Orquesta Tropical Ritmo Latino

Me tocó preparar el viaje de estos vinilos que cruzarían el Atlántico rumbo a España. Se trataba de música tropical producida y grabada en Argentina. Quedé sumergida en un déjà vu de sensaciones. La memoria, como reina de recuerdos, armó la escena de bailes adolescentes alrededor de un Wincofón. Mientras giraba un disco de Los Wawancó, nuestros cuerpos desatados y felices marcaban los primeros pasos de una cumbia que acercaba paraísos de otros mundos:

Baila con la luna, baila con la playa, no tiene fortuna, sólo su atarraya.

Los repertorios afrocaribeños llegaron a nuestro frío país de la mano de un mercado que les dio el nombre de música tropical. En algunas casas habían podido comprar el primer tocadiscos, y mientras corría la noticia, las reuniones en torno a ese nuevo aparto eléctrico con volumen tan alto que superaba el de nuestras voces, nos acercaban a nuevos timbres, canciones y bailes. El maestro Ricardo Lew, guitarrista argentino que acompañó a grandes estrellas en sus memorables shows y grabaciones, explica que esa música del Caribe llamada música tropical se refería a la zona que abarca Cuba, Venezuela y Puerto Rico, entre otros. Eran boleros, sones cubanos, guarachas, y lo que más adelante se llamaría salsa. 

También la cumbia tuvo su importancia. Miguel Loubet, pianista de Los Wawancó, recuerda que los fundadores de este emblemático grupo, eran estudiantes colombianos de la Facultad de Medicina en Buenos Aires, descubiertos por un representante que los llevaría a trabajar cada vez más con la música a partir de 1962, siendo sus discos éxito de ventas y dando a la cumbia un lugar relevante que aún sigue vigente.

Si nos remontamos siglos atrás, desde épocas coloniales, las músicas del Caribe y América Latina se acunaron en el regazo de sus madres africanas, originarias, mestizas, mulatas y criollas, que dieron a luz nuevos hijos, no previstos por la conquista. Sus músicas nacieron entre guitarra y tambores, zapateados y cajón de socavón, rumba y son, milonga y candombe, son jarocho y danzón, calor y bolero, cumbia y cumbión, porro y merengue, samba y maracatú, ritual y fiesta… Prohibidas por la “decencia” y vivas por la “insistencia” de ser ellas mismas, encontraron su propio modo de vivir, en sus selvas, en sus puertos o en periferias de las grandes ciudades atlánticas. Desde este fermento musical, llega el contradictorio Siglo XX, atravesado por crueles y lejanas guerras.
Pero en este otro lado del Atlántico, el sonido caribeño, viajero de aguas atlánticas, preparaba su navío hacia rumbos del sur. Desbordado de rítmicas sensuales y exuberantes, “el Caribe ya no cabía en el Caribe”, y llegando a tierras continentales de Latinoamérica, convocó también a músicos locales en su itinerario. Argentina, comienza a gustar de ese sabor tropical que involucró a cantantes, instrumentistas, arreglistas, compositores, letristas, bailarines, productores, y empresarios internacionales y nacionales.

De la mano de una industria pujante instalada a través de de la radio, la televisión, el cine y el vinilo, se profesionalizaba también la vida de los músicos populares. José del Castillo, autor de Perfiles del bolero dominicano, escribe: Dejen los tenis y los zapatos de goma en el carro. Cálcense de cuero, refiriéndose a los músicos que eran contratados por primera vez .

Según Ana María Ochoa Gautier, etnomusicóloga colombiana: …En el Siglo XX la música alcanzó una transportabilidad que cien años atrás era impensable, separando masivamente los sonidos de sus lugares de origen. Los músicos populares pasaron a ocupar lugares inéditos en el universo de los ídolos. Un siglo en el que la relación con el mundo se vio cada vez más mediada por la escucha.

Durante esos años de grandes sellos, nos fueron envolviendo palabras en inglés. Estar a la moda era hablar con palabras nuevas que los locutores de radio y TV nos enseñaban a pronunciar: “lonplei” (long play), “jaifai” (hi-fi), “filips”(Philips),“diyokei” (disc jockey), “extendedplei” (extended play) para escuchar un disco simple con más canciones; y hasta un sello discográfico argentino se llamó “miusicjol” (Music Hall). Cambiaban nuestras costumbres, nos reuniamos a escuchar discos, nos vestíamos como los artistas de sus tapas o carátulas. Y en nuestras casas, escuchábamos a Los Bitles (The Beatles) o a Los Rollin (The Rolling Stones), que compartían un lugar en el estante con la “Nueva Ola” argentina promocionada a través de la televisión, esas grandes cajas con pantalla y botones que enchufábamos en el toma eléctrico del living, y debíamos esperar un poco a que sus válvulas se encendieran y nos mostraran el milagro de la imagen y el sonido amplificado.

