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Yoko Ono con el paso del tiempo ha demostrado que no es simplemente la viuda de Lennon.  Artista reconocida y presente en todos los grandes museos del mundo, ahora está en España en el Guggenheim de Bilbao presentado una antológica de su obra titulada Yoko Ono, half-a-wind show de marzo a septiembre.

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Yoko es “fluxus”, un estilo de arte que preconiza que el trabajo artístico tiene que empezar por ser diversión, debe ser simple y sin pretensiones. Además debe tratar temas triviales, sin necesidad de dominar técnicas especiales ni realizar innumerables ensayos y sin aspirar a tener ningún tipo de valor comercial o institucional. En dos palabras: impre-sionante.

No es de extrañar que  una persona tan creativa como John se enamorase de ella. No hay dos Yoko. Hija de la aristocracia japonesa con unos padres amantes de la música y el arte, la libertad de Ono se fraguó en la cuna.

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En el aspecto musical reconoce que las mejores obras creadas por ella están simplemente en su cabeza y uno de sus mayores logros fue publicar un disco que proponía como una recopilación de silencios.

El aura de excentricidad que la ha envuelto siempre no era sino expresión íntima de su personalidad diferente; el tiempo ha demostrado que no respondía a una moda pasajera.

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Con 81 años recorre el mundo, se involucra en todo tipo de causas  y defiende cualquier injusticia. Da conciertos con las Pussy Riots y con Lady Gaga y añade a su repertorio el Gran Premio de la Bienal de Venecia de Arte por toda su carrera.

Ono dice que lo que más le gusta es ir descalza, que tiene las piernas cortas y que por eso puede caminar muy deprisa porque tiene que dar muchos pasos para llegar a cualquier sitio. Le gusta llevar sombreros, y grandes gafas de sol, piensa que la mejor forma de bombardear en guerra es tirando billetes de 10 dólares.

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Cuando no está de gira le gusta pasar mucho tiempo sin salir de casa en su apartamento del que dice que le encanta porque tiene grandes ventanas en las que pasa horas pensando: “a veces miro al cielo y siento que mi hogar está muy lejos de aquí, así que tal vez si sea una marciana, o el resultado de un cruce embriones de hace miles de años”.

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Y si a todo eso, añadimos que su abuelo era el hijo de un samurái, y fundador del banco Yasuda, veremos con claridad un retrato aproximado de por qué Yoko ha hecho siempre lo que le ha salido del Ono.

 

 

 

 

 

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