Carlos Santana y el bajista David Brown en Woodstock, 2969.

Un análisis básico de las primeras cuatro portadas de la discografía de Carlos Santana permite adivinar a un músico sensualista cercano a la lascivia y buscador de la esencia africana del ritmo desde una atalaya de adobe quemada por el sol de los desiertos. Es inevitable la comparación con el cambio de tono en el imaginario que inició 30 años después, en torno al álbum Supernatural (1999), que convirtió al guitarrista en estrella multimillonaria, cosechador de premios y residente estable en las listas de ventas. Si en los primeros discos, editados en un glorioso rush entre 1969 y 1972, el deseo era trazar una cosmovisión psicodélica del mundo con la ayuda del consumo de drogas enteógenas como el peyote y la ayahuasca, de gran importancia en las culturas mesoamericanas y precolombinas, en los últimos el músico, un adulto risueño y con sombrerito ocultando la alopecia, es presentado como un tótem blando —ya saben, marihuana— del pop latino. Con la pérdida de la otrora brava melena selvática del méxicano-estadounidense han domesticado a la fiera. Antes mordía, ahora reza, sonríe y vende misticismo.

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Nacido en 1947 en Autlán de Navarro, en el estado mexicano de Jalisco, y con pasaporte norteamericano desde 1965, esta vez no es aplicable la historia del niño emigrante y desarrapado. Hijo de un respetado violinista de mariachis, Carlos Santana se estableció con su familia en San Francisco en un buen momento: 1962, a poca distancia del flower power. El muchacho tenía de sangre híbrida la proporción suficiente para no sentirse atado por ninguna frontera nacional, por ningún compromiso racial.

No era de aquí ni de allá y nunca le hicieron demasiada gracia las rancheras, el tumbao, el son, el mambo y otras fórmulas de lo latino masivo, aquella música que escuchaba de adolescente en las salas de fiesta. Mientras los corridos norteños y el merengue le parecían ajenos, ardía con la música de la radio: el blues eléctrico de BB King, Muddy Waters y Otis Rush, el grito pelado del hombre de las cavernas del rock and roll, Little Richard, y los experimentos de vuelo libre de jóvenes rompedores como Michael Bloomfield, al que conoció y trató.

Unos meses antes de iniciar el camino de la africanía, empeñó por unos dólares el clarinete que el padre quería asignarle y se hizo con una guitarra. Jalisco se rajó en las referencias musicales de Santana para que entrasen Chicago, Nueva Orleans, Memphis y Detroit. En la ciudad-meca de la Costa Oeste, siempre dada al exotismo, encontró a otros como él: músicos con ganas de forzar los límites de los géneros para simplemente volar.

Pero, sobre todo y como se encargó de intentar en su larga carrera, Santana deseaba acudir a las fuentes atávicas de todos los ritmos. Tenían una sola patria, África y predicaban un único sabor, sexo. “Nunca me costó demasiado trabajo desnudar a una mujer. La guitarra lo hacía por mí”, declaró en uno de sus muchos encuentros con periodistas, porque estamos ante una de las figuras del pop rock más proclives a hablar, aunque se trate de declaraciones de discutible solvencia sobre gustos literarios, sexualidad, prevención de terremotos o religión.

Soul Sacrifice. Santana en el Festival de Woodstock, 1969

Si la carrera del grupo Santana podría ser sintetizada en solo cuatro discos, los cuatro primeros, editados en apenas tres años —Santana (1969), Abraxas (1970), Santana III (1971) y Caravanserai (1972)—, el poderío emocional del guitarrista fue conocido por el mundo a través del cine, en el documental sobre el festival de Woodstock, feria del hippismo celebrada en agosto de 1969, antes de que el grupo lanzara su álbum de debut.

Frente a 500.000 personas y sólo a cambio de 2.500 dólares —Jimi Hendrix cobró 30.000—, el sexteto se convirtió inesperadamente en la gran revelación del cartel. Habían sido insertados como un favor hacia el poderoso Bill Graham, el empresario del Fillmore de San Francisco que les seguía la pista y deseaba ser su primer agente. Llegaron con tiempo y decidieron pasar un buen rato de calentamiento viajando con sustancias psicodélicas. Pero los planes de los organizadores cambiaron y obligaron al grupo a salir a escena casi sin alerta previa. El gesticulante Santana había tomado una dosis de mescalina de alta pureza. Durante la actuación sentía que una “serpiente eléctrica” rondaba el escenario y debía apaciguarla tocando. Ese estado de trance se transmite en el gesto de locura vivaz con que afrontó el toque de guitarra, basado todavía en poca versatilidad técnica: notas largas y repetidas como una insistente llamada animal.

Las dos siguientes décadas fueron tensas, desnortadas y trágicas —el percusionista José Areas «Chepito» sufrió un derrame cerebral y estuvo al borde de la muerte—. Culminaron con una batalla judicial entre los fundadores del grupo para hacerse con la explotación comercial de la marca. Pese a que no era, ni por asomo, el principal compositor, aunque sí el de imagen más pública, Carlos Santana se convirtió en los tribunales en el dueño de su apellido. El negocio fue un éxito: Santana, en sus muchas encarnaciones —este timeline muestra las decenas de formaciones del grupo—, ha vendido más de cien millones de discos.

