Franco

L’Okanga La Ndju Pene Luambo Luanzo Makiadi, mejor conocido en el mundo de la música como Franco, era en los años 70 uno de los hombres más conocidos de África y uno de los más populares y poderosos de Zaire. Franco era el fundador y director de la Tout-Pouissant Orchestre Kinshasa de Jazz, también llamada O.K. Jazz en homenaje al club del mismo nombre donde había debutado. La fundación de la O.K. Jazz databa de 1956 cuando su país todavía era llamado Congo Belga y sufría los rigores de la infame explotación colonial.

Es muy posible que la enorme rebeldía que caracterizó su música, haya nacido en aquel tiempo de juventud. Hijo de un trabajador de vías de ferrocarril y una panadera, Franco había nacido en 1938 en Sona Bata, un poblado al oeste del país; pero su infancia la pasó en el mercado Wenze ya Bayaka de Ngiri Ngiri, un condado de Leopoldville, cantando en la puerta del puesto de pan de su madre. Cuando su padre murió, Franco tuvo que dejar la escuela y ganarse la vida tocando una pequeña guitarra que él mismo construyó, una armónica que le habían regalado, y un kazoo, una especie de silbato hecho con cuerno de vaca y elemento melódico de la música kebo.

Era una música simple, pero muy alegre. Su base rítmica tenía como eje central un tambor cuadrado llamado patenge y todo el mundo lo bailaba. En poco tiempo el pequeño Franco comenzó a llamar la atención; tanto, que cuando cumplió once años el guitarrista Paul Ebengo Dewayon lo invitó a formar parte de su banda folclórica Watam y le enseñó a tocar la guitarra “como Dios manda”. Al año siguiente entraba por primera vez a un estudio de grabación.

LOS DISCOS DESTRUIDOS

Los primeros discos grabados en el Congo Belga los hicieron dos hermanos griegos, Nico y Alexandros Jéronimidis en 1948. Su primer sello, Ngoma, fue una especie de rastreador de sonoridades en un país carente de tecnología. Los hermanos llamaban a las bandas callejeras y reproducían su sonido en bloque. Y estas tocaban son cubano, guaracha y cha cha chá, pero también la música kebo y una forma más evolucionada de esta llamada rumba. Las matrices se enviaban a Paris y una vez impresos los discos volvían para venderse en el Congo y Camerún. Ngoma grabó 2.000 discos de 78 rpm, pero en 1963 un incendio quemó todas las matrices. Y en 1967, los hermanos Jéronimidis donaron sus copias al gobierno de Mobutu Sese Seko, con tan mala suerte que un zafarrancho durante un intento de golpe de estado acabó con la destrucción de todo el archivo.

Otros inversores griegos fundaron en 1950 un sello nuevo, Opika, y dos más crearon un tercero, Esengo, y un cuarto, Loningisa. Y fue allí, en los estudios Solbena, al servicio de Loningisa, donde Franco y una banda creada para la ocasión, grabó la canción Bolingo na ngai na Beatrice, (Mi amor por Beatriz). Fue el símbolo de una eclosión. Eran los primeros pasos de la rumba congoleña y el surgimiento de una generación de músicos brillantes.

Pero Le Grand Kallé (Joseph Athanase Tchamala Kabasele), Nico Kasanda, Dechaud Mwamba o Henri Bowane eran músicos profesionales, formados y educados como tal. Franco venía de la calle, no había detrás suyo más que el leer y escribir. Por eso, Henri Bowane le enseñó el lenguaje musical y le ayudó a perfeccionar su estilo de sabene, aquellos riffs de Libaku ya nguma (guitarra eléctrica), para que sus creaciones tuvieran un color parecido al que produce la kora o el arpa, utilizando el índice y el pulgar. En poco tiempo Franco era un experto.

