Rosalía en la portada de Rockdelux julio/agosto 2018.

Son las cuatro de la mañana del mes de julio, estamos en el hotel Nievesol en Formigal, refugio de artistas del Festival Pirineos Sur, hay cinco flamencos alrededor de un móvil en el que suena «Pienso en tu mirá», una bulería por soleá del nuevo disco de Rosalía, El Mal Querer. Las bulerías en Jerez son uno de esos enigmas del flamenco que conocen los niños cuando juegan a cualquier cosa y que en el barrio de Santiago suena como cuando una tribu africana está a punto de comerse a un antropólogo y en el barrio de San Miguel suena más pausado (como si ya estuvieran haciendo la digestión).

Diego Carrasco, que es de Santiago, deconstruye el tema de Rosalía. El gran gurú del compás se inclina hacia el móvil, acompaña la canción con las palmas y le dice a los de su banda «Mira ahí vuelve» señalando el compás (que en el flamenco significa algo más que un ritmo), da una patada en el suelo y exclama un «¡ole!» bajito y rotundo, el que se reserva para la excelencia en el cante y en la vida.

Diego Carrasco le saca dos o tres décadas a los miembros de su banda y siempre parece el más moderno, el más avanzado, el más joven. Está su hijo Ané Carrasco que ya ha estado tocando dentro del engranaje del directo de Rosalía. Ané no tiene palabras para describirlo y lo dice con las manos: “es otro mundo”.

Detalle de la portada del single "Pienso en tu mirá" de Rosalía.

Una chiquilla y un punk

El primer boom de Rosalía (la gira del disco Los Ángeles) fue recibida, en general, con hostilidad por los flamencos, los bienintencionados la comparaban con los abuelos de las grandes sagas y con sus nietas.

Casi todos tenían una opinión autorizada antes de escuchar a “esa chiquilla” cantar y cuando la escucharon se fijaron en que el guitarrista (Refree) no sabe tocar flamenco, hay más de cien mil guitarristas mejores que él. Imposible intentar convencer a un guitarrista que lleva toda la vida pegado al instrumento de que, lo de Refree, tiene mucho valor.

Portada del single "Di mi nombre" de Rosalía.

La mujer barbuda

Mi primer encuentro con Rosalía fue previo a su concierto en Nueva York y comienza mal: «Fui yo el que escribí la crónica en El Mundo en la que te llamé ‘la mujer barbuda‘», le digo. Veo en su cara de asombro e inquietud que no la leyó (nunca apareció en la versión digital).»Te vi la primera vez desde la última fila del auditorio de Cartagena, julio 2017 La Mar de Músicas. Tenía delante de mí a 800 personas que jamás se habían acercado a un concierto de flamenco… y entre que estaba lejos y que mi vista no es lo que era. Daba igual que fueras la mujer barbuda, lo importante es la música. Voz y guitarra. Como Camarón y Tomatito«.

Estás ante Rosalía y tienes la sensación de que no pierde un detalle, de que lo absorbe todo con una velocidad que da vértigo. El entrevistador es de la edad de alguno de sus maestros que te cuentan por lo “bajini” que sí, que “la chiquilla” es aplicada, que tiene ambición y que va muy deprisa.

Las prisas no le gustan nada a los flamencos que prefieren conservar las esencias y respetar los dictados del patriarca que siempre es el más sabio y el más mayor. Pero el abuelo siempre tiene una mirada más amable respecto a su nietos, así los “jefes” de la familia Sordera y los de la familia Habichuela veían con buenos ojos a sus nietos, los chicos del nuevo flamenco que se integraban en grupos como Ketama y La Barbería que se hicieron famosos en los años 90 y ahí están. Ahora son maestros como Josemi Carmona o Paquete o Juan Carmona «Camborio» a los que tampoco les gustan las prisas de las nuevas generaciones.

Rosalía manda en su carrera y desmiente eso de que es un montaje multinacional. Un argumento del pasado. Acaba de hacer una sesión de fotos y las repasa una a una con el fotógrafo, “esta es la que va” dice. Me asusto, no sé cómo va a reaccionar el director de arte del periódico cuando vea que esa «chiquilla» le ha hecho el trabajo.