A partir de 1960, el mundo televisivo y la industria discográfica dictaban las preferencias musicales. Las llamadas majors (compañías discográficas internacionales) de Estados Unidos, Holanda, Alemania y Gran Bretaña imponían y difundían éxitos del momento, grabados en sus propios estudios de metrópolis como Buenos Aires.

La música tropical argentina tiene representaciones destacadas en discos producidos por esos sellos. Uno de los más activos fue el sello Odeon “pops” (sucursal argentina de Odeon) que tenía en su catálogo: Los Tropicanos con el LP Quiere bailar; Gregorio Barrios y el Trío Irakitán; el Trío Valencia y su disco Pachanga; Los Marineros con el mismo título; la Orquesta Tropical Ritmo Latino; Los Wawancó con Cumbias en estéreo, Locura total, Enloquecidos, Más locura total, Boleros en HI FIInimitables; así como reediciones de discos extranjeros como el Percusiones exóticas de Tino Contreras y su Conjunto.

El grueso de la competencia estaba conformada por sellos extranjeros también con sucursales argentinas como la RCA Víctor (Los de Bacatá, Los de Trinidad) y su sello Microfón (Los 5 del Ritmo), Columbia, CBS (La Charanga del Caribe, Dardo Echeverry), Philips (Los Guantanameros) y Polydor (Don J. Roth y la Sonora Americana). Pero alrededor de 1960 empresarios nacionales con experiencia en la industria del disco crean nuevos sellos que compiten con los gigantes internacionales, lanzando audazmente al ruedo sus propuestas, y abriendo un exitoso mercado argentino hacia nuevos artistas y repertorios. 

Entre estos vale resaltar a las marcas Music Hall y TK, con producciones de destacadas agrupaciones y artistas como Los Martinicos, Sonora Guapachá, Carlos Argentino Torres “El rey de la pachanga”, Paco Cerniera, Los Cumbancheros, The Tropical Combo, David y su Mapalé, Los Caucanos y Dany Montano. Por su parte el sello Disc Jockey grabó al Conjunto Santa Marta, al chileno Rosamel Araya con Los Playeros y al cubano Pepe Reyes. Otros sellos destacados fueron Azul (Bebe Chimichi), Fénix (Los Caimanes), Discofonía (Trío Rivero), L.10 (Sonora Antillana con Tito Alberti), Ambar (Los Albinos), y Discos Espacial (Lolita Torres), entre otros. Algunas compilaciones de música tropical no argentina aparecen publicadas por sellos como D.M.

Algunos artistas de música tropical

Entre los artistas que participaron en el boom de la música tropical nacional, el baterista Tito Alberti fue fundamental. Al escucharle en el vinilo Cita tropical, grabado por Philips argentina, quizás imaginemos un caribeño trayendo su talento desde las Antillas a través de los más variados ritmos. Pero en realidad se trata de un percusionista nacido en Zárate, Buenos Aires en 1923. Su nombre se liga a los mejores conjuntos orquestales del país y de Sudamérica. Entre otros, grabó junto al director, compositor y arreglista cubano Dámaso Pérez Prado y suplió al baterista del famoso Xavier Cugat durante una gira sudamericana. De una técnica excepcional da a su Orquesta Antillana características únicas dentro del género tropical, llamando la atención, aún en los países en donde se originó.

Alfredo Freddy Santamaría fue otro protagonista de la ola tropical. Músico porteño de Villa Devoto, Buenos Aires, nacido en 1931, se destacó como buen cantante y excelente trombonista. A fines de 1964 graba temas instrumentales bajo el pseudónimo de “Mr. Trombone”. El uso de elementos de percusión no convencionales, le dio un toque distinto a su música, popularizando ritmos nuevos, como la yenka y el boogaloo. Interpretó temas instrumentales clásicos y composiciones propias.

Llama también la atención el caso de Carlos Argentino Torres, “El Rey de la Pachanga”. Nacido en Buenos Aires, el 23 de junio de 1929, fue un famoso cantante argentino de música tropical que participó varios años en el prestigioso conjunto cubano la Sonora Matancera. Con esta grabó su primer disco de 78 rpm en 1955 y viajó por toda América Latina permaneciendo en la agrupación hasta noviembre de 1959. A lo largo de su vida llegó a residir -además de Cuba- en Colombia, México y Venezuela, donde actuó en 1978 como cantante de la orquesta Los Solistas de Renato Capriles.