LA OK JAZZ

Corría el mes de junio de 1956 y Leopoldville, capital del Congo Belga, vivía jornadas continuas de agitación social. Patrice Lumumba había fundado el Movimiento Nacional Congoleño. El gobernador Petillon hacía lo indecible por contener las manifestaciones y el clima de odio iba en aumento. A todo eso se sumaban décadas de trabajos forzados por parte de Bélgica, que habían matado a cerca de ocho millones de congoleños. La viruela y la mala alimentación campaban a sus anchas. El padre de Franco había sido una víctima de ello.

Pero además, la educación colonial había tratado de imponer valores europeos que, al final de cuentas, sólo lograron alejar a la población de dichos valores y acercarla a lugares del mundo que habían vivido situaciones similares. Descubrir lo afrocubano fue impactante, y saber que la música africana había tenido un desarrollo tan grande en el Caribe resultó, cuando menos, sorprendente. Sin embargo, para la mayoría de sectores, Cuba y el Caribe eran países muy dejando haciendo cosas muy diferentes a las suyas.

Sólo algunos empresarios vieron la posibilidad de mostrar lo afrocubano. Uno de ellos era Oscar Kashama, dueño de un local nocturno llamado OK Bar. Siendo aún menor de edad, Franco entró a trabajar allí al frente de una banda que también conformaban Daniel De la Lune Lubelo, Jean Serge Essous, La Monta LiBerlin, Landot Rossignol Philipe, Nicolas Bosuma Dessouin, Roitelet Munganya, Saturnin Pandi y Vicky Longomba. Pero la banda no tenía nombre, de modo que Kashama les propuso: Si están tocando en el OK Bar, se podrían llamar OK Jazz. Y la leyenda nació.

La OK Jazz era entonces una banda de formato elástico, conformada por saxo, bajo, percusión, guitarras eléctricas y cantantes, el formato más común en las ciudades africanas; y su repertorio era ante todo música cubana adaptada a ese formato y cantada fonéticamente en lingala. Aunque en ocasiones utilizaron trompeta, un instrumento poco común en aquel tiempo, buena parte de su éxito inmediato fue el contrapunto que ejercían el saxo de Essous y la guitarra de Franco. En el OK Bar lo empezaron a llamar “El hechicero de la guitarra”.

LA INDEPENDENCIA

Tras una serie incansable de grabaciones para los sellos Loningisa, Opika y Surboum, Jean Serge Essous se retiró de la banda y Franco asumió un nuevo papel como compositor. Sus letras hablaban de amor y cotidianidad, pero el doble sentido era algo común en las calles de Leopoldville. Ya no puedo más, no lo puedo controlar. Un demente soy cuando te miran. Quien quiera hablar, debería escapar. Y cuando cumplió 20 años de edad lo encarcelaron.

Ya convertido en ídolo, Franco fue aclamado durante su liberación, pero quedó marcado por las autoridades colonialistas, que lo buscaban cada vez que grababa una nueva canción. Cuando el cantante Vicky Longomba se retiró de la banda para vincularse a L’African Jazz de Grand Kallé, el papel de Franco adquirió más relevancia. Todas las decisiones pasaban por sus manos, mientras la agitación social y la violencia iba en aumento.

Tras casi medio centenar de muertos en un mitin fallido de la asociación independentista Alianza de los Bakongo y la excarcelación de Lumumba, Bélgica concedió la independencia al Congo en junio de 1960, siendo presidente presidente Joseph Kasa-Vubu. Sin embargo, como las condiciones europeas para la independencia eran coercitivas Lumumba y Kasa-Vubu se enfrentaron agriamente, y Lumumba fue arrestado y asesinado. Mobutu Sese Seko tomó el poder y Franco, el cantor de la independencia, salió del país.

El TODOPODEROSO

Cuando la situación del país se fue estabilizando, Franco volvió tras una serie de grabaciones en Bélgica con una banda más establecida y la idea de cantarle a la vida cotidiana. Mobutu Sese Seko había iniciado un proceso de reconstrucción económica y anunciaba con bombos y platillos sus logros. En 1966 Leopoldville pasó a llamarse Kinshasa y comenzó a operar la televisión. Franco, al igual que los otros músicos, encontró una nueva forma de mostrar su arte.

