"Le pedí al cielo que me diera el espíritu de Carmen Amaya".

Recapitulamos. En 1968 La Chana llega a Madrid y le pide trabajo a Manolo Caracol, figura del flamenco genuino y personaje popular en la posguerra española al dar a conocer a Lola Flores al gran público. Caracol es el dueño y señor de Los Canasteros, su tablao.

-¿Rubía y de Barcelona? Caracol se niega a considerar la posibilidad de romper el mito estético de la bailaora. (Cuando presentaron a Carmen Amaya en un cortometraje para Hollywood se inventaron un pasado en las cuevas de Granada, pasaron de la realidad que Carmen Amaya había nacido en Barcelona).   

La Chana insiste. Caracol la cita para una prueba el día siguiente. La Chana comienza a bailar y Caracol tarda unos segundos en tragarse las ideas estéticas de los románticos sobre las gitanas morenas y dice ¿Cuanto quieres cobrar? 

-Pa comer na’ más. En poco tiempo a la Chana le ocurre lo mismo que en el tablao los Tarantos de Barcelona, nadie quiere salir detrás de ella . Amplía el ramillete de admiradores con las figuras del momento: Paco de Lucía y Camarón, Curro Romero y Urtain, todos se asombran ante su baile.   

2018. La Chana ha regresado a los escenarios. Baila en una silla. Ha protagonizado un documental impactante donde los silencios son tan importantes como los taconazos. Chana recibe a los periodistas antes de viajar a Nueva York donde presentó su libro en el Instituto Cervantes. Allí establece una relación musical con el pianista Diego Amador (el hermano menor de los «pata negra» Raimundo y Rafael) con el que se presentará en su tierra en Hospitalet. Estamos en Madrid, la habitación de un hotel. Antonia Santiago merienda, es consciente del impacto social y personal de su testimonio sobre los malos tratos que sufrió por parte de X al que también llama “el padre de mi hija” pero como en la película y en el libro. Antonia lo ha perdonado. Nos concentramos en la bailaora que fue y la bailaora que es hoy.        

Carmen Amaya
Carmen Amaya
La Chana
La Chana

Gufi: Justo empieza a bailar cuando Carmen Amaya regresa a Barcelona desde los Estados Unidos para rodar la película Los Tarantos.

La Chana: Yo empecé a bailar con mi tío cuando ella murió en 1963.

¿Lo recuerda?

Lo recuerdo porque oí hablar a mi tío de que estaba muy enferma una gran bailaora y los muchachos estaban con sus cosas sus ilusiones. Sí recuerdo  una cosa en la calle donde me crié…

La Chana hace una pausa, baja la voz y musita:

Esto nunca lo he dicho antes… estaban mis tíos, mi padre y varios amigos más y dijeron “se va a morir la mejor” y yo…

Antonia se interrumpe y llama a su marido:

¡Félix, ven por que nunca me has oído decir esto!. 

Yo estaba en la calle Juventud, en frente del bar del Pere. Estaba mi padre, el tío Chano y cuatro o cinco hombres y dijeron: “sí, se va a morir, está muy enferma”. Como yo sabía que era una bailaora, yo miré para el cielo y dije ¡Señor por qué no me mandas su espíritu para mí… porque yo voy a bailar!

Yo no la había visto nunca. Me decían “haces así como ella” y yo le aseguré a Antonio Ruiz, a Pilar López y a todos… que nunca la había visto bailar.

Carmen Amaya tampoco tenía academia ni escuela de baile.

Pero sí tenía referencias, su padre, su familia.

En ese momento, 1963 / 64, estalla la rumba catalana y muchas bailaoras gitanas bailan rumba.

En mi tierra, en Barcelona, sí. Es lo más fácil.

Acababa de salir Peret ¿No le interesó?

A mí no me gustaba, yo nunca he bailado rumba.

Menos una vez, con Peret en los premios de la cultura gitana

Es que llamé a Peret para que viniera a ayudarme y ahí (en el video) lo digo: “¡estoy bailando rumba!”. Por honor a él. Pero el flamenco para mí no es rumba.

Suponemos que lo que quiere decir La Chana es que la rumba no es flamenco. Algo en lo que estamos de acuerdo casi todos los estudiosos de la rumba. Antonia deja las disquisiciones estilísticas sobre los géneros y pregunta:

¿Tú de donde eres?

De Burgos.

¡Aivá!, ¡anda que no hacen bien las alubias y el cordero!

Me aficioné al flamenco por un libro. Las mil y una historias de Pericón… 

 …de Cádiz.

He sido muy amigo de Peret.

¿Has subido a la finca?

Sí, la de Mataró.

¿Llegó a conocer el barrio del Somorrostro, antes de que tiraran las chavolas en esa zona que hoy está cerca de la playa de la Barceloneta?

Fui un día con una amiga que sale en la película, en la que estamos sentadas y me canta mi hija. Una de esas mujeres me llevó por que ella había vivido en el Somorrostro. Me sorprendí porque aquello estaba mal, demasiado mal. No pueden vivir las personas así. Yo no vivía en una casa de lujo pero era de ladrillos con sus cosas. Carmen Amaya vivió allí, en el Somorrostro cuando iba a bailar a las 7 Portes (el restaurante). Andando por la arena se coge mucha fuerza, lo mismo que en el ladrillo. Por eso hemos sido diferentes a los demás.

