La Mar de Músicas 2018, el festival que organiza el Ayuntamiento de Cartagena, le ha concedido a la cantante colombiana, el premio 2018 por “dedicar toda una vida a la difusión internacional de la música de la costa caribeña de Colombia, por ser una innovadora inquieta y por continuar incansablemente promoviendo la música de su tierra natal impulsada por la pasión y la alegría.

Se podría decir entonces que es un premio que viaja de Cartagena a Cartagena, desde la colonial Cartagena de Indias, capital del Departamento de Bolívar, donde ella nació; hasta la señorial ciudad murciana que organiza este festival desde 1995. Y se podría decir que es un asunto de identidad con la música misma, ya que según Totó, “la identidad no compite con nada ni con nadie. La identidad musical tiene raíces en lo indígena, en lo africano y lo europeo, junto a los tambores africanos, las cuerdas europeas y las gaitas indígenas.

Nacida como Sonia Bazanta Vides, Totó debe su nombre artístico a la isla fluvial de Mompox, cuyo centro de acción, Santa Cruz de Mompox ha sido declarado Patrimonio de la Humanidad. Su infancia fue pobre y su recorrido hacia la fama largo y complicado. Formó su primer grupo musical en 1964 y estudió música en la Universidad Nacional de Bogotá. Estando allí fue seleccionada en 1982 para acompañar a Gabriel García Márquez en la delegación cultural que lo siguió para recibir el Premio Nobel de Literatura en Estocolmo, lo cual cambiaría su vida.

La cantante, dueña de una voz potentísima y una energía contagiosa en escena, se ganó la vida cantando en las calles, mercados y metros de Francia y Alemania, hasta que en 1991 otro hecho la marcaría para siempre: cuando conoció a Peter Gabriel y su fundación Womad. Con la ayuda inestimable del productor Richard Blair y de su representante, John Hollins (quien acabaría siendo su yerno), saltó al estrellato como representante del folclor del Caribe colombiano.

De vuelta a su tierra natal, inició una serie de grabaciones discográficas bajo el sello colombiano MTM y donde presentó muestras de folk nacional que hasta entonces habían permanecido escondidas. Una de ellas fue la denominada música de sexteto, de evidente influencia afrocubana mezclada con las gaitas, porros, bullerengues y puyas colombianas. En ello fue vital, y lo ha sido desde entonces, su hijo, el tamborero, Marco Vinicio Oyaga.

Entre su larguísima lista de éxitos está Aguacero e’ Mayo, Tres Golpes, Rosa, La Verdolaga, El Cascabel, La Candela Viva, Chichimaní, Carmelita, Acompáñala y La Ripiá. Asimismo ha recibido importantes galardones como el Premio Womex en Sevilla, el Premio Nacional de Cultura en Medellín, el Premio Nacional de Vida y Obra en Bogotá, o el Premio a la Excelencia Musical de los Latin Grammy en Miami.

Hace algún tiempo esta integral y carismática artista pasó por los micrófonos de Radio Gladys Palmera, y en una entrevista con Teresa Navajas, nos dijo algo que nos dejó marcados acerca de su longevidad y trascendencia: “Nosotros los artistas tenemos nuestros amores… Cuando uno hace una composición, entonces aparece el amor musical… Cuando las cosas se hacen de amor desaparecen con amor. Eso que dicen que por amor soy de ti y seré toda la vida.

Totó la Momposina recibirá el Premio La Mar de Músicas 2018 el 23 de julio para luego ofrecer un concierto. En el festival también actuarán como invitadas especiales la diva guineana Djanka Diabate y la artista tibetana Yungchen Lhamo.

 

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