El Pavo Frank

Mirar mi vida

Su hogar es puerta de entrada a la calidez, a la tranquilidad y a la música. Las paredes de la sala están tapizadas de reconocimientos y premios. Me llama la atención uno firmado por Aldemaro Romero en 1973: «…Artífice de la Onda Nueva…sin cuyo valioso aporte…”.

Estela, nacida en Colombia, tercera esposa, consejera y ojos de El Pavo Frank nos ofrece café. Hice bastante porque sé que ésto va para largo.

Con una memoria prodigiosa, tan buena como su carácter, El Pavo Frank me pidió que le hiciera pocas preguntas porque quería hacer el ejercicio de contarse, de corrido, pues. Y lo hizo muy bien.

Además de la amistad y la música tenemos dos afinidades y una contraseña: ambos somos hijos de Obatalá y fanáticos del mismo equipo de béisbol. Para dar inicio a lo que teníamos planteado, soltamos nuestra sagrada contraseña, la única: Ehhhh ¡La Guaira!

Desde el vamos

Mi nombre es Francisco Antonio Hernández, como mi papá, Francisco, como mi abuelo, Francisco. Mi padre se llamaba Francisco Hernández Monroe y mi madre Alec Valarino de Hernández. Nací en la casa de mis padres, en Villa de Cura, con partera. Eso fue el 26 de septiembre de 1934.

Mi infancia fue muy bonita. Fue una infancia de pueblo allá en Villa de Cura con mi hermanos recorriendo siempre la plaza, el cuartel, los bomberos. Papá y mis abuelos tenían un terreno donde criaban animales, y pasé mucho tiempo allí y allí me nació el gusto por la radio debido al potente receptor que tenían para escuchar emisoras de afuera. Era un pueblo pequeño y muy grato. Estaba muy niño y no puedo olvidar el sonido de las campanas de la iglesia de Villa de Cura. Recuerdo que me busqué (luego lo sabría) un fleje de ballesta de camión y con eso imitaba el sonido de las campanas. También recuerdo que había en casa un cuatro (instrumento de cuerdas típico de Venezuela) pero yo lo volteaba  y lo tocaba como un bongó. Eso mismo lo hacía con las latas de leche que iban quedando vacías en la casa.

Viajé muchas veces a Caracas siendo niño, lo hacía con mi papá quien luego fue empleado de El Almacén Americano de la capital. Cuando lo contrataron nos vinimos a Caracas, por la zona de Quinta Crespo. Eso fue hacia 1945 cuando yo apenas tenía 11 años y andaba de pantalón corto. Me pusieron a estudiar. Ingresé a una academia de dibujo técnico y topografía pero había muchas emisoras de radio cercanas a la casa y a la academia; así que salía de clases y me iba a las emisoras. Radio Caracas estaba cerca y Radiodifusora Venezuela también, y en Radio Difusora se presentaba Luis Alfonzo Larrain. El baterista de Larrain era Germán Suárez, y fue quien me permitió comenzar en el instrumento, en la batería.

Por cierto, en la radio viendo a los músicos me di cuenta de que se decían pavitos, o pavos, entre ellos. Era la palabra de moda para indicar la juventud. Estamos en 1948 y Manuel Ramos, quien era saxofonista en la orquesta del maestro Luís Alfonzo Larraín ensambló su orquesta, pero el baterista que tenía se le fue. Yo me ofrecí y él, aunque sabía de mi potencial, me preguntó que si yo podía tocar la batería, le dije bueno maestro si quiere me pone a prueba, así que toqué en un ensayo y sin dudarlo me contrató como su baterista. Fue así como me comenzaron a llamar El Pavito Frank, y con el tiempo, Pavo, hasta hoy. Dejé los estudios (la vista incidiría en ello) y me formé como un autodidacta. Mi primer viaje en avión fue nacional, a Barquisimeto, en el estado Lara. Fue con Manuel Ramos. Había unos bailes. Tendría yo unos 15 años, por ahí.