Rocío Molina dice que es su maestra, cuando la ve bailar ¿qué piensa?

Es una bailarina diferente, a la Yerbabuena la veo más flamenca, Rocío hace más contemporáneo, hace otras cosas.

Y piensa que lo que hace es flamenco o no importa.

Es que el flamenco tiene mucha tela pero el flamenco es el flamenco y el contemporáneo es el contemporáneo. 

El baile es…

No hay que querer lucirse. A mí cuando me aplauden me rompen el baile. Prefiero que no me aplaudan hasta que no termine.

Es mejor el silencio que un aplauso.

Tiene mucho más arte y cuando no puedo más de gusto, me paro y estoy bailando a doscientos mil por hora. Cuando el alma actúa, esto (Antonia da palmadas a sus piernas) esto obedece. El alma manda (reproduce la intensidad de su taconeo) y el público te la devuelve. Estamos en el mismo barco, todos. ¡Ahí!

Y eso siempre ha ocurrido de la misma manera ¿Es lo mismo en España que en otra parte del mundo?

¿Bailando yo? Sí. Recuerdo cuando fui a la India, a Bombay. Me dijeron “allí no aplauden, allí hacen un sonido con la lengua”. Y ¿sabes lo que hicieron? Hicieron eso con la boca y la lengua, aplaudieron y patalearon. Y eso te lo digo yo que es verdad. En China es lo mismo, me han aplaudido en todas partes igual. Bailando cinco personajes diferentes en la cumbre flamenca y bailando yo con mi espectáculo.

El aplauso es siempre el mismo y es un idioma perfecto.

¿Cree que el arte se aprende en las escuelas de baile?

No. Yo he enseñado a muchos y mis alumnos son los mejores. El alma no se aprende, se nace. Yo nací para bailar, era lo que mi alma ansiaba.

Cuenta en el libro que aprendió a ser consciente del compás de niña, una noche acostada escuchando por la radio unas seguiriyas. ¿ha identificado quién era?

Yo creo que era Niño Ricardo a la guitarra y Pepe Pinto, creo. Yo sé que eran seguiriyas por que yo conté el compás. Me lo aprendí en una noche todo ¡total!. Y al otro día lo hice con los pies sobre el ladrillo y cuando me vio mi tío lo sorprendí y después lo hacía a una velocidad increíble… como no sabía cómo se tenía que bailar, entonces llamó a dos personas y los trajo a mi casa para que me vieran y bailé en el suelo de tierra. Me piden que baile por tangos, me hacen el compás, empiezo con los pitos (el chasquido de los dedos) con las alpargatas de esparto le doy una vuelta raaaas Me dice el hombre “ya está empiezas mañana” y mi padre dice, “no, de eso nada”. Porque mi padre no sabía cómo bailaba porque me había escondido todo el tiempo.

Su padre era de la opinión “que una artista no puede ser una mujer honrada” fue su tío el que la apoyó. 

Fue mi tío Chano el que hizo que me sacara el carnet de artista, mi padre acabó aceptando, tenía catorce años. Siempre iba acompañada…  

¡Tengo ganas de hacer una tontería! Grita Antonia como si se rebelara en ese momento y no sabemos si es un impulso adolescente en su recuerdo o es que se ha cansado de quedar bien en las entrevistas.  

Pues está en la edad.

¡Quiero emborracharme!, pero no puedo porque no me gusta. Estoy cansada de estar tan formal siempre…

¿Usted cree que el libro y la película va a ayudar a otras mujeres?

Sí porque donde yo he ido, han venido mujeres a verme llorando y no lo voy a dejar. En Inglaterra me sacaron (un titular): «la libertadora de las mujeres de Londres”.

¡Ooole!

Me quieren mucho en Inglaterra yo quiero mucho al teatro Sadler Wells.

Carmen Amaya tenía una enfermedad renal y su baile le ayudaba a mantenerse con vida. Usted después de años de malos tratos dejó de bailar ¿cómo aguantó sin bailar?

¿Cómo aguanté? Mal, te entretienen. Ahora me marcho de aquí, ahora me voy allí, ahora me cambio de casa. Estás perdiendo el tiempo.

Eso es lo que pretendía, que pasara tiempo sin bailar. Anular aquello, anular lo otro (los contratos) que dejara de bailar. Va pasando el tiempo, las peleas, las discusiones y… andando se hace la vida, paso a paso. 

Vas perdiendo el tiempo y no te das cuenta porque eres joven. ¿sabes? La rabia, el coraje. Te tienes que callar, tienes que obedecer. Ahora me enfado y me voy donde mi madre.

¿Cual es su ilusión ahora? 

Mi motor es mi señor Jesús…Mi verdad, mi refugio, mi vida eterna… Yo no quiero nada. Si he hecho todo esto es para hablar de él…Y el que pide perdón él lo perdona, nos ha dado la vida con su sangre… el amor es más fuerte que la muerte. 

