Chano Domínguez celebra en el Café Central de Madrid sus cuarenta años de carrera profesional con un mes de conciertos. Con motivo de este aniversario Isabel Llano lo buscó y habló sobre sus inicios en la música, sobre como fue el día en que llegó el duende, el porqué de la guitarra antes que el piano, el llanto con una pata de jamón, la música de El Padrino y la aparición de la música profesional.

Chano Domínguez ha pasado por una suerte de experiencias suigeneris como CAI, el mítico grupo de rock andaluz, por aprendizajes compartidos con Tito Alcedo, por enseñanzas de Bill Dobbins y por una relación con el cine a través de la película Calle 54 de Fernando Trueba. Pero también Chano ha trabajado con músicos infalibles como Blas Córdoba, Javier Colina, Guillermo McGill, Israel Suárez “Piraña” y los bailaores Tomás Moreno “Tomasito” y Daniel Navarro, además del New Quartet y de su gran amiga Martirio.

Su ciclo en el Café Central está dividido en seis formatos: 13 y 14 de agosto, piano solo; 15 al 19 de agosto, NFS; 20 al 26 de agosto, Cuarteto Flamenco; 27 agosto al 2 de septiembre, Trío; 3 al 5 de septiembre, Spanish Brass; y 6 al 9 de septiembre, New Your Cuartet.

Cuarenta años de tu primer disco y un un mes de conciertos en el Café Central.
El Café Central lleva años proponiéndome que en verano estuviera un mes seguido tocando, casi que desde que nos dejó Tete (Montoliu), porque él lo solía hacer todos los años. Yo disfruté muchísimos años, me iba a Madrid a ver a Tete al piano solo cada día, aprendí mucho viéndolo tocar. Desde que Tete se fue ellos me lo proponían a mí, pero estar un mes entero tocando todos los días siempre me ha parecido como demasiado y me lo sigue pareciendo. A mí me gusta tocar todos los días, pero tocando todos los días en el mismo sitio con la misma formación es como demasiado, entonces lo más que le hice fueron dos semanas, pero este año coincidiendo con que se cumplen los cuarenta años de mi primer disco, me parecía que tenía más sentido decir sí hago el mes entero, pero de esta manera: vamos a hacer una celebración de mis cuarenta años de profesional en el Café Central, una excusa para estar un mes ahí tocando, con veinte músicos diferentes que van a pasar por el escenario, tocando seis repertorios diferentes: toco a piano solo, toco con una formación eléctrica que es el New Flamenco Sound, toco con el cuarteto flamenco que es con cante, con baile, percusión flamenca, toco con trío y toco con el nuevo cuarteto, con Hadar Noiberg en la flauta, que es una músico impresionante. Con lo cual es tocar un mes, pero estar haciendo una variedad que no te vas a aburrir y por eso este año dije vamos a hacerlo.

 

«LLORABA Y COMÍA, LLORABA Y COMÍA»


Te propongo echar una mirada a tu biografía. ¿Cuántos hermanos sois?
Somos cuatro hermanos, yo soy el segundo de ellos y el único que ha salido músico, pero tengo que decir que Tito, mi hermano pequeño tiene una enorme sensibilidad para la música, de hecho es un melómano absoluto, a él le encanta la música clásica y él me ha descubierto compositores que yo no conocía, óperas, me ha acercado mucho a la música clásica; ayer por ejemplo oíamos los 12 preludios de Franz Liszt, que son dificilísimos de tocar. Así que mi hermano es casi un músico porque la sensibilidad para saber apreciar toda esa música no la tiene cualquiera.

Se sabe que a tu padre le encantaba el flamenco y a tu madre la copla y que te regalan la guitarra…
Más que regalarme la guitarra es que yo la pido. Desde los seis años pedía a los Reyes Magos una guitarra, no la pedía a mi padre, porque yo todavía no sabía que los Reyes Magos eran mis padres. Cuando tenía seis años la pedí, pero no me vino, cuando tenía siete años, parecía que sí, porque llegó una cosa que parecía una guitarra, ahora vas a flipar, y cuando mi padre la abrió y vi lo que había adentro… un jamón. Me acuerdo cuando vi el jamón, me hinché de llorar porque yo esperaba que era la guitarra, porque era una caja de cartón que parecía la de una guitarra… tú no sabes lo que lloraba yo, claro, pero después me lo comí, lloraba y comía, lloraba y comía (risas). Te lo juro que fue así, no te estoy mintiendo, me acuerdo cómo lloraba yo cuando vi que era un jamón y no la guitarra. Eso fue cuando tenía siete años, al año siguiente me la compraron. A los ocho años, el día de Reyes tuve mi primera guitarra y la primera melodía que aprendí fue esa que hemos oído, la banda sonora de El Padrino.

