Craft Recordings (una división de Concord Records, el sello que acaba de adquirir el catálogo de Fania) lanzará en noviembre The Complete Cuban Jam Sessions del sello Panart, un box set que reúne por primera vez y en su formato original los cinco discos de la ya legendaria serie de descargas, grabados entre 1956 y 1964. Coincidiendo con el centenario de Cachao el 14 de septiembre y durante el mes de octubre, Craft estará lanzando cada uno de los cinco discos en formato digital.

En exclusiva para Radio Gladys Palmera, les presentamos un adelanto del texto que aparecerá en el box set físico escrito por Judy Cantor-Navas, co-productora de The Complete Cuban Jam Sessions, y el cual estará disponible a partir del 9 de noviembre. La autora además nos ha seleccionado en una playlist temas de los álbumes originales de las descargas de Panart, los cuales se encuentran en la Colección Gladys Palmera.

 

“Julio se me acerca y dice: ‘Vamos al estudio, a Panart Records’”, cuenta Walfredo de los Reyes, Sr. Nuestra conversación transcurre más de 60 años después de aquella noche habanera de 1956. Sin embargo, el músico cubano recuerda claramente la jam session, o descarga, liderada por el director de orquesta Julio Gutiérrez y el afamado pianista Peruchín en los estudios de Panart.

Julio Gutiérrez retratado por Narcy
Peruchín

De los Reyes todavía era conocido como Walfredo de los Reyes Jr. (Después heredaría el sufijo patriarcal de su padre, el trompetista de Casino de la Playa). Esa noche, cuando el joven batería y timbalero terminó de tocar en el Hotel Nacional con Gutiérrez y otros músicos de su banda, se trasladaron hasta el número 410 de la calle San Miguel. Encontraron abiertas las puertas de la casa colonial de techos altos que el fundador de Panart Records, Ramón Sabat, había convertido en los estudios de grabación más modernos del Caribe en 1943 (luego, y hasta hoy, el mismo estudio sería la sede del sello cubano Egrem).

A mediados de los años cincuenta, Panart, el primer sello independiente cubano, había dejado de ser una nueva empresa rudimentaria que luchaba por aliviar el control de la multinacional RCA Victor en el mercado, para convertirse en una marca respetada con distribución internacional y un éxito comercial cada vez mayor. Además de grabar los grandes éxitos de muchos de los artistas más populares de la época, Sabat siempre andaba buscando nuevas formas de llevar la música cubana al mundo.

Había unas 20 personas en la sala en ese momento. En una mesa había ron y coñac español,” recuerda de los Reyes. “Pedro Ximénez, que entonces era popular en La Habana–, Coca-Colas, Canada Dry (no Scotch, ése era americano). Algunas de esas personas no tocaban, estaban allí para pasar el rato, pero también eran músicos. Era como una gran fiesta. Empezamos a tocar. Peruchín hacía alguna cosita al piano, la clave, el tumbao… No había nada escrito. Julio se sentaba al piano y comenzaba una frase, y el resto de los chicos lo seguían. Improvisábamos melodías diferentes”.

“Estábamos grabando cómo nos sentíamos, lo que salía de nosotros”, confirmó Gutiérrez en una entrevista con el coleccionista e historiador musical Cristóbal Díaz Ayala. El respetado pianista y compositor estaba en la cima de su carrera en el momento de la descarga, dirigiendo varias bandas, incluyendo la orquesta del Canal 4 de la emergente televisión cubana. “”, dijo.

Aquella noche, el pequeño círculo de músicos de La Habana que sentaría las bases del jazz cubano tocaría, como tantas otras noches, hasta el amanecer, “haciendo que la música diera un giro de 360 grados”, en palabras del maestro bajista y pionero del mambo Israel “Cachao” López. Los músicos tocaban temas de mambo, cha cha chá y conga, deconstruyendo y reimaginando el sonido de los números que las grandes bandas solían interpretar en el escenario.

Pero esta vez, toda la descarga sería grabada.

El registro de esa noche se convertiría en dos discos de Panart: Cuban Jam Session Vol. 1 y Cuban Jam Session Vol. 2, de Julio Gutiérrez. Fueron seguidos por tres álbumes más: Cuban Jam Session 3, de Niño RiveraDescargas Cubanas de Cachao – conocido como Cuban Jam Sessions in Miniature en su edición norteamericana; y Cuban Jam Session Vol. 5, dirigido con su característico swing por el aclamado flautista José Fajardo y líder de múltiples bandas populares dentro y fuera de Cuba.

