Walfredo de los Reyes, Sr. (Cortesía del atista).

A ningún fan de la música cubana le extrañaría hoy ver una batería cargada de timbales y cencerro, bongos o cajón, o montada con una o más congas al lado. Los drum kits se empezaron incorporar en algunas orquestas cubanas tan pronto como los años treinta, pero tendría que pasar mucho más tiempo antes de que la batería tuneada tomara su papel vital en la música cubana.

El viaje de ida y vuelta entre La Habana y Nueva York de Walfredo de los Reyes, Sr. durante su juventud ocurrió en paralelo con el encuentro entre la música de Cuba y los Estados Unidos. Este legendario músico, de los primeros en tocar la batería a lo cubano, nos contó cómo pasó:

El momento de cambio llegó en los años cincuenta; fue cuando la batería empezó a sonar más en la música cubana”, cuenta de los Reyes, de 85 años, durante una larga conversación telefónica desde su hogar en California. “Todas las bandas cubanas ya tenían batería, pero no se tocaba cuando un tema era de música cubana”. Las orquestas de baile habaneras entonces reservaban la batería para acompañar los populares ritmos de baile adoptados de las big bands americanas, explica.

De los Reyes no veía el sentido a esto, y junto a otros músicos progresivos se propuso romper las barreras entre batería y percusión.

Algunos de nosotros – como yo y Guillermo Barreto – empezamos a experimentar con la misma cosa, los hi-hats, los tom-toms. Yo añadí los timbales a mi batería y toqué los dos juntos. Eso fue en los cincuenta. Tenía mi batería y los platillos grandes y todo el equipo, y lo incorporé en la música cubana”.

Para de los Reyes lo que fue un paso natural fue visto por algunos como un acto de rebelión.

Me criticaron mucho,” recuerda de los Reyes. “Mucha gente ni sabían lo que era un platillo. Recuerdo tocar un show en el Teatro Martí. Empecé a tocar. Estaba tocando el plato más arriba, el de 20 pulgadas, y un tipo del público me gritó: «Oye, esta es música cubana, no música china»»!

Walfredo de los Reyes (derecha) a finales de los 50 grabando en los Estudios Panart el primer LP de Caridad Cuervo, con El Negro Vivar y Tabaquito.

Pero la batería cubana ya había nacido, y el kit siguió creciendo alrededor de donde se sentaba de los Reyes en el escenario.

Yo estaba tocando las congas con la mano izquierda, y la batería con la derecha. Usando cuatro timbales. Tenía un estilo de tocar con los ritmos cubanos de conga y timbales y todo eso incorporado con el drum set”.

Tanto heredero como progenitor de una dinastía musical familiar, Walfredo de los Reyes III nació en La Habana en 1933, y vivió los años de su adolescencia estudiando en el Instituto de Música y Artes de Manhattan. Por la noche, continuaba su educación en los escenarios de los big bands, y siguiendo los pasos de los jazzistas hasta los clubs de Harlem.

Fue una época en que todo estaba cambiando”, recuerda. “Especialmente en la ciudad de Nueva York. Se estaban incorporando los ritmos latinos a las bandas de jazz. Tenías a los músicos cubanos como Mario Bauzá tocando en los big bands, y Machito, y muchos cubanos que estaban viviendo en Nueva York en los años cuarenta. Tienes que mirar hasta a los músicos que llegaron antes de que  Chano Pozo dejara Cuba y se incoporara con Dizzy Gillespie. Eso fue el gran cambio, de tener una conga en una banda de jazz«. 

«Pero Chano no fue el primero y no fue el único«, continúa. «Los músicos cubanos estaban yendo a Nueva York y conociendo a los músicos, y adoptando el jazz que se tocaba allí. Y yo fui parte de todo eso. De niño, cuando tenía 12, 13, 14, 15 años estaba mirando todo eso crecer”.

El padre de Walfredo de los Reyes, Sr. (también Walfredo), segundo por la derecha en la fila de abajo, en la orquesta original de Casino de la Playa en su fundación en 1937.

De los Reyes, también fue conocido como Walfredo de los Reyes, Jr. (así aparece su nombre en algunos de sus seis discos en la Colección Gladys Palmera). Fue la carrera de su padre la que llevó a la familia a Nueva York: el entonces Walfredo de los Reyes, Sr., ex-trompetista y cantante de la orquesta Casino de la Playa en Cuba, se había traslado a la Gran Manzana para trabajar en la orquesta del pianista Anselmo Sacasas, otro miembro de la Casino. En 1950, la familia volvió a La Habana.