 

Rosalía me mira retadora, parece que está a punto de decirme: ¿te crees que soy la mujer barbuda? Respondo la mirada con un órdago: «¿Sabes la diferencia entre tus conciertos y los de Camarón?«

Se asusta. Ella fue transformada cuando era una adolescente por la voz de Camarón hace diez años. «El silencio… No te puedes imaginar el barullo que había en los conciertos de Camarón. En los tuyos es casi inquietante, los modernos que van a verte ni siquiera se atreven a decir ¡ole! Y todas las interjecciones que han surgido en la historia del flamenco para liberar la conmoción del cante. Hay un millón de maneras de decir ¡ole! Y te puedes pasar toda la vida errando el momento y el tono (y a tu lado todo el mundo se dará cuenta de tu error)«.

«Sí, es como una ceremonia”, dice y cuenta que lo más fuerte que le ha ocurrido en un escenario fue en el Casa Patas, en la Sala García Lorca. Una sala sin amplificación donde las 80 personas congregadas intervienen en el concierto con su silencio y con sus digestiones. “Me sentí transportada, en trance”, dice.

¡Guau! Rosalía cree en las leyendas, en esa sala han actuado todos los grandes del flamenco que continúan vivos en el siglo XXI. Los grandes mitos han ido dejando parte de su vida entre esas paredes y eso ayuda a que los artistas y el publico alcancen a la gran ceremonia del cante, la búsqueda del duende, el pellizco, el arrebato. Eso que está buscando todo el mundo desde que Federico García Lorca escribió Juego y teoría del duende en 1933.

Detalle de la portada del single "Malamente" de Rosalía.

Rosalía en Nueva York

Me cruzo con Refree en la puerta del ascensor. Le abrazo, es un tío tímido con aire de indie, era uno de los tres protagonistas en la obra “Guerra” con Albert Pla y Fermín Muguruza y se vuelve a escapar tras el estreno de “Miedo” también con Albert. Refree es el productor de Octubre de Sílvia Pérez Cruz; de la mitad de El Niño de Rocío Márquez y de la Antología del cante heterodoxo de El Niño de Elche y, por supuesto, de Los Ángeles de Rosalía.

Es decir, es el responsable del nuevo sonido del flamenco. Aquí es donde se arma la marimorena, la mitad de los aficionados negaran que los discos mencionados tengan nada que ver con su visión anquilosada del flamenco.

El concierto en el Joe’s Pub en marzo 2018 es el penúltimo de la gira Los Ángeles y lo confiesan en el escenario. Es el concierto que más rápido se ha vendido de todos los que jalonan el Festival Flamenco de Nueva York.

Portada del disco El mal querer de Rosalía.

Lo próximo va a ser diferente

En la puerta del teatro me encuentro con Rosalía y me trata como si ella fuera el personaje de Joan Crawford y estuviéramos en Johnny Guitar de Nicholas Ray.
«Jo, estaba nerviosa porque sabía que estabas en el concierto«, me dice.

«Yo también te quiero«.

Refree está exultante, Nueva York te da un chute de adrenalina extra. Me disculpo por robarle el abrazo de antes. «Tío, llevo todo el año discutiendo con los flamencos por tu culpa«, le digo. «Es que yo no sé tocar flamenco» dice.

«Eso es lo que les digo pero enseguida se enredan», contesto.

Rosalía se despide con un: “lo próximo va a ser diferente” y 8 meses después, la “chiquilla” tiene revolucionado al mundo del pop con su disco El mal querer. Tres conciertos en verano al calor de “Malamente”. Arrasó en el Sónar, asombró en el “Cultura Inquieta” de Getafe y cautivó en Marbella. Pasó por la Bienal de Flamenco de Sevilla y allí (con Joselito Acedo de tocaor) pasó con nota sobre las terrible sentencias de la crítica sevillana que la perdonaron la vida por aquello de que es la próxima estrella POP del mundo mundial y la gran embajadora del flamenco.

 

 

Este capítulo es un adelanto del libro Tribulaciones de un DJ flamenco, que se editará en papel en el año 2019.

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