Pasé un tiempo con Manuel Ramos y luego fui contratado por Aldemaro Romero, lo que significó un salto importante. Yo le agradezco mucho a Manuel Ramos que no me puso pero en ningún momento, por el contrario me felicitó y me dijo que aquello era por mi bien. Con Aldemaro Romero estuve nueve meses tocando la batería, en esa época yo todavía era un autodidacta, un músico de oído. Toqué con Aldemaro y su Orquesta de Baile hasta que este salió para Estados Unidos.

Alfonso Contramaestre era el baterista de la orquesta de Aldemaro, la orquesta de baile en la que se aplicaba una de jazz y de swing y de los mambos de Noro Morales, de Tito Puente, de Machito. Tiempos de Larrain, de Belisario, de Minaya, de Billo. La cosa es que Contramaestre se fue para Europa junto con Lorenzo González, que era un cantante muy bueno, y Aldemaro me convocó para tocar y yo apenas sabía leer música, yo era «de guataca», de oído. Y aprendí bastante con él. Allí estaba un trompetista, Héctor de León, y un saxofonista, Sócrates de León. Eran dominicanos y hermanos. Eran primer trompeta y primer alto. Con ellos estaba Crucito Pérez, que era un cantante guarachero en la onda de Cascarita, que era el que cantaba en la orquesta en esa época.

La orquesta se terminó y Aldemaro se fue para Estados Unidos y nos quedamos sin trabajo; entonces ellos me dijeron: vente para Santo Domingo. Yo tenía 17 años. Mi pasaporte lo tuvo que firmar mi papá. Era la época de Trujillo en Dominicana. Aquello fue una experiencia y una escuela muy grande que me animó en mis estudios de batería. Recuerdo que mi primer trabajo fijo y bueno fue en La Voz Dominicana. Me pagaban 100 dólares mensuales. Aquello era un edificio de 5 ó 6 pisos con 8 ó 9 estudios de radio; al lado estaba la televisión, luego un anfiteatro y en el penthouse había un local nocturno. Uno era un empleado de la emisora y había que tocar de todo. Así aprendí a tocar tambora. Fue tremenda experiencia y me fue muy bien. Me pusieron a tocar con el maestro Cerón música de André Kostelanetz, que era música popular estilizada, y había que leer sin embuste.

Había un mexicano que tocaba el tímpani, Luciano se llamaba, y se dio cuenta de mi embuste. Y es que yo iba tocando pero de oído, no me equivocaba, no hacía mal las cosas y el director no se daba cuenta, pero Luciano, el timpanista me dijo: Tú no lees música, no lees música, yo te veo. Hay una escuela acá, métete y vas a poder leer. Yo te ayudaré en todo lo que pueda. Así lo hice y empecé a tocar y comenzaron a venir shows. Recuerdo que una vez toqué las tumbadoras para La Tongolele. Pasé un año en República Dominicana, tremenda escuela para mí. Pero me regresé a Venezuela. La extrañaba.

Le pido hacer un alto, tomarnos otro café, coger aire. Iba muy bien el Pavo Frank en eso de contar su impronta ante pocas preguntas. Más que entrevista aquello parecía ser el deseo de su alma. Y si bien había puesto en orden el cúmulo de acontecimientos de su infancia y adolescencia. Habíamos llegado a un punto crucial… y aún Francisco Hernández no había cumplido 20 años

Lil Rodríguez: Pavo, la vida te tenía reservadas más sorpresas a tu regreso de la República Dominicana. Regresos, salidas, retornos, todo cargado de innovación e intensidad. ¿Le damos?