«Los cincuenta fue una era increíble porque la guerra se había terminado en los cuarenta – fue en ’46, ’47, ’48, ’49 que todo empezó. Volvieron los músicos que habían estado en distintos países tocando en las bandas militares, haciendo su servicio en Europa o Asia. Y cuando regresaron a los Estados Unidos sus cabezas estaban llenas de música que habían escuchado, música muy distinta que la música que se escuchaba entonces en los Estados Unidos».

«Y la misma cosa pasó en Cuba, y en Suramérica, en países como Brasil y Venezuela. Todos los músicos jóvenes en ese momento estaban buscando algo nuevo. Y yo fui parte de eso. Por eso digo que los años cincuenta fue un momento glorioso para todos los países. Porque cada músico estaba experimentando con su música, con su folclor, y también con la música folclor de los Estados Unidos, que es el jazz. Y el blues. Entonces estábamos combinando. USA escuchaba a Cuba y Cuba escuchaba a USA”.

Panamá
Walfredo de los Reyes Jr. y su Orquestra

Para de los Reyes, los cincuenta fue una década de tocar casi 24 horas al día, “donde todos los días oías un ritmo o estilo distinto”, creado por músicos como él, quienes marcaron la vanguardia de la música cubana, y a la vez convirtiendo la historia del jazz en la suya.

Siempre había gente grabando y grabando y grabando, todos los días”, recuerda de los Reyes. “Yo hacía como cuatro discos por semana con distintos músicos. Muchas veces yo estaría pasando el tiempo por allí y me decían, Walfredo, ven a tocar. Y tocaba”. 

Walfredo de los Reyes (abajo, izquierda) en la orquesta de Julio Gutiérrez.

A la vez que frecuentaba los estudios de grabación, de los Reyes tocaba por las noches con una sucesión de orquestas: con su padre, con los varios grupos del pianista y compositor Julio Gutiérrez, y con sus propias bandas. Entre muchos otros vocalistas, incluyendo a Nat King Cole y La Lupe, de los Reyes acompañó a Eartha Kitt cuando viajó a La Habana en 1956 para abrir el Café Parisien del Hotel Nacional.

Entre otros numerosos discos, donde aparece de los Reyes – con o sin crédito – participó en tres de los cinco discos de Cuban Jam Session del sello Panart. Fue en el disco Cuban Jam Session Vol. 5 liderado por José Fajardo que se destacó como solista.

Puedes escuchar una manera distinta de tocar cuando escuchas a “Pa’ Coco Solo” o “Juaniquita»,” indica el músico. “Es diferente que cuando escuchas a alguien solo tocando timbales.” 

En 1960 salió su Cuban Jazz, un álbum feroz de melodías estadounidenses mezcladas con ritmos cubanos con Cachao, Luis Escalante, Paquito Hechavarría y los grandes percusionistas afrocubanos Los Papines.

Ese álbum fue increíble,” dice de los Reyes, quien lamenta que no se le haya dado la importancia que se merece a ese disco y haya sido prácticamente olvidado. Además, confiesa desconocer quién actualmente tiene los derechos del álbum. Como la mayoría de sus grabaciones pre-revolucionarias, tampoco sabe dónde han ido a parar sus regalías.

En 1962, de los Reyes se fue de Cuba: “Yo salí de Cuba, pero por supuesto la música seguía”, comenta. Regresó a Nueva York, donde empezó a grabar álbumes en sintonía con la década, como Latin Twist con Tito Rodríguez.

Tras pasar varios años en Puerto Rico, en 1970 se fue a Las Vegas, donde trabajó durante una década actuando con un desfile contínuo de estrellas del entretenimiento como Sammy Davis Jr., Tony Bennett y Rita Moreno.

Destacan dos discos con el baterista americano de jazz Louie Bellson, grabado a final de los años 70, entre lo mejor de su obra.

El legado musical de la familia de los Reyes se ha cementado con los hijos de Walfredo Sr: Walfredo «Wally» Reyes, Jr., conocido como baterista de los grupos de rock Santana y Chicago, el percusionista Daniel de los Reyes y el actor Kamar de los Reyes.

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