Acid Coco (foto: Sandra Pointet).

Acid Coco es el novísimo proyecto de la diáspora colombiana. Este dúo simboliza el siguiente paso en la renovación que emprendieron hace más de una década bandas como Bomba Estéreo y Systema Solar. Su debut Mucho Gusto (El Palmas Music) invita a degustar un sabroso ajiaco, ese reconfortante guiso andino elaborado con pollo, papas y un sinfín de ingredientes más, sólo que en su caso la receta incluye cumbias ácidas, champeta, bullerengue y electrónica, por citar algunas de sus referencias.

El grupo nació en 2016 con unas cervezas frías para resistir uno de los veranos más calurosos que se recuerdan en Ginebra (Suiza), a donde el multiinstrumentista Paulo se había trasladado después de crecer a caballo entre Bogotá y Cali (donde se sumergió en el circuito subterráneo del punk y el metal) y desarrollar su carrera como productor en la escena de clubes de vanguardia en Alemania, además de formar parte de proyectos de fusión como El Dragón Criollo.

Andrea vive desde hace un tiempo en Berlín y en 2019 regresó de nuevo a Ginebra para lanzar definitivamente Acid Coco junto a Paulo. Antes esta cantante bogotana estuvo en el combo de reggae colombiano Donkey Records y ahora es parte activa de formaciones como Hinsetzen Pause, donde explora la diversidad de la música latinoamericana y de otras partes del mundo junto a músicos de Alemania, Corea del Sur, Brasil y Austria, entre otros.

Hablamos por teléfono desde Madrid vía Ginebra y Berlín con ellos sobre sus dispares influencias, las conexiones entre Europa y Latinoamérica, el estigma con el que han cargado los ritmos populares de su país, el redescubrimiento de la música afro y la eterna contradicción de un país tan complejo y fascinante como Colombia.

José Fajardo: Vuestra música es un buen reflejo de la inabarcable diversidad de Colombia, es imposible etiquetar lo que hacéis.

Acid Coco: No lo hacemos de forma consciente, nos sale porque venimos de un lugar donde la música es una herencia. A Paulo de chico le gustaba el punk, su papá le decía: ven, préstame el bajo, vamos a tocar un poquito de vallenato. Ahí descubrió esos sonidos tan locos; luego viajas a la costa del Caribe y empiezas a conocer a esos músicos costeños con una destreza tan increíble que parecen marcianos cuando tocan. En Navidad, de noviembre a febrero, el país entero se la pasa bailando cumbias, salsa, merengue, chucu chucu, champetas… Es la música con la que crecimos, sería inevitable no meterla en Acid Coco aunque ahora vivamos en Europa. Por más que quisiéramos sonar distinto, sería imposible. No, marica, siempre vamos a sonar re-colombianos, porque es lo que somos.

JF: Tiene un gran valor reivindicar tradiciones populares que desde hace décadas han sido marginadas, ya fuera por clasismo al proceder de barrios sin recursos, o directamente por racismo hacia la población afro. En Cartagena de Indias las autoridades prohibieron hace unos años a los menores bailar champeta en las calles, porque decían que las muchachas se embarazaban con los bailes.

AC: La champeta es el house de Chicago a la colombiana, un género que surgió en los picós. Es cierto que en esas fiestas callejeras había mucho alcohol, y a veces violencia entre pandillas; tanto es así que champeta es como se llamaba a los machetes. A las elites les da miedo, por eso han intentado prohibirlo. También se ha asociado a las masacres, cuando la guerrilla o los paramilitares llegaban a un pueblo en mitad de una fiesta picotera y asesinaban a sangre fría a la gente. Todo eso quedó en la memoria colectiva. Hace unos años la champeta se volvió una moda y ahora suena en las discotecas gomelas (pijas) de la capital.

JF: Por suerte ahora se vive en Colombia, y en gran parte del planeta, un redescubrimiento de las propias tradiciones, las nuevas generaciones miran hacia la herencia sonora del pasado con orgullo. Está pasando con la cumbia, pero también con la gran desconocida de la música colombiana, la del Pacífico.

AC: Durante muchísimos años la Costa Pacífica ha estado separada del resto del país, es una región muy pobre y con una gran mayoría de población afro a la que las autoridades han abandonado. Sufre desigualdad, una violencia brutal y todo eso no ha permitido que pudieran dar a conocer su cultura hacia fuera. Ahorita está viviendo su momento gracias a fenómenos como ChocQuibTown que han llevado el sonido de las marimbas, el piano de la jungla, hacia un nuevo público. En Cali la cultura musical siempre ha sido súper fuerte, pero ahora se ha disparado con el consumo feroz a través de Internet, la gente joven está escuchando de todo, mezclando un montón de ritmos diferentes sin los prejuicios de antes. Hoy día en Bogotá, la capital, puedes escuchar sonidos de todas las regiones de Colombia.

