Ramón Sabat junto a Yoyo Casteleiro, Caridad Cuervo y Alfredito León.

Panart fue la casa discográfica pionera de Cuba. En Panart se grabó el primer cha cha chá, La engañadora, de Enrique Jorrín, tal como el primer sencillo de mambos de Dámaso Pérez Prado, que fracasó en Cuba justo antes que se fuese a México para convertirse en el rey del mambo mundial. Panart organizó las primeras grabaciones de música afro-cubana sagrada hechas en estudio, donde se escucha a Celia Cruz cantando en lucumí en pistas que parecen ser las primeras grabaciones para un sello de la futura reina de la salsa.

El catálogo de Panart incluye a Joseíto Fernández cantando su Guajira guantanamera, y las únicas grabaciones de Miguel Matamoros tocando Lágrimas negras y Son de la loma con el Cuarteto Maisí, un grupo que incluyó a su entonces mujer, Juana María Casas, La Mariposa. También hay grabaciones tempranas de Compay Segundo e Ibrahim Ferrer, y, en discos grabados por ellos y otros artistas del momento para Panart, el repertorio de canciones que, casi medio siglo después, fueron recuperadas y reproducidas por el Buena Vista Social Club y sus secuelas. Todos ellos grabados, incidentalmente, en la casa colonial en La Habana que desde 1943 a 1961 fue conocida como «la sede de la Panart».

Los precedentes de Panart incluyen a discos de música navideña cubana, los primeros discos cubanos para niños y, míticamente, la primera grabación de una descarga cubana tocada toda la noche en un estudio. La pachanga, creada por Eduardo Davidson antes de ser transformada y popularizada por artistas latinos de Nueva York, el ritmo afro-cubano que Bebo Valdés bautizó como batanga, y el filin, se fomentaron en el estudio de Panart. Fue un laboratorio para la experimentación moderna de la mitad del Siglo XX, lo que desde entonces se ha conocido como “la época dorada” de la música cubana. Para muchos que se fueron de Cuba, la música capturada por Panart sería siempre el sonido de un momento brillante, su Camelot musical.

Unos 1.500 ejemplares originales de lanzamientos de Panart forman parte de la Colección Gladys Palmera, rescatados de un abismo de olvido que duró décadas, creado por una combinación del efecto colateral de la política y la indiferencia comercial. El descubrimiento del catálogo del sello puede resultar una experiencia realmente emocionante para un seguidor de la música cubana, al conocer la profundidad enciclopédica de una época; también a darse cuenta de la transcendencia que han tenido la música y los artistas grabados por el sello.

Muchas son canciones que aún hacen eco en las mentes de generaciones en Cuba, Ámerica Latina, España y Estados Unidos. Canciones que han resonado por el mundo en versiones posteriores, formando la base del movimiento de la salsa de Nueva York, dejando un legado al jazz latino, y dado a cantantes de pop latino algunos de sus clásicos más románticos.

La importancia histórica de Panart no reside solamente en su catálogo: Panart significó la creación de una industria musical doméstica en Cuba. Fue el primer estudio de grabación comercial en La Habana que no estaba afiliado a una emisora de radio. A la vez, sus prensas conformaron la primera fábrica de discos de la isla.

Las primeras imagenes de cuatro colores de las carátulas de discos en Cuba fueron impresas por maquinas traídas por Panart de Nueva York. Las fotos de las portadas, tomadas al aire libre en el Tropicana y en otros sitios pintorescos en La Habana, conjuran la imagen de Cuba como paraíso tropical despreocupado, lugar de mujeres bellas disponibles, palmeras y congas que perduran al día de hoy en imágenes que acompañan la música tropical.

El hombre del renacimiento

En la cumbre de su popularidad, desde la mitad al final de los años 50, su fundador, Ramón Sabat, fue una figura reconocida por la noche habanera: un hombre de tez pálida, bigote espeso, con gafas de pasta, fumando un H. Upmann. Se le encontraba en búsqueda de nuevos artistas para firmar en los clubs, desde el Tropicana, donde encontró a Los Chavales de España, a la academia del baile Marte y Belona, donde disfrutó de los conciertos de La Sonora Matancera. Cuando Sabat colgaba su esmoquin en casa, pasaba horas escuchando música clásica y tomando su último Coca-Cola de la noche, mientras dibujaba. Los inventos y diseños que realizó a lo largo de su vida incluían un dispositivo sónico submarino usado por la armada de los Estados Unidos, y también los primeros tocadiscos portátiles vendidos en Cuba. Los seis modelos producidos por Panart permitían a muchos cubanos a escuchar discos en casa por primera vez.