En 1971 el Congo cambió su nombre por el de Zaire, pero el mandatario fue dando paso al dictador y al megalómano. En 1972 se cambió el nombre a Mobutu Sese Seko Nkuku Wa Za Banga (El guerrero todopoderoso que, debido a su resistencia y voluntad inflexible, va a ir de conquista en conquista, dejando el fuego a su paso). Es difícil saber que pasó entonces entre el revolucionario músico y el nuevo dictador, pero Franco lo apoyó a pesar de sus abusos de poder, en el intento de este de crear un movimiento cultural zaireño.

Pero a pesar de ese apoyo, Franco criticaba al político en sus canciones y Mobutu Sese Seko lo hacía arrestar. Una y otra vez entraba y salía de prisión, una y otra vez cantaba contra el Gobierno, una y otra vez tenía reuniones con Mobutu. Franco se había convertido en un ser indomable y en ese lapso de tiempo llegó a grabar un centenar de discos de 78 y 45 rpm. Fue todo un récord para la música de Zaire.

La OK Jazz también tuvo cambios. Pasó a llamarse Tout Puissant OK Jazz o T.P.O.K. Jazz, y el formato se fue ampliando de diez a doce, a veinte, e incluso a treinta músicos. La todopoderosa OK (que había pasado de significar Oscar Kashama a Orchestre Kinshasa) era una big band apropiada para grandes escenarios y al mismo tiempo un ensamble para locales pequeños que solían dirigir antiguos miembros fundadores de la banda. Y la mejor oportunidad para mostrar su ductilidad y fuerza fue en el macro evento Zaire ’74.

ALI, JOHNNY PACHECO Y JAMES BROWN

En 1974 Muhammad Ali, “El más grande” quería recuperar su corona de los pesos pesados. Estaba empeñado en ello aunque delante tenía un gigante. George Foreman, de Marshall, Texas, 25 años, 1.93 de estatura, 40 combates ganados, 20 por la vía rápida y 18 por KO técnico. Foreman era una bestia, imbatible, enorme, pero precisamente por eso Ali decidió que lo iba a vencer. Un empresario ambicioso y joven, Don King logró entrar en contacto con Mobutu Sese Seko y lo convenció para que aflojara diez millones de dólares, cinco para cada púgil, y tendría todas las cadenas de televisión del mundo pendientes de su país. Y el mandatario, empeñado en dar a conocer su filosofía nacionalista, aceptó. El combate del siglo se anunció para el 25 de septiembre en un show llamado Rumble in the Jungle. Y en medio de aquella promoción dos personas tocaron a las puertas de King con una nueva idea.

Al trompetista sudafricano Hugh Masekela y el productor estadounidense Stewart Levine se les ocurrió organizar un concierto destinado a la promoción de la música afroamericana. Empezaron a mover los hilos y el concierto acabó convirtiéndose en un festival programado para los días 22, 23 y 24 de septiembre en el estadio principal de Zaire, llamado entonces 20 de Mayo. Massekela y Levine convocaron por la parte estadounidense a el rey del soul James Brown, el gran guitarrista B.B. King, el artista blues Bill Withers, el percusionista afrobeat Big Black, el grupo soul de Detroit The Spinners, y el grupo funky de Houston The Crusaders. Por la comunidad latinoamericana, a la Fania All Stars. Y por la parte africana, a la banda congoleña de soul Orchestre Stukas, los cantantes también congoleños Tabú Ley Rochereau y Abeti y Abumba Masikini, el saxofonista camerunés Manu Dibango, la diva sudafricana Miriam Makeba y, por supuesto, la T.P.O.K. Jazz.

La organización de Zaire’74 iba sobre ruedas, pero en un entrenamiento el sparring de Foreman, Bill McMurray, le abrió una brecha en la ceja derecha de un codazo y la pelea se pospuso. Pero el festival, que estuvo a punto de cancelarse, siguió adelante en tanto que la pelea se aplazó para el 30 de octubre. Fue la apoteosis de Franco, amo y señor de la parte previa del evento, con un público que sabía sus canciones de memoria y las bailaba con frenesí. Fue también su manera de mostrarle a aquellas estrellas de que pasta estaba hecha su música.