De la espiral de vida loca y pérdida de inspiración intentó escapar, en 1973, formando parte del culto del gurú bengalí Sri Chinmoy, uno de los más venerados ascetas de la New Age —predicaba la concordia y la oración, pero mezcladas con el atletismo y la natación—. Con especial éxito entre algunos músicos orientalistas, a Santana lo había apadrinado el también guitarrista John McLaughlin, antiguo protegido de Miles Davis y amigo personal de Paco de Lucía.

En 1999, después de muchos discos erráticos y de asistir a cualquier llamada para tocar como guitarrista invitado por artistas amigos que deseaban echarle una mano en lo económico, se puso a disposición del promotor y empresario Clive Davis, el hombre que en los años sesenta había logrado cambiar los modales conservadores de la major Columbia y convencer a sus directivos de que el futuro estaba en el rock.

En 1973 a Davis lo habían despedido sin honores al descubrir que había usado fondos de la empresa para pagar el oneroso bar mitzva de su hijo, pero con el finiquito fundó una nueva compañía, Arista. A finales de los noventa, salvó la vida de Santana al diseñar un producto de ingeniería musical, Supernatural, con la vista puesta en el mercado en alza de lo latino. Alimentó la máquina colocando como cebos a figuras con gran pegada comercial, entre ellos Rob Thomas (Matchbox Twenty), Eric Clapton, Maná, Eagle-Eye Cherry, Lauryn Hill, Dave Matthews, KC Porter y Cee-Lo Green. Fue una gasolina infalible.

Aunque poco notable en lo musical si lo comparamos con las obras tempranas del guitarrista, el disco fue un renacimiento montado gracias a una operación de perfecta mercadotecnia. Miren ustedes a este guitarrista simpático. Ya no se droga con sustancias duras. Tiene sentimiento y todos lo admiran. Se llama Carlos Santana. Pregúntale a tu mamá sobre él, venía a proponer Davis. Los adolescentes aceptaron al nuevo abuelo y Supernatural se situó como el segundo elepé más vendido de la historia tras una recopilación de los Beatles.

El lenguaje de EEUU es multidimensional. Si vienes aquí y no quieres aprender algo y compartir, mejor ni vengas. Necesitas oír con otro oído. Ni Billie Holiday ni Coltrane tocaban con la clave cubana [clap-clap-clap-pausa-clap clap]. ¿Cómo vas a medir a la gente su forma de respirar? Mucha gente viene a EEUU a imponer su cosa y no a aprender. Yo vine a aprender”, declaró en 2014 en una de sus visitas a España. Tendría sentido la repregunta: ‘¿Qué rastro hay de Coltrane en discos tan pobres como Corazón?’, pero el periodista decidió dejarse llevar por el magnetismo personal del músico al cual, al parecer y por norma, debemos amar sin reparos.

¿Qué hace al servicio de Pitbull un guitarrista que ha tocado y, en teoría, debía haber aprendido algo sobre la elegancia, con Miles Davis, Weather Report o Bob Dylan? Santana lleva más de dos décadas vendiéndose a cualquier precio con tal de seguir recaudando. Músico otrora arriesgado y de amplias miras, considera ahora digno de interés todo aquello que entra en contacto con su piel o su espíritu visionario: los últimos delirios han sido versiones instrumentales de éxitos y una colección tomada de cintas de casete grabadas en casa con versiones de sus artistas favoritos. La inspiración es nula y los productos ni siquiera esconden el acabado de suvenires de mercadotecnia.

La nueva gira de Santana lo acaba de traer a España, con actuaciones en Alicante, Fuengirola y Peralada. Ahora tiene montado un espectáculo en Las Vegas hasta 2019.

El éxito ‘Wild Thoughts’ de DJ Khaled con Rihanna, usa un riff de Santana del tema «María María» del 1999 del album Supernatural.

 

Es de justicia señalar que la verborrea le permite a Santana, al contrario que a tantos otros artistas domesticados, no morderse la lengua ante ningún asunto. En plena oleada represiva y xenófoba del presidente Trump contra los mexicanos, le dijo a Rolling Stone: “Me despierto cada día dando las gracias a Nikola Tesla, inventor del mando a distancia que ahora yo uso para expulsar a Trump de mi casa. No merece mi atención (…) Como seres humanos deberíamos agrandar la mesa y no elevar los muros (…) Me gustaría ver a Trump desprendiendo luz, pero por ahora solo emite oscuridad, miedo y rabia”.

Estoy jubilado de jubilarme”, zanjó con supuesto buen humor cuando fue preguntado por la misma revista sobre su anuncio de colgar el instrumento al llegar a los 70 años, que ya cumplió hace cuatro. Como la máquina sigue sumando, aquella pretensión se ha quedado en nada. Santana es hoy un hombre de negocios que promociona una marca de tequila, Casa Noble; comercializa una línea de ropa de algodón con eslóganes por los que mataría cualquier aspirante a Paulo Coelho (“Perfect Perfection”, “Mexcla de Todo”, “Love Is the Only Currency”…); promociona las carreras en solitario de su segunda esposa, la percusionista Cindy Blackman Santana, y de uno de los hijos de su primer matrimonio, Salvador Santana, y, para compensar y seguir desgravando, en 1998 creó la Fundación Milagro, que financia programas infantiles y juveniles.