Mi marido era un hombre del Renacimiento, me dijo Julia Sabat, la mujer de Ramón, cuando nos conocimos en Miami en los años 90. Su cabeza siempre estaba llena de ideas.

La idea que tuvo Sabat de crear un sello discográfico habanero dedicado a todo tipo de música cubana, se formó después de una ausencia de la isla por más de veinte años. Nacido en Las Villas y criado en Cienfuegos, Sabat se fue de Cuba a los 19 años para ver el mundo, algo que hizo gracias a la marina mercantil y el ejército americano, donde se inscribió como puertorriqueño, y tocaba en la banda militar. Después, estudió ingeniería en la Universidad de Nueva York, y trabajó como ingeniero de sonido para RCA Victor y Columbia Records. Fundó un lugar nocturno de música latina, el Cubanacan, en Harlem con el artista cubano Arroyo. Esa iniciativa luchó por sobrevivir durante la Gran Depresión de los años 30, y perdió la batalla.

Sabat se asoció con unos amigos amantes de la música en 1938 para fundar un sello de música clásica. Con Musicraft querían llevar la sinfonía a las masas. Pero el futuro del sello fue puesto en peligro por la escasez de laca y otros materiales para hacer los discos al comienzo de la Segunda guerra Mundial. Los tiempos de guerra también pusieron fin a su proyecto de construir un estudio de grabación para la Orquesta Sinfónica de Boston. Fue durante un viaje a La Habana en 1941 para grabar a la Filarmónica de La Habana, cuando le ocurrió que sería un buen momento para un sello de discos dedicado a la música cubana.

Sabat y sus socios cerraron Musicraft. Poco después, los equipos de grabación del sello, y las prensas de disco que estaban antes destinados para la Sinfónica de Boston, se encontraron en un barco camino de La Habana. Asimismo los Sabat, quienes se habían conocido en un coctel en Manhattan; se casaron el mimo año.

Ramón Sabat fundó el Cuban Plastics and Record Corporation y su subsidiario Pan American Art (Panart), en 1942. Rápidamente alquiló un edificio en el número 410 de la calle San Miguel, entre Campanario y Libertad, y empezó a construir un estudio. Las prensas se instalaron en el patio interior de la casa.

Sabat lucho por encontrar los materiales para hacer el estudio, hasta tener que mandar a hacer tornillos en la fundición de La Habana, que pertenecía a su suegro. Años después, Roberto Espí, el líder del Conjunto Casino, describió el estudio como muy rudimentario. Las divisiones eran de tablas de bagazo de caña, con sacos, le dijo Espí al escritor Gaspar Marrero Pérez-Urría en una entrevista para su libro Los Campeones del Ritmo.

Otros miembros del grupo se quejaron del calor que hacía en el estudio Panart y el uso de sólo tres micrófonos para toda la banda cuando grabaron éxitos como Sun sun babaé, Humo y espuma y A romper el cocoYo oigo esos viejos discos y aprecio unas condiciones extraordinarias, contó el vocalista Agustín Ribot en una entrevista a Pérez-Urría. Cuando los oigo, cierro los ojos y pienso: Si la gente supiese cómo hicimos eso, no lo creerían.

Con una memoria fantástica, Julia Sabat identificó el primer disco de Panart como el bolero Toda una vida, cantado por Carlos Alas del Conjunto Casino. Pero según una lista de diez pistas grabadas anteriormente, encontrada en los archivos de Panart en Cuba y confirmada por los curadores de Colección Gladys Palmera, la primera canción de Panart fue Ampárame, con En el ñongo por el lado B. Los dos fueron escritos por el conguero Chano Pozo, y grabado por la Orquesta de Julio Cuevas con el cantante Cascarita, algunos años antes que Pozo se uniera a la banda de Dizzy Gillespie, determinando el camino del jazz latino.

