Luisa Sobral (foto: Pablo Sánchez Del Valle)

Los festivales tienen alma, se construyen a partir de una iniciativa y crecen con el impulso de equipos y voluntades. Paquito Martín es el alma de La Mar de Músicas. El 25 aniversario es también el primer año sin Paco. Los que conocimos los primeros pasos del festival sabemos de la capacidad transformadora que ha tenido La Mar de Músicas en Cartagena, una ciudad que parecía abandonada a su suerte en el mes de julio, habitada casi exclusivamente por los inmigrantes que volvían al atardecer de las labores en el campo.

En aquellos años la ciudad estaba aislada del mar por cuarteles y era abandonada por la población que se exiliaba en el Mar Menor. En aquellas circunstancias encontrar un bar abierto un domingo era una tarea “titánica”. Paco Martín buscaba la belleza en la música, en la literatura, en el arte y en el cine y montó un equipo capaz de transformar su ciudad. Por el camino el festival se convirtió en una de las mejores ofertas culturales de verano. Recuerdo mi primer concierto en el parque de artillería que titulé: Cañones y jazmines. Fue el año de Brasil y tardé unos años en descubrir parte del encanto del lugar “es que se riega cada día para que los jazmines hagan su trabajo a la hora de la música”. 

El concierto más perturbador al que he asistido en mi vida fue en el refugio de la guerra civil, donde había una exposición dedicada a los desaparecidos en Argentina durante la dictadura. El lugar era angosto y agobiante, un espacio en que que colgaban fotos de los legajos de los expedientes de los desaparecidos. Y allí ofreció un concierto Dino Saluzzi y fue estremecedor. 

EN LA 25 EDICIÓN 

Los trabajadores del festival quisieron hacer un homenaje a Paquito Martín en el auditorio Parque Torres (que pronto llevará su nombre) y ocurrió justo antes del concierto de Elza Soares. A la foto se sumaron los políticos y entre una cosa, la otra y que la dama tardó lo suyo en subirse al escenario… Hubo bronca cuando alguien desenchufó a la diva, sin cantar su mejor canción. Elza estuvo todo el concierto leyendo sus letras mientras abajo, a su alrededor, una banda magnífica ofrecía una delirante mezcla de música electro-brasileña.

SUBIRSE LA MORAL (Y LOS GLÚTEOS)

Las fotos quedaron magníficas. Pero el retraso acumulado afectó a todos los demás. La chilena Mon Laferte ofreció un concierto mucho más convencional y cuando la caboverdiana Mayra Andrade se subió al escenario quedaban 20 minutos para que fueran las 3 de la madrugada, la hora impuesta por el propio ayuntamiento para finalizar el concierto. Otra bronca. En la plaza del ayuntamiento el “kuduro” angoleño abría el fuego con Pongo la que fuera vocalista de Buraka Sound System, que nos contó que utiliza el “weke weke” para subirse la moral (y los glúteos). 

ENTRE LOU REED Y ANTHONY

Marlon Williams es un descubrimiento de Paquito Martín, pero el neozelandés estaba grabando la película Ha Nacido una Estrella y no pudo ser el año pasado. Nos encontramos con un rocker con un registro vocal entre Lou Reed y Anthony (ahora Ahnoni) a veces se excede por el lado femenino.  

LORENA ÁLVAREZ Y LAS JOTAS INDIES

El folklóre ibérico ha estado dominado por la histórica manera de interpretar jotas, a gritos, así que cuando Lorena Álvarez baja la voz y canta cerca del susurro el efecto es conmovedor. Luego se empeña en hacer virtud de su actitud indie: Seguro que tenéis mejores conciertos que este. ¡Bobadas! Debería aprender del punk, aquí y ahora es lo que hay. No hay futuro, no hay después.

FREE JAZZ Y GALLETAS, LUISA SOBRAL

Luisa Sobral parece la chica perfecta, compone bien, canta con gusto, toca varios instrumentos, habla idiomas y además sabe contar historias. Y cuenta la de su embarazo, ella no quería saber el sexo, pero tenía la intuición de que sería niña: Casi siempre fallo en en mis intuiciones pero me seguía fiando. Llegó el día del parto y cuando me suben a la camilla y estoy entrando al hospital a la doctora se le escapa el comentario. Parece que este niño se resiste. No dije nada, pero en un concierto que estaba la doctora, conté la historia. Luego cantó la canción. Un poco más tarde contó que había llevado a su hijo por primera vez a un concierto de una amiga, un poco loco, de free jazz y eso: Y aguantó más de 20 minutos siguiendo la música. Que es muchísimo para un niño de su edad, luego le di galletas… muchas galletas. La música de Luisa tiene el mismo aire melancólico que la de su hermano, Salvador Sobral, pero además estudió jazz y presenta una canción animada como si fuera el “no-va-más”. El frenesí.  