Pero el grupo que más años permaneció en la cima de la popularidad fue Los Wawancó, uno de los mayores exponentes de la cumbia en Argentina.El inicio de la cumbia en el país tiene que ver con el interés que surgió en la década de los años 40, de algunos directivos de los sellos Odeón y RCA Víctor, por difundir internacionalmente títulos del cancionero popular costeño de Colombia, creando un escenario de encuentro de artistas locales y caribeños. Los Wawancó fue uno de los grupos que introdujeron la cumbia colombiana en Argentina, y crearon algunos hits imborrables del género. Su historia tiene que ver con la audacia de las discográficas, que impusieron nuevos récords de ventas convocando a músicos caribeños y latinoamericanos residentes en Argentina. Así, en 1962, a los colombianos Hernán Rojas, Mario Castellón, Rafael Aedo Salcedo y Enrique Salazar, se unieron el chileno Sergio Solar, el peruano Carlos Cabrera y el argentino Miguel Loubet, conformando la primera orquesta de cumbia multinacional desde Argentina. Hoy el ambiente cumbiero ocupa un lugar importante en este país, que fue iniciado por aquellas cumbias colombianas de la época dorada del vinilo.

Entre las cantantes del repertorio afrocaribeño y latinoamericano, podemos escuchar a pioneras de las actuales “divas de la performance”, solistas estelares que difundieron repertorios populares, y abrieron camino a un mundo público para las mujeres músicas. Una de ella es Aída Salas, una impactante mujer chilena, dotada de una voz versátil y de profundos graves, capaz de abarcar la exigencia de muy diversos géneros. En sus discos podemos escuchar desde el famoso vals criollo peruano La flor de la canela de Chabuca Granda, hasta los románticos boleros afrocaribeños Perdónalo Señor y Sabrá Dios con arreglo de trío de guitarras, bongós y voces al mejor estilo mexicano. Aida Salas fue una de las divas internacionales de la época. Grabó en Venezuela y se presentó en radios y teatros de Buenos Aires, Montevideo y Punta del Este. Coronada también como “La estrella chilena en Brasil”, se la recuerda presentándose con atuendos de huasa campesina chilena, como también con vestidos de “mujer fatal”.

También fue popular en Argentina Lita Nelson, cantante nacida en la provincia de Río Negro. Participó de la orquesta de música costeña colombiana que el maestro Juan Efraín Orozco dirigió durante catorce años en Buenos Aires. Viajó luego a Colombia donde se unió a la orquesta de Edmundo Arias, dejando exitosas grabaciones que tuvieron amplia difusión en México. Dedicada al repertorio del Caribe, alternó merengues, calypsos, boleros y porros. Uno de sus mayores éxitos fue el tema Palo bonito. El texto de contratapa de uno de sus discos nos recuerda que fue considerada la “Reina de la canción centroamericana y colombiana” de Buenos Aires, vendiendo decenas de miles de discos con sus hits.

Mariana Beatriz Torres, la gran Lolita Torres, fue una de las voces argentinas más amadas y reconocidas por sus cantares de España. Estrella de cine, en el apogeo de Argentina Sonofilm a partir de 1940, es recordada por sus roles protagónicos junto a galanes de la época desde muy jovencita. De una voz brillante, aguda y sumamente expresiva, la acompañaba su belleza física y sus bailes con castañuelas. En una Buenos Aires pujante, Lolita encarnó la vida de tantos inmigrantes españoles, esos nuevos argentinos que “bajaban de los barcos”, según la frase popular. En uno de sus singles con la banda sonora del filme Cuarenta años de novios de 1963, Lolita interpreta Candombe de carnaval, del repertorio afro del Río de la Plata, que la aleja de sus famosos couplés y chotís madrileños, dando paso a un nuevo repertorio de canciones argentinas que incluirá en el último tramo de su carrera artística. Otras figuras femeninas del género tropical en Argentina fueron la panameña Zaima Beleño y la brasileña Yuyu da Silva.