¡Ole! ¡ole mi Dios!

No soy una fanática religiosa. Soy una mujer coqueta, pero coqueta de verdad y una bailaora.

Si no le importa bajamos un poco.

No podemos estar más altos.

A eso me refiero ¿Quién le ha arrancado un ¡ole! Inolvidable?

Terremoto por seguiriyas y Fernanda de Utrera.

¡Ole!

Antonia se despide con un ¡Que Dios te Bendiga!

Toma 5. Diego Amador: pianista, cantaor

Diego Amador es un pianista intuitivo, enduendado, poderosamente influido por el jazz rock, su concierto en el pasado mes de junio en la suma flamenca de Madrid fue una ensalada de imágenes de flamenco y jazz, a ratos genial, a ratos desconcertante. Pero cuando vuelve al flamenco vemos a una mujer que se incorpora de su asiento camina hasta el borde del escenario y arroja a los pies del pianista y cantaor su estola blanca.

Tras unos momentos de duda descubrimos que esa mujer es ¡La Chana!

Ese arrebato que parece de otro tiempo, o de otras circunstancias, cobra sentido cuando se ve el esfuerzo que tiene que hacer Antonia Santiago para levantarse de una silla.

El pasado 20 de octubre La Chana se presentó en el teatro Joventut de Hospitalet, su ciudad y para la ocasión estuvo acompañada por Antonio Canales, Karime Amaya (sobrina nieta de Carmen Amaya) y Diego Amador. En un espectáculo dirigido de nuevo por Ángel Rojas.

La Chana

Toma 6. Ángel Rojas 

Ángel Rojas es bailaor, director artístico y director de escena. En resumen un creador. También es un continuador de la renovación escénica del flamenco. Confiesa que no echa en falta el baile porque su labor está concentrada en la creación de espectáculos en el Teatro Flamenco Madrid cuyo espectáculo Emociones renueva su elenco cada semana. Ángel Rojas ha dirigido los espectáculos de La Chana.

Gufi: Creo que al corazón de La Chana se llega a la hora de hacer la comida.

Ángel Rojas: Cuando ella me regala su vida con sus glorias y sus miserias ahí se empieza a solventar ese bache en el tiempo, la injusticia del destino. Estamos haciendo una paella. Cada vez que iba a su casa yo volvía con una capa más de la cebolla. Asumía las texturas, el color, los aromas. Construía en base a un discurso que ella me estaba contando.

Lo más sorprendente es cómo se cuentan en el documental y en el libro los malos tratos que sufre sin caer en el exhibicionismo.

La Chana es un ser que predica con el perdón. A mí me ha enseñado la capacidad de perdonar y eso es muy bonito por que eso te hace caminar mucho más ligero porque no tienes la carga del rencor.

Supongo que en ese clima de confidencias usted está valorando lo que puede bailar y lo que no. ¿Cómo llega a la estampa inicial del espectáculo?

¿La foto de Familia? Porque, para ella la familia es muy importante. Su padre, su tío Chano que por eso se llama Chana, sus hermanos. Lo que yo he visto que despierta ella entre otros artistas yo no lo he visto con nadie ni en los más grandes. Chana no tiene ego… Chana tiene un ego muy grande pero no lo tiene a la hora de compartir. Ella está viviendo todo esto como una segunda oportunidad con la mayor sinceridad posible. La foto significa por otro lado la historia del baile. Cuando ella llamó a Canales, a Eva Yerbabuena, a Rocío Molina, a Rancapino no tardaron ni un minuto en decir sí.

El reencuentro de Chana con Rancapino tuvo que ser muy emocionante

¡Claro! Los presentó Paco de Lucía y Ranca estaba enamorado de La Chana. Fue muy bonito. Creo que Ranca le dio un punto de tranquilidad.

Sin Rancapino la foto de familia hubiera sido distinta porque le da la dimensión de la historia del flamenco.

Sí, esa foto es historia.

El flamenco tiene una capacidad sintética asombrosa pero justo al ver esa estampa te das cuenta de quién es La Chana. En una foto de familia. 

Es que a Chana le robaron ser la bailaora más influyente del siglo XX y se lo robaron a palos. A la altura de Carmen Amaya. 

En la gala de Hospitalet aparece Diego Amador.

La relación entre Chana y Diego es muy especial porque Diego como artista es muy especial.

Desde luego como músico no se parece a nadie que conozcamos.

Me tocó la personalidad de Diego, yo no lo conocía y desde luego me ha dejado fascinado. Su intelectualidad a la hora de tocar (jazz) y el contraste con su cante (añejo). Es el compendio de varias cosas que chocan pero que se atraen. Yo tengo la suerte de compartir con artistas indispensables momentos únicos. Momentos que surgen que no están en el guión, ni en el ensayo. En el momento en que están en el proceso creativo es muy visceral todo.

¿Cómo fue la gala en Hospitalet?

Fue muy especial como si fuera en casa de Chana pero con 800 butacas. Fue como en Estados Unidos en los que el público además de aplaudir emite sonidos. Había tal emoción… ocurrió algo así en Madrid.

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