ORQUESTA AKOKÁN, NUEVA YORK Y LA HABANA

El cantante José Pepito Gómez es una de esas bendiciones para la música universal que conecta con la edad dorada de la música cubana, los años del mambo y del chachachá. La Habana y Nueva York. De nuevo llegaron los “guiris” marcando el camino y fueron los de Daptone Records (Amy Winehouse, Sharon Jones) los que ficharon a una orquesta que se fue a grabar a los estudios Areito (los que se utilizaron para el Buenavista). Pepito Gómez se acerca al mejor cantante «negro» de todos los tiempos: Miguelito Valdés. Además es el compositor de todos los temas. Una parte de la banda vive en Nueva York (Pepito y Jacob Plasse) y la otra en Cuba con el saxo alto César López, capaz de emular a Charlie Parker en los mambos que grabó con Machito.  

MISS BOLIVIA, REGGAETÓN CONTRA EL PATRIARCADO

Desde Argentina, electro-cumbia, reggaetón y lycra urbana con mensaje feminista: El patriarcado se va a acabar.

ANTONIO ZAMBUJO, PORTUGAL PROTAGONISTA

Ya hemos dicho que Paquito Martín era un experto en buscar escenarios imponentes para los conciertos, uno de ellos fue el de Antonio Zambujo en la catedral vieja. La primera sensación era que nos encontramos ante un continuador de Caetano Veloso (lo cual no es poca cosa), pero enseguida deconstruimos a Caetano (recuerden la consigna de la siguiente generación: ¡Hay que comerse a Caetano!). El caso es que a Zambujo se le empieza a entender cuando entras en una taberna del Alentejo y ves a los paisanos cantar mientras comparten el vino. En su regreso a Cartagena, banda grande y concierto enorme en el patio de armas del CIM.

KAMASI WASHINGTON PIDIENDO A GRITOS UN RAPERO 

Si han leído algo sobre “el nuevo John Coltrane”, ya se lo pueden quitar de la cabeza. Apenas hay relación más allá de que ambos tocan el mismo instrumento y que desde la batería se empuja como mil demonios asustados. Coltrane tenía a Elvin Jones y Kamasi Washington tiene a dos baterías que tejen una red rítmica donde destacan las labores de un contrabajista, que aparece envuelto en un pañuelo palestino y que asombra en su musicalidad. El teclista usa varios modelos que nos recuerdan los cachivaches de los años 70 modelo Herbie Hancock y adyacentes, y una vocalista que parece que acaba de salir de un musical sobre los hippies, el verano del amor y todo aquello. Canta poco y tiene una voz sutil de jazzista constipada por el soul. La mayoría del tiempo hace voces absurdas como si quisiera emular a Return to Forever con muchas drogas encima (o con ninguna). Hay momentos en que entre el barullo parece surgir una bossa nova. ¡Absurdo!
Eso sí parece que el objetivo es el mismo que el de Coltrane en A Love Supreme: la búsqueda del éxtasis que viene a ser lo mismo que buscaban San Juan de la Cruz o Santa Teresa

¡Dios bendiga a Kamasi! Proclaman los ateos y los descreídos de la religión de Wynton Marsalis, tan atildado y soso que ha convertido el jazz de los últimos 40 años en un tratado de buenas maneras. Seguramente Kamasi se proclamará en profeta de una nueva religión jazzística que sitúa el punto de partida en África, tal y como le enseñó su papá, presente en la flauta y el saxo soprano, y que ejerce un papel de secundario en una banda que funciona con esquemas más rockeros que jazzísticos. Por cierto, esta banda está pidiendo a gritos un rapero que le de contenido al discurso (por el lado musical, o por donde sea).

BAILANDO EL POGO CON SALIF KEITA

Cuenta Salif Keita que Un Autre Blanc será su último disco, que eso de grabar ya no tiene sentido. Que está de retirada. Ojalá que no. Hace un par de años en su presentación con Les Ambassadors, se molestó con este periodista porque había calificado su música como muy sofisticada. Mi argumento era que cada proyecto discográfico y cada gira presentaba un punto de vista (musical y sensorial) diferente. Si un año su banda olía a madera y calabaza, a la siguiente sonaba a stratocaster y electricidad; incluso tuvo su perfil ligeramente electro. A Keita le molestaba especialmente el jodido término “sofisticado” mientras sus colegas ponían cara de “Keita es el jefe, tendrá sus razones”.

-Entonces ¿como calificaría su música?
-Mi música tiene riqueza.

Asunto concluido, probablemente Keita considera la sofisticación, una argucia colonial de otro hombre blanco.

Keita apareció vestido como un chaval y más contento que un punki dando saltos. Lucy Durán (legendaria periodista de la BBC y catedrática de la Universidad de Londres) le entregó el premio especial de La Mar de Músicas y Keita ofreció otro concierto brutal con una banda ¡FA-BU-LO-SA! Que hizo levantar el culo al patio de butacas ¡un lunes! ¡Para bailar!  

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