Nathy Peluso

Pasan los años y las décadas, y hay una discusión que sigue sin resolverse: ¿es menos músico el que hace música con ordenadores que el que la toca con un instrumento? Los puristas lo tendrán claro: la música que no se puede tocar con un instrumento no está hecha por un músico, sino por un informático.

Quienes pertenezcan a una generación mucho más apegada a la tecnología, también lo tendrán claro: por supuesto que se puede hacer música con ordenadores, y no saber tocar un instrumento acústico ni leer una partitura para ser un excelente compositor con una identidad marcada. Mientras el debate seguirá separando generaciones y tradiciones, hay una realidad: la mirada de la música en directo ha ido cambiando con los años, y está destinada a seguir haciéndolo.

Pero, en los últimos años, el auge de la música urbana puso de manifiesto una vez más ese clásico debate. Y es que la gran mayoría de artistas de estos géneros (trap, reggaetón, hip-hop, etc.) tiene una puesta en escena en la que alguien desde una mesa lanza la pista de la base musical; y el frontman o la frontwoman se dispone a pasearse por el escenario con la pista reproduciéndose detrás, muchas veces sin necesidad incluso de interpretar toda la canción, cediendo ante el playback.

Pero hay algunos artistas que no sólo no tienen ese modus operandi; sino que han conseguido demostrar en sus directos que la música urbana también «se toca».

NATHY PELUSO & BIG MENU: la sandunga after-trapera

La argentina residente en España es una de las grandes figuras de la música urbana latina a nivel global. Formada en teatro físico, con un registro vocal tan cerca de divas soul como Nina Simone, pero también de actrices italianas o iconos del underground latino estadounidense como Hurricane G o iconos globales como Missy Elliott, Nathy Peluso se convirtió en un fenómeno imponente gracias a poseer uno de los mejores directos del circuito.

Y lo tiene sobre todo por su implacable manera de apoderarse del escenario: bailando salsa, cantando como una poderosa cantante de soul/blues y con un repertorio que ha conseguido conquistar tanto a los amantes de Héctor Lavoe como a los de Luis Alberto Spinetta o los de Bad Gyal; Peluso además se ha acompañado en sus últimas giras por la banda Big Menu, trío que combina matices que van desde el jazz y el soul al trip-hop o la electrónica más urban.

El show que ofreció Peluso en el Primavera Sound del año pasado, con coros de corte góspel, teclas, bajo y batería, fue una absoluta revolución en el festival; y también la demostración del altísimo nivel que puede tener un show de una artista urban si se lo curra.

La argentina estaba preparando un nuevo show, en paralelo a su reciente fichaje por Sony Music; donde iba a presentarse en festivales como el Lollapalooza o el Coachella, entre otros. Tendremos que esperar para descubrir por dónde sale Natalia.

CA7RIEL & PACO AMOROSO + ATR VANDA: absorber rock, vomitar neo-trap

Si algo ha conseguido diferenciar la propuesta de CA7RIEL & Paco Amoroso de la de otros iconos que alcanzaron notoriedad en el circuito urbano argentino previamente como Duki, Neo Pistea o Ysy A, entre otros; ha sido la absoluta conexión entre la propuesta de la pareja con la cultura rock.

Y es que, por mucho que Duki cante (con bastante certeza) que es un rockstar; tanto Ca7riel como Paco Amoroso lo son desde antes. No solo anda pululando por la bitácora un vídeo en el que ambos compartían una banda en la que el rock, el funk, el soul y trazas incluso de rock progresivo se colaban en una propuesta de banda como Astor y las flores de marte; sino que Ca7riel y Paco Amoroso han convertido sus directos en auténticas experiencias de una suerte de trap de corte funk-rock.

Las comparaciones con proyectos como Illya Kuryaki & The Valderramas han sido constantes, dada esa genética compartida: dos frontmans sobre el escenario, una banda poderosa detrás, un lenguaje por momentos ininteligible y otras veces muy frontal, y un universo tan cerca del funk futurista de Prince como de la cultura del rock nacional. Pero no son lo mismo: el marco generacional los distancia en muchas cosas.

Entre ellas, la ATR Vanda, un virtuoso cuarteto preparado para tocar todos los palos, y para conectar el universo de hits de corte urban-funk como Ouke, A Mi No, Jala Jala, McFly o las algo más urbantrónicas Ola Mina X o Cono Hielo con una banda de base rock como punto de apoyo.

No es raro ver a CA7RIEL y Paco Amoroso tocar versiones de clásicos del rock argentino, desde Viejas Locas hasta la que tocaron de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, colosos del rock argento, en el último show que ofrecieron antes del confinamiento.