Menos tangible es el proyecto Architects of a New Dawn (Arquitectos de un Nuevo Amanecer), cuya resonancia religiosa no engaña. Santana quiere “transformar el mundo a través de la música y mensajes positivos”. Asegura tener contacto directo con un ser angélico llamado Metatron, al que reza cada día —en compañía, asegura, de Jimi Hendrix y Miles Davis— y del que recibe mensajes con directrices y anuncios de futuro. “Es algo así como una máquina de fax siempre dispuesta a responder”, dice Santana con un humor tan inocente que resulta imposible no sonreir.

Esta playlist franquea algunas de las veredas que ha pisado Carlos Santana durante el último medio siglo. Dada la presencia casi ubicua del personaje, el recorrido es de obligada longitud. Por cariño personal hacia el músico nacido en México, disculpo vaivenes y dispersiones y el afán enfermizo por ganar dinero pese a la vulgaridad de alianzas que parecen obedecer tanto a la ambición como a la ausencia de autocrítica.

Aquí aparecen temas de la mejor época del grupo Santana, la que va de 1969 a 1972, es decir, la del nacimiento del subgénero que algunos llamaron rock latino aunque era más africano que caribeño. Se trataba de una fórmula que descansaba en el dominio de la percusión —al mando de tres músicos explosivos: José Chepito Areas (timbales), Michael Carabello (congas) y Michael Shrieve (batería)—, sobre la que viajaba en recorridos circulares, repetitivos y astrales la guitarra de Carlos Santana. La música era soluble para ser disfrutada con variadas drogas; y los hippies, que nada sabían de la africanía caribeña, se lo pasaban muy bien en el papel de exploradores...

El líder indiscutible componía poco y no tenía voz cómo para cantar, pero sabía mostrarse desnudo en espíritu y llegar al alma de los oyentes. De este tiempo de gloria es el álbum más brillantes del grupo, Caravanserai (1971), del que se puede escuchar aquí "Eternal Caravan of Reincarnation", colocada como entrada del recorrido, y "Look Up (To See What's Coming Down)". Hay una pequeña vuelta atrás con la versión rústica en maqueta de Shades Of Time (1968), nunca editada en forma oficial,  y dos de las canciones del repertorio del grupo en Woodstock, donde dejaron boquiabierto al público y en ridículo a los grandes ídolos anglosajones del hippismo, que sonaron muy por debajo en intensidad y sudaron bastante menos que Santana: "You Just Don't Care" y, cerrando la playlist, la inolvidable y tóxica "Soul Sacrifice".

Las colaboraciones con otros artistas aparecen en Marbles, con la banda de Buddy Miles; "It's About that Time", con Miles Davis; el homenaje a Sonny Boy Williamson, que Santana interpretó  como debut discográfico en 1968 con el guitarrista a quien más admiraba, el elegante y desgraciado Mike Bloomfield; el remake de "Whole Lotta Love" con el prematuramente muerto Chris Cornell a la voz cazurra empujando a Santana al heavy,  y "The Calling", con Eric Clapton, el tema que cierra Supernatural, el disco de 1999 concebido como un superventas in vitro por el sagaz productor multimillonario Clive Davis, que diseñó el álbum con mañas milimétricas y llevó a la caravana eterna de Santana a la que, desde entonces, es su segunda residencia: la gala de los Grammy Latinos.

Cada vez que entran, salen con varios de los devaluados premios en las alforjas.

Playlist

1. Santana – Eternal Caravan of Reincarnation
00:00:08
2. Santana - Shades Of Time (Grabación original producida por David Rubinson, 1968)
00:04:00
3. Santana - You Just Don't Care (Directo, Festival de Woodstock, 1969)
00:06:24
4. Santana - Mother’s Daughter
00:10:49
5. Santana - Folsom Street
00:14:58
6. Santana - Look Up (To See What's Coming Down)
00:21:55
7. Santana & Buddy Miles - Marbles
00:24:51
8. Santana – Mother Africa
00:30:58
9. Santana – A-1 Funk
00:36:40
10. Devadip Carlos Santana & Turiya Alice Coltrane – Angel Of Air
00:39:33
11. Miles Davis & Santana - It's About that Time
00:43:54
12. Mike Bloomfield & Al Kooper, Ft. Santana - Sonny Boy Williamson
00:47:30
13. Santana - Spanish Castle Magic
00:50:30
14. Santana, Ft. Chris Cornell - Whole Lotta Love
00:54:39
15. Santana, Wyclef remix, Ft. The Product G&B – Maria Maria
00:58:27
16. Santana, Ft. Eric Clapton – The Calling
01:02:35
17. Santana - Toussaint L'Overture
01:14:47

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