Gepe por Valentina Palavecino.

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Es un año de celebraciones oficiales en Chile en torno al centenario de su más importante investigadora folclórica, Margot Loyola Palacios (1918-2015), intérprete, maestra, crédito en varios libros y grabaciones, y voz mayor en la divulgación de cantos y danzas. Pero ninguna de las actividades de tributo organizadas hasta ahora se comparan con con algo tan personal como Folclor imaginario (Quemasucabeza, 2018), el nuevo disco de Gepe.

 

Los cruces musicales y de estilo con los que el cantautor de pop ha levantado su álbum de homenaje a Loyola las define él mismo como las licencias con que la propia investigadora invitaba a incorporar giros en la transmisión oral de canciones:

Aprendí con ella que las canciones mutan de acuerdo a las circunstancias, al tiempo y a las voces que las transmiten. Lo que hago en el disco no son covers, como suelen entenderse las versiones en el mainstream musical. Pienso, más bien, que soy, junto a la banda con la que trabajé, una más de miles y miles de capas que han ido levantando estas canciones a lo largo de mucho tiempo”, dice Gepe.

Folclor imaginario contiene 13 canciones tomadas de algunos discos con las recopilaciones hechas por Margot Loyola, Premio Nacional de Artes Musicales de Chile, en terreno (combinan tonadas, boleros, habaneras y otras formas), junto a títulos aprendidos por ella de sus maestros en el canto, la guitarra y el piano; y también dos improvisaciones de la banda de Gepe a partir de ese acopio de raíz, con lecturas de a veces inesperado cruce con el pop, el jazz y hasta el trap (en el caso del tema “Amoríos pasajeros”, con voz del artista urbano Gianluca).

Esta vez, sólo hay un título (“Joane”) con letra y música de Gepe, inspirado en el dramático caso de una inmigrante haitiana, Joane Florvil, que en 2017 murió en Santiago de tras ser detenida y discriminada por el malentendido de haber abandonado a su hija recién nacida. Así, la voz autoral de uno de los nombres más relevantes en la nueva canción pop de Latinoamérica queda en pausa al servicio de un aporte inscrito en una transmisión de muchas otras voces, manos y perspectivas.

Es darme un gusto, hacer un disco de homenaje tal cual yo lo había soñado, y mostrarle esta figura tan fundamental para mí a la mayor cantidad de gente posible”, comenta Gepe.

El subtítulo en la portada de Folclor imaginario es elocuente: “Canciones recopiladas x Margot Loyola Palacios y algunas otras que parten desde ahí”. Si el folclor es, entre otras, cosas la dinámica de transmisión en una cadena voz a voz, entonces las (antiguas) canciones grabadas este año por Gepe son fieles a esa invitación mutante, que incorpora relecturas y diferentes énfasis como parte de su esencia.

Gepe y su amistad con Margot Loyola

Nunca fue difícil acceder en vida a Margot Loyola, aunque a veces podía resultar intimidante superar los recelos del círculo más estrecho de folcloristas en torno suyo. Son desconfianzas de las que bien supo Gepe, quien conoció a la investigadora, intérprete y académica dos años antes de su muerte, y enriqueció frente a su ejemplo ideas profundas sobre música e interacción creativa que nunca más lo abandonaron.

Yo venía de otro tipo de música y preparación: mi admiración y curiosidad por el folclor era de lecturas breves, de escuchar discos pero sin estudios formales. La gente con justa razón es recelosa de la información que tiene, sobre todo en un país que valora poco su cultura”, dice ahora el músico de 37 años de su decisión de aprender lo que buscaba de primera fuente.

Lo de sentirse intimidado por un círculo folclórico mejor preparado en el tema nunca pasó por su mente, asegura: “Para nada. Supe que había una lógica en ese recelo, y decidí asumir una mirada de observador, aunque no tan distante. Entré, fui a sus lugares de canto y reunión, me mezclé con ellos. Fue todo muy lindo”, dice.