Entonces empezaste a tocar de manera autodidacta
Sí, yo soy músico autodidacta. Yo vengo de una familia humilde, porque mis papás eran gente muy humilde y me dieron la mejor educación que pudieron y de la que yo estoy enormemente orgulloso y agradecido. Me dieron todo lo que pudieron, fueron unos padres fantásticos, pero claro yo aprendí la música… primero, la guitarra de una manera visual, porque yo veía a mi vecino Román, que era un guitarrista flamenco que hoy en día sigue tocando todavía, yo aprendía viéndolo a él. Román se sentaba en la murallita de la vía del tren y yo me iba ahí y me sentaba al lado suyo a mirarlo tocar. Después me iba a casa a imitar todo lo que podía, lo que le pillaba a él, así empecé a tocar la guitarra flamenca. O sea, yo miraba cómo hacía y yo intentaba emular lo mismo, esa fue la manera como yo aprendí a tocar la guitarra y esa ha sido la manera cómo he aprendido a tocar. Yo soy un músico de la calle, me considero un músico de la calle porque todo lo he aprendido en la calle y además en los escenarios. He tenido mucha suerte, creo yo, de tener una crianza musical que se ha desarrollado en los escenarios, las cosas que tú aprendes en un escenario no se te olvidan, esas se te quedan para toda la vida, y yo he aprendido todo en los escenarios.

Eres un músico de la calle, pero tú lees música, escribes y haces arreglos, por eso yo me pregunto cómo ha sido esa aproximación a la gramática musical y a la armonía.
Eso vino cuando yo comencé a interesarme por el jazz. En el primer disco que grabamos de CAI yo ahí no tenía ni idea de lo que estaba tocando, o sea no sabía ni el nombre de las escalas ni los acordes ni si eran séptima, séptima mayor o menor. Yo componía las canciones con todo lo que me sonaba en el oído, era una cuestión de intuición pura y dura. Esa era la manera como yo hacía las cosas, pero no tenía ni idea. Cuando empecé con el rollo del jazz y empezaron las partituras empecé a estudiar música, a estudiar solfeo, armonía, a enterarme de todas estas cosas.

¿Te metiste a tomar clases con alguien?
Hay un momento en que nos conocimos Tito Alcedo y yo, te estoy hablando a principios de los 80, y ahí fue un punto muy importante de aprendizaje para los dos, porque él venía de Madrid, de estudiar con un guitarrista que se llama Felix Santos, que nunca se ha dedicado a tocar en los escenarios, pero es un grandísimo compositor y guitarrista, él es director de banco y nunca lo dejó, pero él le enseñó a Tito toda la armonía en la guitarra. Entonces Tito venía y me explicaba cosas y yo las pasaba al piano, íbamos aprendiendo. Yo aprendí mucho en esa época con el Tito, de armonía, del nombre de las escalas, de por qué había que usar una escala y no otra con un acorde. Aprendí a ver la música como algo más arquitectónico, donde tú ves que hay una estructura, una forma musical, unos giros armónicos que se van repitiendo, que son lógicos.

 

«SOY SIMPLEMENTE UN CANALIZADOR DE LA MÚSICA»


Leer y escribir música ha sido para ti como tu lenguaje natural, es algo que no se da fácil.
Yo sé que tengo unas aptitudes para la música que se me han dado, innatas, tengo buen oído, buen tiempo y eso es fundamental para la música. Yo tengo colegas que son buenos músicos pero no tienen aptitudes y se nota, son buenos músicos y han estudiado una barbaridad, pero se nota que no tienen buen tiempo, que el oído no lo tienen bien. Yo me considero muy afortunado, porque yo a veces me doy cuenta de que no soy ni responsable de lo que estoy tocando. A veces, no siempre, pero hay veces que mi cuerpo y mi mente se ponen en modo trance cuando toco y en ese momento no soy yo, no sé qué está pasando. No me pasa siempre, pero hay días que me pasa. Después escucho las grabaciones y digo: esto no lo había tocado en mi vida, parece que no lo he tocado ni yo, sino que parece que la música a veces pasa a través de mí, soy simplemente un canalizador de la música, me siento así a veces, aquello que dices el día que viene el duende, eso es el duende para mí, de verdad, es el momento en que tú estás creando algo que ni tú mismo ni te habías imaginado, que no lo has pensado, y de repente se está formando, está pasando en ese momento. Eso es maravilloso.