Frank Hernández: Sí. Quedamos en que retorné a Venezuela después de la experiencia dominicana. Casi enseguida me incorporé como baterista a la televisión, en Televisa primeramente (Televisa es actualmente Venevisión en Venezuela). Daniel Pérez era el baterista de planta, pero se fue. Así llegué a la televisión y pude acompañar entre otros a Oréfiche, a Celia, a Carbonell. Para 1953 no existía el video tape. Todo era en vivo. Teníamos que ensayar mucho, porque si uno se equivocaba eso salía al aire. Igual con las grabaciones. Se grababa directo al acetato. Si cometías un error, eso quedaba ahí y se enteraba todo el mundo, entonces eso te daba responsabilidad y te obligaba a ser estricto contigo mismo y con tus instrumentos. Por eso me siento realizado como percusionista. Hasta maracas toco. Acá en Venezuela había que tocar de todo: para bailes, música clásica, popular, shows. No había las especialidades que hay hoy, como el rock y la salsa. En mi tiempo había que tocar batería, timbal, todo, para tener acceso a los artistas, a las grabaciones y a la televisión.  Así, entre una cosa y otra tomé la decisión de ir a Nueva York porque quería cumplir mi anhelo de estudiar Técnica de la Batería. Acopié mi dinero y me fui porque ya tenía algunos conocidos allá y también había músicos que sabían de mi trabajo. Era 1958 y ya había caído la dictadura de Marcos Pérez Jiménez.

En Nueva York pude trabajar con varias orquestas y pude estudiar con Henry Adler. Un día me mandó a buscar Tito Puente para pedirme que lo sustituyera en su orquesta porque le habían ordenado un reposo médico. Así lo hice. La suplencia duró tres meses y a su retorno me sentí muy halagado por las felicitaciones del maestro Puente. Pero ya Mongo Santamaría se había fijado en mi trabajo y me contrató para hacer una gira por varias ciudades de Estados Unidos. Su flautista, Mauricio Smith, me consiguió después un contrato para Panamá y me fue bien; cuando regresé a Nueva York el mismo Mauricio Smith me consiguió otro contrato para Puerto Rico. En la Isla del Encanto trabajé con César Concepción y su orquesta.

Acumulé experiencia en esos tres países, conocí a grandes personajes como Fajardo, Pérez Prado, Machito, el mismo Tito Puente, pero un día me volvió a picar la nostalgia y me dije: es hora de retornar a Caracas. Habían pasado seis años.

Otro respiro y otro buchito de café. Pregunto a Estela si lo ve cansado y ella me dice que no, que lo siente muy animado y contento.

LR: Pavo… ¿era sólo nostalgia?

FH: No. La nostalgia existía pero también quería compartir con los míos, exponer mis avances, ver cómo estaba la música en Venezuela y las posibilidades de accionar en mi propio país. Yo me había traído unos arreglos de Ray Santos con la intención de tocarlos con una orquesta propia, porque yo quería hacer mi orquesta. Y la hice. Freddy León me ayudó y pude hacer cinco discos LP con la RCA Víctor.

LR: ¿Fueron tus primeras grabaciones?

FH: No. Mi primera grabación con orquesta fue con Willy Gamboa, el LP Baile en la Noche, 1957. Además de mi idea de tener orquesta, llegando de Estados Unidos me fui a trabajar como baterista de planta en el naciente canal de televisión CVTV, hoy VTV. Llegué de la mano de Aldemaro Romero, quien tenía un alto cargo musical ahí. Estuve en el Canal 8 desde su fundación en 1964 hasta que salí jubilado en 1990 por el tema de mi visión.

Yo grababa muchas cuñas, unas ocho cuñas a la semana, pero ¿sabes? Era un trabajo anónimo, salvo el del locutor. Aldemaro también hacía bastantes cuñas y entonces en una ocasión, estando de furor la bossa nova Aldemaro me dice: Hay que hacer una cuña con música venezolana pero el creativo no quiere arpa ni cuatro ni maracas, sino algo novedoso, moderno, pero el aire debe ser venezolano. Me quedé pensando y le dije que me diera chance a ver qué se me ocurría y lo que se me ocurrió fue acudir al ritmo de la bossa nova, que me encantaba. Me dije: bossa nova, pero en el ritmo del 3×4 de la música venezolana a ver qué tal.

