer, sino con esperar que las cosas sucedan pese a que todo indica que son imposibles. Esperanzas quiméricas, siempre anhelando que las cosas al final saldrán bien.

 

Era una contradicción fascinante. Era insoportable y profundamente vulnerable, agresiva y tímida, ordinaria y directa, indomable y masoquista. Tomó el estilo de los viejos gritones y lo hizo propio, sacando el dolor y la tensión para que pareciera una forma de desnudez. Siempre estuvo derramando emoción sin adornos.

 

Era en sí misma el espectáculo de la angustia. En sus entrevistas la más intrascendente de las preguntas la responde con franqueza inesperada. La tristeza de Joplin, siempre evidente, incluso en sus momentos menos sinceros, viene con mayor claridad cuando habla de los hombres, y sus relaciones con ellos. El día que murió, estaba esperando en el hotel a sus dos amantes: Seth Morgan, con el que quería casarte y a Peggy Caserta que no llegó porque estaba con una nueva amante.

 

En 1967 actuó con su banda en el Festival de Monterey al lado de grandes estrellas, como Jimi Hendrix, Jefferson Airplane, Canned Heat, The Who, The Mamas and The Papas, The Byrds y Otis Redding. Para entonces aspiraba a ser algo más que reina de los jipis. 

 

Su mejor disco Pearl, se editó después de su desaparición. Pocas vocalistas de rock han sido tan influyentes como Janis Joplin.

 

«Nos alejamos del planeta en busca de los miembros de nuestra tribu. De vez en cuando, si tenemos suerte, nos encontramos con ellos.»