Gilberto Gil

Cuando doña Claudina Passos Gil Moreira escuchó de boca de su hijo que, de grande, él quería ser músico o presidente, corrió azacanada a buscarle unos tambores. El niño tenía cuatro años y empezaba a tararear canciones. Con diez, doña Claudina lo mandaría a la escuela de música de Salvador de Bahía para que aprendiera a tocar el acordeón. Una mañana soleada y lejana, el chiquillo escucharía a Luis Gonzaga cantando en la radio algo que aún hoy recuerda como revelación: Eu vou mostrar pra vocês como se dança o baião. Se sintió poseído por el ritmo: pensó que había encontrado un destino.

Pocos años después descubriría a Joäo Gilberto y por él se decidiría a tocar la guitarra y la bossanova. Luego llegarían a sus oídos Jimi Hendrix y los Rolling Stones. A comienzos de la década del sesenta, Salvador de Bahía era un epicentro fogoso para las artes en Brasil y, en sus calles, el joven Gilberto Passos Gil Moreira conocería a Caetano Veloso, a Gal Costa, a Maria Bethânia y Tom Zê; colegas y cómplices que impulsarían ese movimiento artístico al que llamaríamos después Tropicália: Una revolución para rehacer la democracia cultural, en palabras de Gil. Un estallido sonoro de inconformidades y luchas, en las de Caetano Veloso.

Tropicália vendría siendo la voz de una generación que anhelaba derrumbar el status quo y lo exponía en canciones políticas con sonidos del rock, el funk y el soul amalgamados en ritmos brasileños este disco famoso es un buen ejemplo: Tropicália: ou Panis et Circencis. A Gil y a Veloso, que contarían con suerte y no serían desmembrados o torturados por la dictadura como tantos otros, la rebeldía les costaría algunos meses de prisión y tres años de exilio en Inglaterra. El tiempo de confinamiento le serviría a Gil para muchas cosas, pero sobre todo para inmortalizar su fama y escribir canciones. Para dejar de comer carne y adoptar prácticas Zen. Para confirmar su deseo de impactar en las políticas nacionales.

A Brasil regresaría en 1972 con nuevas convicciones y un puñado de éxitos: Expresso 2222, Back in Bahia y Oriente son algunos ejemplos. Antes de partir había escrito una especie de carta de despedida que rápidamente se convertiría en algo parecido a un himno. Aquele Abraço hoy sigue siendo un tema que muchos brasileños cantan con una mano arriba en el aire y otra sobre el corazón. A mediados de los años 80, Gil se convertiría en canciller del Salvador y dos décadas después, bajo el gobierno de Lula da Silva, en Ministro de Cultura de Brasil.

Digamos que Gil ha sabido caminar firme sobre la línea recta de sus ambiciones. Digamos que como político tuvo ciertos logros y ciertas fallas, pero también que de su biografía son los que menos importan. De Gil se han dicho muchas cosas: que ha sido polifacético, excepcional, ligero, controversial, traicionero, genial. Tantas cosas que implican demasiado y definen muy poco, en parte, supongo, porque es un artista que no cabe en categorías ni simples descripciones. Puedo pensar en pocos que hayan atravesado victoriosos la difícil hazaña de navegar entre tantas aguas de distintísimos géneros musicales. No me viene a la mente —ahora— alguien más que haya creado canciones en tan disímiles océanos sonoros, y aún conserven la capacidad de estremecer. Gil ha hecho samba, forró, MPB, bossanova, rock, reggae, pop, balada, bolero, jazz, electrónica, disco, soul. Y en cada puerto ha dejado por lo menos un hit. Algunos de sus temas políticos pueden ser cantados como declamaciones amorosas. Sus declaraciones de amor son también discursos políticos. Su oposición a mantenerse estático durante largo rato en un mismo sitio confirma en él esa vocación de la inquietud que, alguna vez, dijo, le parecía fundamental en un artista: “Esa necesidad de moverse, de cuestionar y de saberlo todo sobre aquello que le obsesiona”.

Gil se ha casado cuatro veces. Detesta la palabra “folclor” y adora el yoga y la marihuana. Cree en los poderes transformativos de las sustancias psicodélicas y no cree en ningún Dios. Tiene ocho hijos con los que hoy hace música y dentro de pocos meses cumplirá 80 años. Hace algunos días fui a verlo en un concierto que ofreció con hijo y nietos en el Laeiszhalle de Hamburgo. Vestía entero en seda color rosa, lucía impoluto, el rostro con ojos profundos y cejas enormes tan misterioso y seductor como el de las carátulas de sus primeros discos. Debería decir que fue un concierto ameno pero olvidable, como tantos, porque puedo suponer que para cualquiera que no llevara demasiados años esperando por un momento así, con Gil, eso fue. Debería decirlo, quizá sería más preciso, pero lo cierto es que a mí sí me dejó una estampa en el corazón.

Cantó lo que su público quería escuchar: Expresso 2222, Back in Bahia, Aquele Abraço… No hizo nada insospechado, el concierto duró menos de una hora y no hubo bis. Seguro que varias veces se descachó, desafinó, trastabilló. No creo que la música pueda realmente apreciarse, o acaso comprenderse, desde ese lugar al que nos avienta el hechizo barbitúrico de escucharla, cuando sucede; menos si hemos caído cautivos en una ingobernable adoración, pero confieso que a mí Gilberto Gil me debilita como pocos el nervio para mirar más allá del embrujo. Así que me sonó divino, brillante. ¿O fue tal vez el puro efecto de ver a un músico querido interpretando por primera vez esa bendita canción que a una tanto le alborota?

No sé.  Escuché en su guitarra los acordes que introducen Toda Menina Baiana, la canción que más he bailado de su discografía, y sentí navajitas en en los pies y en el pecho; miré al público risueño y mis ojos aguachinados mancharon el visor de mi cámara, mis mejillas. Probablemente no fue una versión mucho mejor que ninguna otra que hubiera oído antes; insisto, debería decir que solo fue un concierto bueno, pero en cambio declararé que fue el más bonito que alguna vez he vivido. Salí del teatro con ganas de besar a todo el mundo. Con una urgencia inaplazable de querer. Es lo que a veces hace la música y supongo que es bueno que el efecto dure poco, pero también, no lo dudo, que con cierta frecuencia resurja.

Playlist

1. Gilberto Gil - Pega a Voga, Cabeludo
00:00:24
2. Gilberto Gil - Volks Volkswagen Blues
00:05:05
3. Gilberto Gil - Tempo Rei
00:09:07
4. Gilberto Gil - Toda Menina Baiana
00:12:50
5. Gilberto Gil & Caetano Veloso - Cinema Novo
00:17:16
6. Gilberto Gil - Buffalo Soldier
00:21:27
7. Gilberto Gil & Caetano Veloso - Eu Vim Da Bahia
00:27:26
8. Gilberto Gil - Lick Samba
00:30:10
9. Gilberto Gil & Caetano Veloso - Nossa Gente
00:33:18
10. Gilberto Gil - Tres Carabelas
00:36:00
11. Gilberto Gil - Pessoa Nefasta
00:39:42
12. Gilberto Gil - Nêga (Photograph Blues)
00:44:44
13. Gilberto Gil - Barca Grande
00:50:20

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