Déjame decirte que a Aldemaro le encantó y al creativo también, pero a Aldemaro le gustó tanto que me dijo: en esa forma de tocar podemos acompañar cualquier tema y hacer música. Por fortuna para nosotros la publicidad que la había encargado no la compró. Entonces quedó libre para nosotros. No tenía nombre la creación. Salsa criolla le empezaron a decir.

Aldemaro comenzó a hacer arreglos y formó un grupo con voces. Fue cuando Jacques Braustein escuchó y dijo que aquello era una onda nueva.  Se hablaba ya de new age, la nueva era. Para nosotros lo nuestro era la onda nueva. Listo!. Así se quedó. Le hice un método a la onda nueva porque había estudiado la técnica de la batería. Hice el método escribiendo y siguiendo el patrón del ritmo de la onda nueva, creado por mí.

Aldemaro no tenía ángel, no caía simpático y eso incidió en la onda nueva, pues los músicos no querían participar “porque eso es de Aldemaro, y qué va”. Fue toda una batalla convencer a muchos de que Aldemaro no era el dueño de la forma de tocar, del ritmo de la onda nueva. Yo estaba identificado con la onda nueva y se hicieron los festivales con artistas como Chico O’Farrill, Willie Bobo, Tito Puente, Milton Nascimento, Astor Piazzolla, una cantidad de luminarias. Se tocaba y se premiaba. Después vendría la gira de Renny Ottolina por Europa que nos llevó a la mismísima Torre Eiffel en París. En esas presentaciones de Venezuela había gaitas con Las Bucaneras, estaba también Anselmo López, Yolanda Moreno, Las 4 Monedas. Eran Shows estupendos. Recuerdo que servían hallacas, caraotas, comida típica. Bueno, imagina: salieron contratos para Bélgica, Alemania, Suecia, España, Italia, y gustó mucho la onda nueva. Cuando regresamos a Caracas el presidente Caldera nombró a Aldemaro director de El Poliedro y se fue enfriando la onda nueva. Se hicieron discos, pero la hija de Aldemaro se retiró y otros integrantes también y bueno, el grupo se desintegró como pasan las cosas, como Irakere. Se acabó. Quedaron los discos.

Yo seguí mi camino e hice mis programas de televisión y mi música; entré en el jazz pero no dejé de querer a Cuba, porque recuerdo que cuando era pequeño en Villa de Cura yo escuchaba con mi abuelo la CMQ y Radio Progreso de La Habana, y escuchaba a Chepin-Choven, y danzones y a Romeu,y en Venezuela se escuchaba mucha guaracha y mucho bolero. Claro, en Estados Unidos escuchaba a Glenn Miller y a Machito y lo que éste hizo en el jazz latino. Cugat para mí era muy comercial, y escuchaba a Dizzy Gillespie y recuerda que me tocó sustituir a Tito Puente y lo hice bien, tan bien que a su regreso me pidió que me quedara con él, pero soy inquieto y me dio por el timbal y ahí pegué con Mongo Santamaría y me fue muy bien. ¿Eso te lo conté?

LR: Sí, Pavo.

FH: En Venezuela toqué con todas las orquestas menos con Billo, que era gallego, y no me gustaba. Estaba en el Pasapoga de 10 de la noche a 5 de la mañana. Acompañé a Celia, Benny Moré, Rolando Laserie, Los Rivero, Carbonell, Nat King Cole, Sarita Montiel… Benny y yo nos hicimos amigos. Ese era el más grande. Más recientemente haber formado parte de El Trabuco Venezolano y de la Sinfónica Municipal ha sido todo un honor. Y claro, chama, tener mi propia discografía es muy especial para mí.

Entramos en la recta final. Ya no quiero café. Estela me ofrece un ron que enseguida acepté. El Pavo no, porque tiene tratamiento.

