© Laurie Anderson

El año 2017 fue en el que la ficción serializada apostó por las historias de mujeres. El pistoletazo de salida lo dio en febrero la adaptación de una novela de Margaret AtwoodEl cuento de la criada que “solo” quería poner sobre la mesa temas como los malos tratos o la sororidad. A continuación, empezaron a caer los “grandes hombres de Hollywood y de la política.” Terminarán por aparecer muchos pero muchos más. Fue el año en que empezamos a dejar de vivir peligrosamente.

El año que se va a cerrar fue el año del ME TOO, en el que la palabra más importante fue sororidad. Mujeres hermanas, mujeres que se apoyan y que no desean más acoso y maltrato. También hubo otras muy palabras muy feas como postureo o posverdad.

Todas esas mujeres que denunciaron hicieron algo valiente y otras las apoyaron como Laurie Anderson y la fotógrafa Sophie Calle que se casaron. En una iglesia llamada la Swedenborgian Church, un edificio de Artes y Oficios de 120 años de antigüedad diseñado por un grupo de arquitectos. El edificio, que tiene un jardín, es el único lugar de culto en San Francisco. Dos mujeres iconos del arte y la creatividad, concienciadas y conscientes.

Según el San Francisco Chronicle, Anderson y Calle se fueron a explorar los terrenos. Los artistas y amigas de toda la vida se emocionaron tanto con el edificio histórico que Calle se lo propuso a Anderson y decidieron “casarse” de inmediato. El pintoresco lugar de 120 años de edad es el único lugar de culto en San Francisco protegido como Monumento Histórico Nacional. La iglesia también es conocida por los idílicos y sirve para pasear el amor en tiempo de cólera e indiferencia.

Laurie Anderson además de ser uno de los referentes de la música de vanguardia, estuvo casada con la estrella del rock Lou Reed hasta su muerte en 2013. Sophie Calle también estuvo casada una vez con el artista estadounidense Greg Shephard (1992), con el que hizo su vídeo, ahora están divorciados. Lo de Calle tuvo mérito porque fue un viaje de luna de miel por las carreteras americanas. Una vez hecho pensaron que había que decirse adiós.

Los “votos” de la boda entre ambas artistas fueron dirigidos por Thor Anderson, hermano de Laurie Anderson. Todas estas palabras “casados”, “votos” están entre comillas, porque parece que esa es la práctica legal tradicional.

Una canta, la otra no, como titulaba una conocida película Agnès Varda, otra mujer excepcional. Ellas escriben, pintan, hacen fotografía, inventan, crean. No hay nada que ellas no puedan hacer.

En realidad fue una performance para decir que las mujeres pueden y deben permanecer juntas y tras la llegada de un maltratador moral y ético al poder, una forma de hermanarse para hacer frente. El feminismo ha vuelto para quedarse.

La portada del año del TIME lo dice.

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