Así Gepe persistió en el interés por la vida, trabajo y lecciones de Margot Loyola, que hasta entonces se le habían aparecido como referencias atrayentes pero lejanas en libros especializados y entrevistas de archivo, como en las anécdotas escritas sobre su relación de amistad con Violeta Parra. Ambas investigadoras se conocieron en los años cincuenta, se reconocieron de inmediato en un afán común, y se convirtieron en amigas entrañables, aunque sin dejar de marcar sus diferencias. “El nuestro es un trabajo que parte desde un mismo punto y avanza por líneas paralelas: yo cantando, ella componiendo“, explicó una vez Loyola. “Violeta era una gran creadora. Yo marqué una escuela. Y compartimos un amor y respeto por el pueblo, que nos duele hasta los ovarios“.

La gran archivista de música chilena

Margot Loyola fue la investigadora más importante de música y danzas folclóricas de Chile durante el siglo XX. Desde 1940, su trabajo la llevó por el país completo, incluyendo las islas de Pascua y Chiloé, en viajes de registro etnográfico (en audios y fotografías), entrevistas y escritura que podían extenderse por meses, entre comunidades indígenas y creadores populares. Aunque no era la primera ni la única investigadora en terreno de su generación, el suyo consiguió ser un trabajo pionero, que desde un principio ella pensó para la divulgación entre lectores y audiencias masivas. También intérprete de guitarra y cantante, Loyola plasmó esas lecciones recogidas en una extensa discografía, en más de una decena de libros de su autoría, en la supervisión del Conjunto Palomar (dirigido por su esposo Osvaldo Cádiz), y en las clases y charlas ofrecidas por ella como instructora y académica.

Margot Loyola | Marisol García.

Loyola murió en 2015 a los 96 años de edad, aún activa, sin dejar de recibir visitas a su casa en Santiago de parte de músicos, profesores e investigadores jóvenes que llegaban en búsqueda de su consejo y orientación. Su buen trato con la prensa la hacía presencia frecuente en medios y popular entre la audiencia general.

Gepe fue uno de esos visitantes. Llegó a su casa de la comuna de La Reina por primera vez en 2013, y luego acompañó a Margot Loyola en actividades públicas y en conversaciones de profunda instrucción para él, fuera de una dinámica de cátedra:

Lo que tengo que decir en este disco lo digo con mucho gusto, y es el amor profundo que siento por lo que vi en esa mujer y quienes la rodearon. Los admiro tanto a ellos y a su comunión, que es eso lo que quiero revelarle a la gente. Naturalmente, en este disco hay cualquier cosa menos un ejercicio de ego: lo que sostiene todo es mi fascinación por la experiencia que tuve”, dice Gepe.

Gepe y sus músicos y productores.

Luego de seis publicaciones previas en larga duración (existen también dos EP a su nombre y un disco de colaboración a dúo con Álex Anwandter), Folclor imaginario no es sólo el disco de Gepe más apegado al folclor, sino también, según él, “el más colectivo que he hecho”.

Por equipo, esta vez el cantautor —que en su nuevo disco se ocupa en voz, guitarra, batería y percusiones— considera tanto a su productor, el prestigiado músico chileno Cristián Heyne, como al conjunto conformado por Claudia Mena, Miguel Molina, Gonzalo Gómez, Marcelo Cornejo y Claudio Constanzo. Es un disco de canciones breves pero gran riqueza tímbrica, en el que suenan guitarras y arpa, charango y tañador, quena y contrabajo, entre otros instrumentos, como en un encuentro gracioso de tradiciones, puntos geográficos y pulsos centenarios.

Gepe (Daniel Riveros), la voz autoral de uno de los nombres más relevantes en la nueva canción pop de Latinoamérica queda en pausa al servicio de un aporte inscrito en una transmisión de muchas otras voces, manos y perspectivas. Se trata de su último disco, Folclor imaginario, que son versiones de canciones de folclor chilenas recopiladas y difundidas por la gran musicóloga e investigadora Margot Loyola. Gepe fue pupilo de Loyola, a quien conoció dos años de la muerte de ella a los 96 años en 2015.

En esta sesión, la periodista e investigadora musical Marisol García incluye temas de la trayectoria de Gepe, otros interpretados por la propia Loyola y otros chilenos.

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