James Brown siempre había sido un referente en el Congo. Era posiblemente el artista más escuchado en las emisoras de radio y del que más canciones se hacían versiones. De hecho la Orchestre Stukas le dedicó su concierto en aquella jornada. Franco sentía debilidad por Brown y había sido anfitrión durante la gira que llevó a la estrella del soul a Kinshasa en 1969. El otro ídolo de Franco era Johnny Pacheco.

El flautista dominicano y fundador del sello Fania había visitado África central en abril de 1964 con su Charanga, aunque no se presentó en Kinshasa, sino en Dakar gracias a una invitación de La Radio Africaine. Pero a raíz de esa visita, sus canciones en particular y toda la salsa que representaba en general, inundaron el Congo de sonido caribeño. Las ediciones de discos de salsa prensados en Francia se vendieron como espuma en el país tras la independencia y aunque todavía era muy pronto para el posterior desarrollo de la industria discográfica africana en Abiyán, la salsa se metió desde entonces en el corazón de los músicos congoleños, que la empezaron a tocar. Franco era uno de esos músicos.

¿Y qué pasó con la pelea? Bueno, pues se celebró finalmente el 30 de octubre y con todo lo que había sucedido, pasó a la historia como una de las tres peleas más grandes de todos los tiempos. Ali reconquistó la corona en el octavo asalto. Todo esto dio pie a un libro de Norman Mailer y a tres documentales: Fania All Stars en África, de Leon Gast; Cuando Éramos Reyes, también de Leon Gast (ganadora del Oscar al mejor documental en 1996), y Soul Power, de Jeffrey Levy-Hinte. También se prensó un LP de Fania con las canciones de la orquesta en el evento. Sin embargo, en ninguno de estos trabajos se mencionó a los músicos africanos que tocaron. Apenas en 2017 el sello Wrasse Records sacó el álbum doble Zaire 74: The African Artists con las doce canciones que tocó Franco and T.P.O.K. Jazz.

MARIO

Convertido en poco menos que una leyenda de la música africana, Franco inició una serie de conciertos en diferentes países, siempre auspiciado por el Gobierno de Mobutu Sese Seko. Guinea, Tanzania, Gambia, Senegal, Costa de Marfil… y luego la gira por Europa que facilitó la reedición de sus discos hechos en África.

A comienzos de 1977 participó en Festac ’77, el Segundo Festival Mundial de Artes y Cultura Negra y Africana, celebrado en Lagos, Nigeria. Fue quizás el evento más grande en el que estuvo. 16.000 participantes de 56 países, una locura que tuvo como estrellas invitadas a Stevie Wonder, Gilberto Gil, Mighty Sparrow, Miriam Makeba, la Bembeya Jazz Orchestra y él, por supuesto. La gente lo adoraba y sus discos se vendían como la espuma.

Hay una teoría sobre sus canciones. Se cree que Franco aprovechó ese carisma para hacer canciones provocativas que hablaban de sexo sin tapujos, fetichismos y varios temas “non sanctos”, pero que el defendía argumentando que eran muestras de sinceridad. A ello ayudó su amigo, el poeta y guitarrista de la T.P.O.K Jazz, Lutumba Simaro. En 1978 ambos fueron arrestados tras la grabación de tres canciones explícitas: Sous-Alimentation, Jackie y Helene. Los fans se agolpaban en las puertas de la prisión para verlo y ante el temor de un mitin y una fuga, el Gobierno los trasladó a cárcel rural en el sur del país.