Cuando en 1948, Panart tuvó su éxito más grande hasta la fecha con Dos gardenias, cantado por Daniel Santos y La Sonora Matancera, el sencillo sólo se vendía clandestinamente en La Estrella y otras tiendas de discos en La Habana.

Sólo había un tipo de disco vendido en La Habana y eran los de RCA Victor, contó Julia Sabat, quien dirigió el departamento de regalías de Panart. No dejaron que sus tiendas compraran nuestros discos. Tuvimos que hacer nuestro propio mercado,

Relegado en las tiendas de discos por el monopolio americano, Panart creó las primeras secciones de discos en el gran almacén Sears, y después en El Encanto. Los dueños de la tienda eran reticentes, pues estaban preocupados que la música distrajera a los clientes al hacer sus compras. Pero pronto se dieron cuenta que el sonido de los últimos hits atraía a un deseado público joven.

Panart fue como el David en la confrontación con el Goliat RCA Victor. Pero el sello independiente tuvo una ventaja clara: discos hechos en Cuba.

A la semana, el disco ya estaba en la calle. Los discos se prensaban allí mismo en San Miguel, le contó el pianista Roberto Álvarez del Conjunto Casino a Pérez-Urría. Se hacía una pira, los camiones venían con unos cuadros de plástico y con base de bronce se hacía disco a disco, con etiqueta pegaba y todo.

Espí y el grupo firmarón con Panart en 1949 justamente porque la RCA Victor tardaba un año o más para lanzar un disco en Cuba, cuando ya el número grabado no resultaba de interés.

Panart forjó así su lugar en el mercado y abrió el camino para otros sellos cubanos, como Gema, Puchito y Kubaney, que aparecieron en sucesión. Panart aceleró su producción, Sabat diseñó un segundo espacio de grabación, alzando el techo para crear un estudio más amplio en el piso de arriba. También renovó la primera planta, bajando el nivel del suelo. Y resultó que los tres obreros contratados para ayudar con la construcción buscaban una oportunidad como grupo musical: el Trío La Rosa terminó teniendo una exitosa carrera como artista de Panart.

En 1950, La Vie En Rose, interpretado por Los Chavales de España, vendió unas 10.000 copias. Las ganancias de eso y otros sencillos del grupo catalán que había llegado en Cuba en 1948, permitió a Sabat pagar la construcción de una nueva fábrica de discos construida en 1952.

Con tres naves para los procesos químicos, prensas y embalaje, la fábrica estaba a cinco kilómetros y medio de La Habana en la carretera al aeropuerto Rancho Boyeros.

Un artículo publicado en 1954 en el periódico Avance anotaba: Las instalaciones han sido visitadas por representantes de compañías en Uruguay, Colombia y Ecuador, entre otros, para ver como fue especialmente diseñado por el trópico.

Con la explosión del interés de Cuba como destino turístico en los años 50, gracias a los casinos y entretenimiento nocturno, Panart extendió su plan de marketing incluyendo una promoción con la aerolínea Cubana de Aviación. En 1956, Cubana ofrecía un disco gratis a cada pasajero, y vendía discos de Panart en sus agencias de viaje. Algunos discos de Panart lanzados en Estados Unidos –había sólo 30 en 1957– llevaba un sello de la Comisión del Turismo que garantizaba la música autentica de Cuba, como se lo escucha tocada por toda la República de Cuba, por artistas y músicos cubanos.

Además de trazar la evolución de la música cubana en los años 40 y 50, el catálogo de Panart permanece como un testimonio brillante de la conexión cultural entre Cuba y los Estados Unidos de la época. La diva del bolero Olga Guillot tuvó sus primeros éxitos con Lluvia gris, una versión de Stormy Weather en español, y Al fin (At Last). Julio Gutiérrez versionó Rock Around The Clock con su El cha cha chá del reloj en 1956. La cantante de jazz cubana Delia Bravo cantó As Time Goes By en un sencillo lanzado en 1948, después del estreno de Casablanca en Cuba. El cantante de scat jamaiquino-cubano Dandy Crawford hizo su versión de Day-O (The Banana Boat Song), que Harry Belafonte llevó a Nº 1 de los charts de Estados Unidos en 1956. Caridad Cuervo, una adolescente, interpretó la Venus de Frankie Avalon en español al compás del cha cha chá.