He leído que estudiaste con Richie Beirach, Bill Dobbins, Joe Henderson, Kenny Werner, no sé si es a lo que te referías de aprender en los escenarios y que has podido compartir con músicos como estos. ¿Cómo ha sido esa formación con otros músicos?
Yo me sigo sintiendo como un aprendiz de músico. Hoy en día me sigo sintiendo así, te lo digo sinceramente. Pero en esa época, porque eso fue a finales de los 80 o principios de los 90, yo era como un estudiante universitario, yo estaba todo el día dándole a las escalas, las armonías, las relaciones que hay entre ellas, o sea empapándome de todo el lenguaje musical, porque a partir del año 81, cuando se disuelve CAI, empiezo a ver partituras. Ahí es cuando me doy cuenta que cuando me siento al piano digo: quiero tocar el piano, porque si toco el piano tocaré cualquier teclado, pero tocando teclados no podré tocar el piano bien. Entonces ahí fue cuando decidí sentarme seriamente a estudiar el piano y a enfocarme en la música que estoy haciendo hoy en día. Fue justo después de CAI. Ahí viene esa relación con Tito Alcedo que nos abre todo un mundo armónico y melódico brutal, que le da sentido a todas las cosas que yo sabía pero que no sabía por qué las hacía. Después vienen los seminarios, en 1984 el Taller de Músics hace el primer seminario en Cádiz, en Sanlúcar de Barrameda, y yo voy a ese seminario y ahí es donde conecto con todos los músicos de jazz españoles, en ese seminario conozco a Jorge Rossi, Perico Sambeat… a todos, a todo el elenco de músicos de jazz que hay hoy en día, a todos los conozco ahí. Conozco también a (Lluís) Cabrera, el dueño del Taller, me hago muy amigo de él y empieza toda una relación un poquito más docente de mi vida en la que voy a clase, me dan clase, yo también después voy a dar clase al Taller y ahí tengo la oportunidad de conocer, en 1984, a Bill Dobbins, y siempre tengo que decir que para mí hay un antes y un después de conocer a Bill Dobbins, porque él me hizo ver cómo utilizar los acordes, cómo poner buenas disposiciones, cómo hacer que aquello sonara de verdad bien. Porque hasta ese momento yo decía Do Mayor y ponía Do Mi Sol y Do Mi Sol y este señor me enseñó a decir no, pero mira qué bonito Do, el Mi en la décima y el Sol aquí en la quince… o las inversiones. Él me descubrió un montón de aspectos del piano que para mí hasta ese momento estaban ciegos, yo no los había visto. Bill Dobbins para mí fue muy importante.

Claro. Por eso me preguntaba cómo podías llegar a tocar y componer como lo haces, en tu caso es por tu enorme intuición musical, además luego conoces la gramática musical y la armonía, que para ti era algo natural, pero ¿y la forma musical, las estructuras?
Yo voy a tocar en estos días en el Central un tema que no toco hace cuarenta años y que yo compuse para el grupo CAI, pero es que me doy cuenta que es un tema precioso. Yo no sabía que estaba tocando un tema en tono mayor, con las séptimas mayores, pero yo ya lo hacía porque mi intuición musical me llevaba a hacer eso, me gustaba como sonaba, y lo voy a volver a tocar ahora. La intuición musical que yo tengo o que he tenido ha sido brutal. Yo me sorprendo. Soy una persona que no oigo mis discos, mientras que lo estoy haciendo lo estoy escuchando, pero cuando ya lo he grabado, cuando ya lo he terminado y ya sale el disco, que lo escuchen los demás, yo ya no lo vuelvo a oír. Sí lo oigo cuando voy a entrevistas de radio, cuando ponen un disco, los vuelvo a oír. Pero te aseguro que cuando me ponen el primer disco de CAI, cuando voy a una entrevista o algo así que entro y me lo ponen, yo me quedo embelesado escuchándome. Primero porque ya no me creo que sea yo, parece que es como otra persona que ha tocado eso, porque está tan lejos ya de mi vida eso que parece que lo hizo otra persona, y me quedo alucinado de toda la consonancia musical que tengo, de cómo se resuelven todas las cosas, de cómo en esa época, en los años setenta, que yo no sabía nada cómo podía construir un tema que tuviera una AABA, que tuviera una introducción, una coda y ya lo hacía todo, sin saberlo. Yo no sabía que era una introducción, pero hacía la introducción… estaba todo, o sea yo ahora lo analizo y veo que está todo. Era increíble cómo en esa época, sin conocimiento ninguno, yo podía hacer eso. Hoy en día sí, tengo un background gordísimo, quiero decir me atrevo a escribir para orquesta sinfónica porque he estado haciendo cursos con Joan Albert Amargós que me ha enseñado cómo escribir, me ha enseñado las cosas que no se deben hacer sobre todo. Cuando oigo esas cosas tan antiguas mías, parece que es otro, ni me reconozco, cómo puede ser que yo supiera eso, es como saber sin saber.

40 años dan para mucho y Chano Domínguez ha puesto una bandera del flamenco jazz en todos los rincones de la tierra y con los más variados formatos. Esta es una selección de temas suyos fundamentales y representativos. Se combina en esta playlist el piano solo con el piano de trío y cuarteto, además de algunos de sus colegas favoritos con los que logra trazar emotivos diálogos y suculentos duelos de virtuosismo.

Playlist

1. Chano Domínguez - Alma de Mujer
00:00:24
2. Chano Domínguez & Javier Colina - Para Chick
00:05:52
3. Chano Domínguez - Tanguillos Mompou live
00:11:16
4. Chano Domínguez & Martirio - Te lo Juro Yo
00:16:06
5. Chano Domínguez - Blue in Green
00:19:32
6. Chano Domínguez & Jerry González - Como Fue live
00:27:34
7. Chano Domínguez - Cilantro y Comino
00:34:56
8. Chano Domínguez & Paquito de Rivera - Poinciana live
00:42:01
9. Chano Domínguez - Gracias a la Vida live
00:51:02
10. Chano Domínguez & Hadar Noiberg - El Carrusel
01:00:30

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