La grabación de esa última Cuban Jam Session fue diferente al resto: grabado en dos partes, primero en La Habana y años más tarde en Nueva York, y estuvo condicionada por los cambios históricos que se precipitaron en Cuba y que marcaron el final de una irrepetible era musical.

 

Los cinco volúmenes de descargas de Panart fueron grabados a lo largo de casi una década, de 1956 a 1964. Juntos resumen el panorama histórico y estilístico de la música cubana desde el son montuno de los big bands hasta la rumba afrocubana, pasando por el mambo, el cha cha chá y la música guajira acústica, al mismo tiempo que dan testimonio de la larga relación de Cuba con el jazz y la música popular estadounidense.

Los álbumes presentan de forma colectiva un elenco que a los aficionados de la música cubana y el jazz latino de hoy podría parecer simplemente increíble, pues en él figuran no sólo muchos de los músicos cubanos más innovadores de la época, sino también muchos de los más grandes de todos los tiempos. Entre los intérpretes, para nombrar solo algunos, figuran el flautista Richard Egües, de la Orquesta Aragón; el conguero Tata Güines, Orestes López, hermano de Cachao, al piano; el pionero batería de jazz cubano Guillermo Barreto, el genial improvisador de scat cubano Francisco Fellove, el trompetista Alejandro “El Negro” Vivar y su hermano, Salvador Vivar, en el bajo; y el percusionista Oscar Valdés, co-fundador del grupo Irakere.

Era imposible llevar la cuenta de todos los músicos que iban y venían”, escribió la esposa de Ramón Sabat, Julia, recordando aquella primera noche de descarga de Panart. Algunos de los intérpretes pidieron expresamente permanecer en el anonimato porque tenían contratos con otros sellos discográficos.

De los Reyes recuerda que la cantante Omara Portuondo, de asidua presencia en las descargas nocturnas de La Habana, estaba entre la pandilla presente esa noche. Pero con 87 años en el momento en que se escriben estas líneas, Portuondo no puede confirmar o negar su presencia en la grabación. Con la escasa documentación existente, y con cada vez menos testigos para contar las historias de estas descargas, también han quedado borrosos detalles como las fechas exactas de lanzamientos de los múltiples ediciones de los jam sessions de Panart distribuidos por varios países, y antes y después de la nacionalización del sello en 1961.

Lo que es innegable es que los álbumes Cuban Jam Session dejaron al descubierto la “cara B” de la Edad de Oro de la música cubana: los encuentros informales que ocurrían lejos de los espectáculos coloridos y la espléndida decadencia de la legendaria vida nocturna de La Habana. En las descargas que se celebraban en la madrugada de cualquier día de la semana y con regularidad los domingos, los músicos podían “dejar salir las expresiones que teníamos dentro”, como lo describió para mí en una ocasión el pianista Bebo Valdés. Para los músicos de La Habana, las jams eran como salir al patio de recreo. Pero los sellos discográficos buscaban los boleros románticos y los éxitos de las big bands cubanas que pasaban de la pista de baile a las victrolas, y que se vendían dentro y fuera de Cuba.

Ya en el año 1949, un artículo en la revista Billboard hablaba de una gran preocupación entre los editores de música: los compositores cubanos se habían sumergido en la moda de “ritmos hip, música jazz y arreglos progresivos”. También los editores criticaban “las influencias del mambo y be-bop”. Según el artículo, Peer International y otros editores “bombardeaban a los autores cubanos con súplicas para volver a las melodías cantables”. En el artículo, el representante de Peer en Latinoamérica aseguraba que Ramón Sabat de Panart “estaba consciente” de la importancia de regresar a la melodía.

No había ni la más mínima posibilidad de grabar algo que sonara a jazz”, declaró Acosta categóricamente en su libro Cubano Be, Cubano Bop.

Fue un disco de Bebo Valdés que marcó la primera grabación de descarga cubana, instigado por Irving Price, dueño de la tienda de discos Habanera Andre’s, y apoyado por el productor de jazz norteamericano Norman Granz. El 10” Cubano!, lanzado por Mercury Records, fue grabado en el estudio Panart en 1952 por Bebo con Guillermo Barreto, el trompetista El Negro Vivar y otros increíbles músicos de la orquesta Tropicana de Armando Romeu, que se juntaron para la ocasión bajo el nombre Andre’s All Stars. La grabación, que a menudo se considera el primer disco de jazz cubano, dejó la puerta abierta a las Cuban Jam Sessions de Panart.