CUPIDO: el flechazo entre el trap y el pop psicodélico

Los traperos barceloneses Pimp Flaco y Kinder Malo estaban muy cómodos ascendiendo en listas y reventando salas de mediano y gran aforo con un directo estereotipado en su circuito: alguien lanza las bases y ellos se ponían a lanzar sus barras encima, a veces con algunos amigos sobre el escenario haciendo algo de bulto.

Hasta que un día, sorprendieron: en sus conciertos de fin de gira en Madrid y Barcelona, en las salas Ochoymedio y Razzmatazz, sorprendieron acompañándose por la banda canaria Solo Astra en una parte del show. Ahí empezaría todo.

Lo que siguió, fue un parón en la carrera en solitario de Pimp Flaco, declarando el flechazo por Solo Astra, y funcionando conjuntamente como Cupido. Tras unos primeros shows a finales de 2018, esta banda de pop romántico cuya genética colindaba el trap del catalán y la psicodelia de los canarios, se fundían en un abrazo que se convirtió en un fenómeno.

Conquistando prácticamente todos los festivales indie patrios y avanzando a un ritmo trepidante en mercados como el mexicano, Cupido han sido uno de los fenómenos de 2019. A tal nivel, que Pimp Flaco se vio obligado a parar la máquina, declarando estrés y ansiedad y deteniendo la gira en el último tramo. En cualquier caso, el proyecto sirvió como punta de lanza de una manera de proyectar la música urbana y a los traperos como nuevos iconos del pop e incluso del indie.

DELLAFUENTE: más palos orgánicos que urbanos

La propia genética de la propuesta de Dellafuente pide a gritos mezcla: desde el primer momento, a él y a su compañero Maka se los catalogó como los «traperos flamencos». En el caso del Chino, ha ido mucho más allá que Maka en cuanto a su registro: sigue teniendo ese deje trapflamencado tanto cuando se acerca al reggaetón o la salsa como al house o el pop de radiofórmula.

Y aunque en su nómina de colaboraciones hay artistas de masas como C. Tangana, Mala Rodríguez, Cazzu o Ana Mena; hay espacios que ha conseguido ocupar el granaíno que hasta ahora no se habían ocupado en la puesta en escena de directo.

De ahí que, al menos en la gira que el año pasado lo llevó a escenarios como el del Sónar o el del Arenal Sound acompañado por músicos que lo acompañan con baterías/pads electrónicos o guitarras. Pero especialmente, cuando se atrevió a acercar su música a un registro más acústico y flamenco, acompañado por su guitarrista de confianza, Antonio Narváez.

Pero no solo esos momentos han demostrado su conexión con la música de guitarras. En ese caso anterior, flamencas; pero también se lo ve cada vez más implicado con el circuito alternativo e incluso rockero. Quizá haya hecho caso a Carlangas cuando, en Ya no te veo, la canción que compuso a pachas con Novedades Carminha, el vocalista del combo gallego le dejaba un recado a modo de epílogo que le decía: «Chino, hazte rockero: estás perdiendo dinero». La canción se convirtió en un fenómeno en el circuito, y en una alianza que llevaría a Dellafuente a hacerle caso, y acabar explorando otros caminos.

Esos nuevos caminos lo llevaron por el rock más rudo. Tras varios meses trabajando en el estudio, a principios de este año publicó un álbum junto a Taifa Yallah que recuerda por momentos al sonido de Extremoduro, en otros al de Medina Azahara, en otros incluso deja ecos de una nueva vuelta de tuerca a lo que hicieron Enrique Morente y Lagartija Nick en el histórico Omega.

Este proyecto tenía planes de salir de gira, como banda autónoma de Dellafuente. El confinamiento paralizó, evidentemente, la puesta en escena de un proyecto llamado a ser revolucionario tanto para el rock andaluz como para el trap hispano.

PXXR GVNG & SUPERNOVA BANDA: una anécdota muy salsera

Acabó siendo más una anécdota, un juego; pero podría haber sido algo especialmente grande. Y es que hace cuatro años, cuando los nombres propios detrás de PXXR GVNG (Yung Beef, Kaydy Cain, Khaled y Steve Lean) ya tenían relevancia por sí solos, y se avecinaba un repentino final tras conseguirle sacarle los cuartos a Sony Music con un disco de descartes, y darse un garbeo por algunos festivales; el combo barcelonés decidió hacer un experimento por la vía de la salsa.

Un único show el de PXXR GVNG junto a la Supernova Banda, una suerte de combo de salsa, merengue y bachata que reconfiguró el repertorio de PXXR GVNG para llevarlo al sonido de una big band latina: con vientos, coristas, percusiones y más, en el marco del Primavera Sound de 2016.

Aquello se quedó en solo una anécdota para los anales del festival catalán, pero podría haber sido un ejercicio revolucionario si salían de gira y le daban rodaje a este acople. Quien recogió el guante, y posiblemente haya sido uno de los instigadores de esta experiencia, fue Kaydy Cain, que hizo acercamientos a la salsa y la música latina más bailable en álbumes suyos; aunque aún no en directo.