JF: ¿Cómo fue el cruce entre esa herencia tan rica de la música colombiana y los ritmos contemporáneos que se escuchan en Europa?

AC: En los años 90 hubo un gran auge de la música electrónica en Colombia. Íbamos a fiestas y algunos amigos conseguían discos de Francia, Suiza o Inglaterra. Cuando Paulo llegó a Europa en 2000 se reencontró con esa escena electrónica y comenzó su colección de vinilos. Al profundizar en sonidos sintéticos como el techno o el house se dio cuenta de que no eran tan distintos a los ritmos con los que había bailado en Colombia. La escena de Detroit, por ejemplo, es música africana con texturas diferentes. Fue una buena época de aprendizaje para producir en el estudio, manejar máquinas y hacer mezclas. Por fortuna en este momento las músicas se están fusionando entre ellas, ya no hay reglas.

JF: La portada de vuestro disco es muy evocadora, siento que es una invitación a conectar con las fuerzas primigenias de la naturaleza.

AC: Detrás hay una historia: la de la abuela de la abuela de Paulo, una mujer indígena que murió casi a los 90 años con un pelo negro increíble, sin una sola cana y una vitalidad impresionante pese a que tuvo una vida muy dura. Aunque nunca lo dijera, ella sufría por ese rechazo que existe en Latinoamérica contra los pueblos indígenas. Cuando algo en Colombia «es muy indio» es despectivo. Paulo, en cambio, lleva esa herencia con orgullo. En un país tan machista nuestra vida ha estado marcada por las mujeres, ese matriarcado es la fuerza de Acid Coco. La portada es un homenaje a todas las que nos dieron la vida y nos criaron, es un reconocimiento a la madre tierra, en femenino, esa fuerza de mujer que da la vida y soporta todo el peso del planeta.

JF: ¿Cómo surge ese grito de empoderamiento femenino que es Yo Bailo Sola?

AC: Está inspirada en una cumbia del siglo pasado con Lucho Bermúdez y Pacho Galán. Con esa onda entramos en el estudio. La letra habla de una mujer que quiere bailar sola, sin que la acosen. En Latinoamérica la gente baila con todo el mundo, incluso con alguien que vos no conoces, es lo normal. El problema es que hay manes que bailan con una pelada (chica) y se creen que ya por eso tienen derecho a algo más. En esta canción queríamos contar la historia desde la perspectiva de la mujer y gracias a la voz tan poderosa de Andrea logramos trasladar ese mensaje.

JF: Escuchar El Lamento me recordó al último disco de vuestra compatriota Lido Pimienta, donde ella expresa su tristeza por las noticias que llegan desde vuestro país.

AC: Venimos de un lugar paradisiaco pero áspero, extremadamente violento. Ay, hijueputa, cuando te das cuenta de que otra vez volvemos a la misma historia que nos viene acompañando desde que existimos como República, esa violencia tan absurda y salvaje, tienes que canalizar esa rabia por algún lado. La letra de El Lamento viene de ahí, es una canción triste acompañada de un ritmo de cumbia lento. Es como una terapia sobre la realidad de un país tan bonito y a la vez tan loco.

JF: Al mismo tiempo vuestra música posee un vitalismo que se contagia. Igual sucede con los clásicos de Totó La Momposina y Petrona Martínez: cuentan historias tristes pero alegran el cuerpo. 

AC: Esa tristeza está arraigada en nuestro pueblo, ya viene incluso desde antes, cuando obligaron a comunidades enteras de África a desplazarse para ser esclavos. Es a través del canto y la fiesta que uno puede superar tanto dolor. Cuando eres de un país como Colombia al final creas una capa protectora y terminas viviendo en una tragicomedia constante, con una realidad muy dura y a la vez una tremenda rumba. Es la idiosincrasia de ser colombiano, nuestra manera de enfrentar la tristeza: a través del baile y la música.

Champeta, cumbia, bullerengue, electrónica... Un viaje por los sonidos de Colombia con el debut de Acid Coco, 'Mucho gusto'. Música para bailar incluso cuando estás triste.

Mucho Gusto en Bandcamp.

Playlist

1. Acid Coco – Yo Bailo sola
00:00:08
2. Acid Coco – El amor de mis amores
00:05:23
3. Acid Coco – Sin salida
00:08:45
4. Acid Coco – La chancla
00:13:03
5. Acid Coco – Sólo estás tú
00:16:37
6. Acid Coco – El lamento
00:21:05

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