Antes de finalizar los años 40, Panart empezó a exportar sus discos y hacer acuerdos de distribución con compañías que incluian Peerless y Musart en México, Discos Fuentes en Colombia y Odeon en Chile. Panart también tenía acuerdos con Decca y Capitol para lanzar sus títulos en Cuba. La oficina de Panart en Nueva York hacía distribución por otras ciudades de Estados Unidos, y lanzó versiones de los álbumes más populares con títulos y textos en inglés.   

Generalmente Panart ha sido responsable por la circulación extensiva de la música cubana alrededor del mundo, dijo Sabat a un periodista en 1957. Si Panart no hubiese existido, el impacto internacional de la música cubana habría sido considerablemente menor.

EL PROCESO FINAL

En 1959, cuando los cambios políticos y sociales llegaron rápidamente a Cuba con el triunfo de Fidel Castro, Panart se encontraba en su mayor momento de éxito. Pero ante la incertidumbre sobre su futuro, Julia y Gala Sabat, el hermano de Ramón, comenzaron a llevar copias de los masters de las grabaciones del sello en sus viajes a Nueva York. Luis Díaz Sola, el responsable de producir las carátulas de los discos, llevaba los negativos a Miami.

A principios de 1961, cuando Estados Unidos rompió sus relaciones diplomáticas con Cuba, Julia Sabat se encontraba en Nueva York. Ramón Sabat se negaba a dejar Cuba y se quedó en La Habana para mantener el negocio con Galo, quién escribió en una carta a Julia, seguimos luchando en un mar de obstáculos.

La noche del 30 de mayo, Ramón Sabat llegó a Nueva York después de un viaje de visitas a las compañías asociadas con Panart en América Latina. La misma mañana, el estudio y la fábrica habían sido confiscados por el Gobierno cubano. Panart sería dirigido por la nueva Imprenta Nacional de Cuba, y en 1964, las grabaciones pasaron a formar parte del sello nacional Egrem.

Después de dejar Cuba, la familia Sabat se mudó a Miami y montaron una pequeña fábrica de discos, donde producían una serie de compilaciones dirigidas a la comunidad cubana en el exilio. Poco antes de la muerte de Ramón Sabat en 1986, se vendíeron los masters que se habían traído de Cuba y los derechos del catálogo a un empresario venezolano; más tarde las grabaciones de Panart pasaron al sello mexicano Musart, y en 2016, a Concord Records de Los Ángeles, donde ahora forma parte de su sello Craft Recordings.

Judy Cantor-Navas fue nominada al Premio Grammy 2020 por The Complete Cuban Jam Sessions de Panart, reeditados por Craft Recordings. Su investigación sobre el sello Panart ha sido apoyada con una beca de la Fundación Cultural Latin Grammy.

Son muchísimas las canciones de Panart. Hacer una selección es casi una afrenta a un catálogo tan extenso. Pero en el artículo se mencionan algunas piezas musicales que fueron decisivas para su historia. Por eso esta breve selección, todas joyas absolutas del cancionero cubano.

Playlist

1. Daniel Santos con la Sonora Matancera - Dos gardenias
00:00:15
2. Julio Cuevas con Cascarita – Ampárame
00:03:16
3. Julio Gutiérrez Orchestra - El cha cha chá del reloj
00:06:08
4. Conjunto Casino - Humo y espuma
00:08:37
5. Miguel Matamoros con el Cuarteto Maisí - Son de la loma
00:11:25
6. Trío la Rosa - Mar y cielo
00:13:45
7. Chico O'Farrill - El bodeguero
00:16:40
8. Bobby Lacery (Rolando Laserie) con Los Jóvenes del Cuadro - A la United Café
00:19:18
9. Raúl Planas con el Conjunto Niño Rivera - Juanito Trucupey
00:22:20
10. José Fajardo con sus Estrellas - Corazón de melón
00:24:50

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