YONOSOYTUPADRE: Cecilio G sí es el nuevo punk

Una de las preguntas más repetidas desde el ascenso de la música trap ha sido: ¿es el trap el nuevo punk? Hay quienes comparan la transgresión de este ya no tan nuevo género con los albores del punk en la cultura rock; hay quienes comparan la pose de reviente y excesos que muestran habitualmente los traperos con la que tenían los punkis en sus inicios.

Cecilio G pasa de debates, y además de ser una de las personalidades más controvertidas y excesivas del ecosistema trapero estatal, también demuestra que hay maneras de fusionar su pose de trapero con su estatus de punki: haciendo, literalmente, punk. Y más allá de que posee algunos buenos hits en su faceta de icono urbano, la realidad es que Cecilio G acaba llamando más la atención por lo que rodea su música (sus declaraciones, sus tatuajes, su paso por prisión o su entrada al Sónar a caballo), que por la música que hay en sus directos, que por lo general parecen karaokes destartalados.

Sin embargo, ha encontrado enYONOSOYTUPADREuna vía para que su figura se funda con la de Iosu Expósito o Manolo Kabezabolo: punk-rock eléctrico en la que Cecilio está especialmente a gusto, incluso más que en sus directos como trapero. Y aunque hay propuestas como las de GOA o KAKTOV, que utilizan habitualmente guitarras hendidas en distorsión y unas bases que van desde el punk más abrasivo al rock de corte emo; esa instrumentación solo se queda en las grabaciones, sin ponerlas de manifiesto en los directos, como sí sucede con este proyecto de Cecilio.

Su registro vocal en su facción punkarra tiene poco que envidiar a la de iconos del punk transgresivo estatal, y toda el aura que rezuma este proyecto parece tener más que ver con él que cuando se sube al escenario a defender su repertorio trap.

WOS, más rockero que los rockeros

Ahora mismo, no hay artista urbano en Argentina más grande que WOS. No viene del circuito trap, sino más bien del freestyle que conecta más con el rap callejero que con las nuevas tendencias de la música urbana.

Su fama global llegó tras ganar la Batalla de Gallos de Red Bull en 2018, pero el año pasado, en pleno ascenso imparable, sorprendió con un mini-LP de siete canciones en la que su conexión tanto con la cultura rock como con el propio sonido del rock argentino lo convertían en un icono no solo para la Generación Z que creció en el contexto de la música urbana, sino también una bisagra y un puente entre la generación que mamó rock y la que mamó rap o trap.

En su disco no solo queda patente en canciones cargadas de animadversión política como Canguro, con una parte en la que suena casi a Rage Against Machine; sino también cuando se anima a imitar el riff de Luzbelito y las Sirenas de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota en Luz Delito; o cuando suena a una suerte de rock-funk a lo Bowie o Prince en Fresco; o a un r&b de cadencia rock en Pantano.

La prueba la tenemos en sus directos; auténticos shows de un rockero de pro disfrazado de rapero freestyler como lo demostró en dos de los puntos más altos de su carrera: su show en el Estadio Luna Park y el que a principios de año protagonizó en el Cosquín Rock, el festival más importante de rock de su país.

Este show es el que tenía previsto traer a España a citas como el Río Babel o el PortAmérica, pero todo indica que tendremos que esperar para ver al argentino en nuestro país.

En una de las regiones más desiguales del mundo, donde asesinan a las mujeres con tremenda impunidad, una generación de artistas se ha rebelado al son del hip hop. Femcees latinoamericanas como Sara Hebe, Rebeca Lane, Snow Tha Product y Krudas Cubensi denuncian con sus rimas la violencia machista. En este episodio también participa el rapero colombiano Sr. Pablo y recorremos la nueva escena urbana de Uruguay a través de talentos como Zeballos, Eli Almic, Arquero y Santi Mostaffa.
'¿Qué onda?' nació para visibilizar la música nueva que nos gusta y por desgracia no suele tener hueco en los medios. Pero también para recomendar los últimos éxitos que hemos disfrutado, sin importar que sean comerciales. Por eso nos sentimos especialmente orgullosos de este 12º episodio, donde os ofrecemos una selección que no se puede escuchar ahora mismo en ningún lugar, al menos en este planeta. El viaje comienza por la escena subterránea capitaneada por El Jincho desde el barrio calentón de Orcasitas, en Madrid. De ahí pasamos al flamenquito reggaetonero del clan Chavea, de Omar Montes a Original Elías. Y la última parada está en un circuito que todavía no existe, el que se están inventado jóvenes como Paranoid 1966 y New Boix. Sean bienvenidxs todxs los terrícolas con oídos abiertos.

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