Las sonoras

Los cuantiosos instrumentos de bandas militares que fueron dejando las guerras de fin de Siglo XIX, especialmente los bronces (saxofones, trompetas y trombones), en la década de los años 20 formaron parte de las orquestas de jazz y las del Caribe, entre otras. Es un enorme capítulo de estas nuevas formaciones que, junto a los avances tecnológicos de la amplificación, grabación y duplicación sonora, revolucionaron también la música tropical. Al set de percusión menor (güiros, maracas, claves, bongós, cencerros) y sus tambores (congas, pailas), se acoplaron filas de vientos, contrabajo y piano.
Con variantes instrumentales, y acompañando a cantantes famosos, a estas formaciones se las conoció como sonoras, para las cuales se construyeron nuevos e imponentes escenarios adecuados a la gran orquesta. Escribe José del Castillo: …”Los hombres de etiqueta tropical. Las mujeres en trajes formales. La orquesta impecablemente vestida bajo la conducción del respetado maestro. Era la época gloriosa de la pulcritud, la ropa bien planchada y almidonada, la cara afeitada y el peinado con brillantina. Un toque de una buena colonia. Y aquello era felicidad...
El baterista Tito Alberti con su Sonora Antillana de Argentina, los colombianos Edmundo Arias y Efraín Orozco con sus orquestas de cumbia, donde trabajaron con argentinos, son algunos ejemplos de estas formaciones. Las sonoras afrocaribeñas con su formato consolidado, brillaron por varias décadas a través de presentaciones y discografías en todo el mapa de Caribe y Latinoamérica. Escucharlas nos remonta a la imágenes de las grabaciones de época, con cinta abierta, con el “tutti” instrumental, sólo separado por tarimas acústicas para la grabación en gran estudio, los micrófonos ambientales para cantantes, dignos testimonios de las épocas del sonido analógico, cuando quedaban para la historia,famosos programas de radio con las orquestas gigantes en vivo y con público.
La Sonora Antillana sonaba como una banda de hotel de la época en Cuba o Puerto Rico. La voz de Alberto del Río le imponía, aunque disimulado, el sabor argentino. Acompañado por esta gran orquesta interpreta arreglos característicos del mambo, destacando los graves de trombones con sus motivos melódicos que se imponen sobre los demás instrumentos, que conversan con trompetas y saxos, el “tumbao” del contrabajo y el piano. Entre los temas podemos disfrutar cumbias y merecumbés, un chachachá cubano, y una pachanga con sabor a habanera. El repertorio antillano de esta colorida “orquestona” con sabor a Colombia.

La Sonora Americana de Don J. Roth, la Sonora Kalingó y la Sonora Guapachá con Javico en la voz fueron otros de los exponentes de este tipo de formaciones en Argentina. En la contratapa de uno de los discos de la Sonora Guapachá se afirma: Aquí se puede escuchar lo que haría una sonora cubana, pero en ritmo de cumbia y porro. Con buenas e insistentes entradas de trompeta, unos dedos que bailan sobre las teclas del piano y una percusión mestiza que acompaña muy bien.

Los vinilos de la música tropical argentina representan el testimonio vivo de una época y su imaginario sonoro en un país de profundas marcas afrocaribeñas, muchas veces negadas, pero imposibles de silenciar. Nos invitan a escuchar, disfrutar, bailar, recordar y repreguntarnos sobre estos materiales como parte de nuestra identidad. Los vinilos argentinos, sencillos y de larga duración que se incorporan en 2019 fueron en su mayoría realizados y comercializados entre 1940 y 1979 en Argentina. Este rescate constituye un esfuerzo apasionado de quienes nos ayudan a no olvidar, mientras saboreamos un dulce bolero, o bailamos al son de una cumbia. Si nuestro cuerpo se estremece ya no perderemos la memoria, no estaremos condenados a olvidar… Como dice la canción de Lito Nebbia:

La voz de la gente se oirá siempre… quien quiera oír, que oiga.

Aquí están algunos de los artistas que participaron del boom de la música tropical en Argentina. Como curiosidad, entre ellos hay que anotar un argentino que triunfó en Cuba, Carlos Argentino Torres, y un cubano que triunfó en Argentina, Pepe Reyes

Playlist

1. La Sonora Kalingó – Vamos a la playa (cumbia)
00:00:14
2. Tito Aberti y su Orquesta – Mambo borracho (mambo)
00:02:18
3. Pepe Reyes – Esperanza (cha cha chá)
00:05:06
4. Los Wawancó – Pala paloma (guaracha)
00:07:32
5. The Tropical Combo – Chiquita linda (cumbia)
00:09:42
6. Los Marineros – Los Marineros (pachanga)
00:11:44
7. Trío Rivero – Moliendo café (rumba)
00:13:32
8. Los 5 del Ritmo – Morena de mis amores (cumbia)
00:15:45
9. Don J. Roth y la Sonora Americana – Ulelolay tropical (ulelolay)
00:17:24
10. Orquesta Tropical Ritmo Latino – Besito de coco (guaracha)
00:19:13
11. Carlos Argentino – La pachanga del fútbol (pachanga)
00:21:01
12. Los Wawancó – Deja que suba la marea (guaracha-cha chá)
00:23:02
13. Sonora Guapachá – Charanga del amor (charanga)
00:25:47
14. Rosamel Araya y Los Playeros – Con maracas y bongó (guaracha)
00:28:17
15. La Charanga del Caribe – Flauta e’ caña (cumbia)
00:30:53
17. Orquesta Tropical Ritmo Latino – Pa’lante y pa’tras (merengue)
00:33:14
16. La Sonora Antillana – El chivo (pachanga)
00:33:15
18. Los Guantanameros – Oye mi guajira (guajira)
00:37:14
9. Bebe Chinici y sus Peniques – A bailar (pachanga)
00:39:09
20. Los Caimanes – Devuélveme mi costilla (cumbión)
00:41:05
21. Coco Barcala y su Combo – Son de guajira (son-guajira)
00:43:20

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