Lo cierto es que la respuesta ante los álbumes de descargas de Panart fue explosiva y perdurable. En Cuba otros sellos discográficos, envalentonados por el éxito de Panart con Cuban Jam Sessions, enseguida lanzaron más grabaciones de descargas.

En Cuba siempre había habido una línea divisoria entre el jazz y la música popular”, señala el pianista y director de orquesta Arturo O’Farrill, hijo del pionero de jazz cubano Chico O’Farrill. “Con esas descargas de los años cincuenta se hizo borrosa”. De los Reyes va más allá: “La grabación de los Cuban Jam Sessions dio pie a todo lo que sucedió más tarde”.

En 1961, los álbumes de Panart inspiraron a Al Santiago, el director del sello discográfico neoyorquino Alegre, a crear la banda Alegre All Stars con feroces músicos latinos jóvenes como Johnny Pacheco, Charlie Palmieri y Bobby Rodríguez, para grabar una serie de discos de descargas. Posteriormente, el empresario de la industria musical estadounidense Morris Levy, que había comprado Alegre para convertirlo en el sello discográfico Tico Latino, comenzó las legendarias jam sessions de Village Gate en Greenwich Village, con invitados destacados como Cachao. Esas veladas para las que enseguida se agotaron las entradas dio lugar a los tres volúmenes de Descargas at the Village Gate de Tico.

Tras unirse en 1964 para fundar Fania Records, Pacheco y el abogado Jerry Masucci se propusieron imitar el éxito de Alegre All Stars influenciado por Panart con un jam latino propio, según el escritor e historiador de la Fania, Rogelio Rodrigues. Con tal objetivo crearon la Fania All Stars, y el resto es la historia de la salsa. Fue una serie de acontecimientos que cambiaría para siempre el sonido de la música latina en Estados Unidos.

Fue el álbum de descargas de Cachao que alcanzaría dimensiones míticas con los años. Impulsado por la celebridad global tardía del bajista en los años antes de su muerte en 2008, en 2013 el álbum se incorporó merecidamente al Salón de la Fama de los Grammy Latinos y al Registro Nacional de Grabaciones de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos.

Todas las grabaciones Jam Session, como expresa Cachao en una entrevista para el Smithsonian, sólo fueron posibles por el nivel de talento involucrado. Estos álbumes atestiguan, sin duda, el genio y la innovación de esos artistas, pero también su chispa y su sentido del humor y esas horas ahora envidiables de contacto humano ininterrumpido que producía una música que sólo podía venir de tocar juntos día tras día.

Los músicos de esas grabaciones estaban realmente en contacto unos con otros”, comenta Óscar Valdés sobre esos tiempos ya lejanos. “Había cierto ambiente. Para hacer algo así los músicos tienen que estar en sintonía con los demás, técnicamente y musicalmente hablando, y como amigos”.

Décadas después, cuando quedamos para comer en una cafetería de la Pequeña Habana de Miami, Cachao sonrió al recordar la sesión de su disco de descargas para Panart.

Cuando terminamos de grabar, les dije a los músicos que se buscaran una armadura porque el público se iba a explotar”, me dijo. “Esa música era una locura”. Para Cachao había un solo objetivo claro: “Hacer música que no se parezca a nada de lo que se ha escuchado”.

Craft Recordings lanzará por primera vez y en su formato original los cinco discos de las legendarias descargas del sello Panart (The Complete Cuban Jam Sessions), grabados entre 1956 y 1964. Coincidiendo con el centenario de Cachao el 14 de septiembre y durante el mes de octubre, Craft estará lanzando cada uno de los cinco discos en formato digital. En exclusiva para Radio Gladys Palmera, les presentamos un adelanto del texto que aparecerá en el box set físico escrito por Judy Cantor-Navas, co-productora de The Complete Cuban Jam Sessions. La autora además nos ha seleccionado en una playlist temas de los álbumes originales de las descargas de Panart, los cuales se encuentran en la Colección Gladys Palmera.

Playlist

1. Tata Güines - Descarga cubana
00:00:09
2. Niño Rivera – Guaguancó comparas
00:03:04
3. Julio Gutiérrez – Bata Rhythm
00:09:14
4. Julio Gutiérrez – Descarga caliente
00:14:50
5. Niño Rivera – Montuno guajiro
00:30:18
6. Fajardo y sus All Stars – Juaniquita
00:39:43
7. Julio Gutiérrez y su Orquesta – Perfidia
00:46:02
8. Niño Rivera – Cha cha chá Montuno
00:54:25
9. Julio Gutiérrez y su Orquesta – Cimarrón
01:03:29
10. Cachao – A gozar, timbero
01:09:49

 

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