La vista

FH: Mi padecimiento fue congénito. Lo heredé de mi bisabuelo por la linea materna. Pensábamos que era hipermetropía pero luego, con los años y los descubrimientos médicos supimos que era retinosis pigmentaria y que no tenía cura. En la Unión Soviética lograron detenerla por tres años y luego, en Cuba el doctor Orfilio Peláez trató de detener la enfermedad, pero a nivel genético para que no se siga heredando. Me operaron en Cuba pero mi mal estaba muy avanzado. Ya se me bloqueaba la retina, sobre todo de noche. El exceso de luz me hacía daño y para trabajar copiaba las partituras en un formato muy grande. De los nueve hermanos que fuimos sólo dos heredamos la retinosis, una hermana y yo.

LR: ¿Y el corazoncito?

FH: Me he casado tres veces y Estela, mi tercera esposa es mi todo. A Estela lo que le falta es tocar por mí. Me siento satisfecho con lo que he vivido, y como me sé mover dentro de mi casa, pues no tengo problema, pues ya casi no salgo, y como ya hice lo que tenía que hacer, puedo decir que cumplí mi tarea. Ahora escucho mucha música y ligo a mi equipo de Béisbol, a mis Tiburones de La Guaira. ¡Eh eh eh!

Post data

Al Pavo le volví a ver en el Museo del Teclado de Caracas cuando asistió a un encuentro de percusionistas y se anunció que Changuito, de Cuba, iba a tocar. Changuito, por su parte, no conocía al maestro Frank Hernández. Para el cubano fue toda una revelación y un feliz encuentro.

En 2008 nuestro personaje soportó tres ACV y aún así continuó su vida con alegría, y aunque ya definitivamente no pudo reincorporarse a la música compartía, disfrutaba y transmitía a todos una paz muy especial, la paz que da el trabajo hecho, el trabajo realizado que ha servido para lo mejor.

El Pavo Frank Hernández falleció en Caracas la madrugada del martes 16 de junio de 2009. Tenía 74 años de edad. Son importantes su legado musical y su ejemplo.

¡Bravo, Pavo!

Esta selección de temas de El Pavo Frank Hernández deja intuir algunas de sus influencias y amistades. Por ejemplo, El pompo suena, sin duda, a Tito Puente, en tanto que Para ti es una versión del clásico de su gran amigo Mongo Santamaría. Ondina, en cambio, tiene detrás esa onda de Aldemaro Romero y San Fernando es un tributo a Lucho Bermúdez. Caballo viejo, por supuesto, destila el amor por su tierra y el afecto por Simón Díaz. En la selección también estás sus inclinaciones por la música universal, en especial por el jazz latino. Y en Bravo Pavo (con saco de María Rivas) y El rey del timbal (cantando Freddy Nieto) demuestran hasta la saciedad sus inmensas habilidades.

Playlist

1. "El Pavo" Frank Hernández - El pompo
00:00:11
2. "El Pavo" Frank Hernández - Para ti
00:02:10
3. "El Pavo" Frank Hernández – Ondina
00:04:40
4. "El Pavo" Frank Hernández - San Fernando
00:07:58
5. "El Pavo" Frank Hernández - Caballo Viejo
00:11:15
6. "El Pavo" Frank Hernández – Café
00:15:29
7. "El Pavo" Frank Hernández - La bamba
00:19:31
8. "El Pavo" Frank Hernández - Lily's Boogaloo
00:21:45
9. "El Pavo" Frank Hernández - Choco Soul
00:23:44
10. "El Pavo" Frank Hernández - Congo Blues
00:26:36
11. "El Pavo" Frank Hernández - Rock Island Rocket
00:29:37
12. "El Pavo" Frank Hernández - Dónde está la salsa?
00:35:25
13. "El Pavo" Frank Hernández - Bravo Pavo
00:39:10
14. "El Pavo" Frank Hernández - El rey del timbal
00:42:27

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