Franco iba y venía en sus ideas contradictorias. Por aquellos años se declaró musulmán y cambió su nombre a Aboubakar Sidiki. Luego volvió a abrazar el catolicismo. Paralelo a ello fundó cuatro compañías discográficas para promover nuevos talentos de su país: Boma Bango, Éditions Populaires, Epanza Makita y Surboum OK Jazz. Canciones como AZDA, que utilizó la Volkswagen para sus asunciones, le reportaron grandes cantidades de dinero que invirtió en propiedades en Bélgica y Francia y en varios clubes nocturnos en Kinshasa, como el Un Deux Trois Club.

Nombrado Oficial de la Orden Nacional del Leopardo y Gran Maestro de la Música de Zaire, Franco volvió a hacer una canción controvertida en 1985, Mario, la historia de una mujer mayor y un gígolo. Fue un éxito atronador. La versión original era larguísima, lo que le permitió hacer una segunda parte y diferentes versiones cortas para radio y discos de 45 rpm.

Y de pronto, dejó todo atrás. Sus canciones pasaron de la provocación a la alabanza de buena vida y el enaltecimiento de las labores gubernamentales. La gente lo aceptó, pero marcada por el desconcierto. A mediados de los años 80 redujo ostensiblemente su número de grabaciones y actuaciones en vivo. Nombro a Lutumba Simaro su “vicepresidente” y se negó a aparecer en público. Comenzó a aumentar de peso y llegó a los 135 kilogramos. Le costaba moverse y cuando en 1987 lanzó el álbum Attention na SIDA, corrió el rumor que tenía VIH.

Franco estaba enfermo, en efecto, aunque de otra cosa. Padecía insuficiencia renal, pero las especulaciones lo volvieron a meter en los estudios de grabación para hacer un último álbum, grabó un álbum, Les Rumeurs, justamente criticando los comentarios callejeros. A mediados de 1989 fue llevado a Bélgica y fue ingresado en la Clínica de la Universidad Católica de Lovaina Mont-Godinne, en Namur. Allí murió el 12 de octubre de aquel año. Zaire tuvo cuatro días de duelo nacional. Tenía 51 años y había grabado 150 discos. Ya era leyenda.

Esta playlist va de lo último que hizo Franco al frente del TP OK Jazz a sus primeras grabaciones. Comienza con la apertura y final de su famoso concierto en el festival Zaire '74, en el que participaron la Fania All Stars y James Brown, entre otros, previo al combate de boxeo entre George Foreman y Muhammad Alí. Este viaje, que incluye una variación "non stop" de su popularísimo tema Mario, incluye el  también popular Tcha Tcha Tcha De Mi Amor, que lo encumbró a la fama en Europa.

Playlist

1. Franco & Le TP OK Jazz - Introduction (live Zaire '74)
00:00:10
2. Franco & Le TP OK Jazz - Instrumental (live Zaire '74)
00:02:25
3. Franco & Le TP OK Jazz - Mario Non Stop
00:05:19
4. Franco & Le TP OK Jazz - Mambu Ma Miondo
00:10:45
5. Franco & Le TP OK Jazz - O.K. Jazz Makila Mabe
00:15:39
6. Franco & Le TP OK Jazz - Mami Majos
00:18:32
7. Franco & Le TP OK Jazz - Banzonzele Mama Ana
00:21:41
8. Franco & Le TP OK Jazz - Malambo Zela
00:24:23
9. Franco & Le TP OK Jazz - Oyangani Ngai
00:27:28
10. Franco & Le TP OK Jazz - Tcha Tcha Tcha De Mi Amor
00:30:32
11. Franco & Le TP OK Jazz - Tika Kondima Na Zolo
00:33:37
12. Franco & Le TP OK Jazz - Anduku Lutshuma
00:36:32
13. Franco & Le TP OK Jazz - Liwa Ya Wech
00:39:29
14. Franco & Le TP OK Jazz - Amida Muziki Ya Ok
00:42:06
15. Franco & Le TP OK Jazz - Isaac Ombele
00:44:50
16. Franco & Le TP OK Jazz - Bato Ya Mabe Batondi Mboka
00:47:34
17. Franco & Le TP OK Jazz - Nous Deux Moziki Ya Ok
00:50:06

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