Cantó desmesuradamente: con susurros, con ironía, con amargura, con risas. Cantó mucho y dejó muchos discos de queja y lamentación amorosa. Canciones de desgarro volcánico, de derrumbe. Todas de las que emocionan y se agarran al estómago. Un personaje al piano, una sonrisa amplia; vestido de frac y con una elegancia impecable cantando a media voz. De esa forma Bola de Nieve se convirtió en leyenda.

Este hombre, un cubano universal de piel negra y brillante, de cara redonda y pequeño de estatura, regordete, con el oído despierto para juntar en su sensibilidad dos tradiciones: los grandes clásicos de la música con la espiritualidad y la sensualidad humana: Beethoven con Yemayá, Verdi más los rezos a Ochún.

Bola de Nieve con Rita Montaner

Edith Piaf decía que nadie podía interpretar como él su canción La vie en Rose y Andrés Segovia afirmaba que escucharlo era como asistir a un acontecimiento en el que se unían la palabra y la música. Poseedor de los misterios de la técnica musical, tenía una personalidad en la que se mezclaba el encanto de alta cultura con la sencillez de pueblo.

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Ignacio Jacinto Villa fue un singular fenómeno artístico que pasaría a la historia de la música cubana e internacional como Bola de Nieve y que hablaba así en una entrevista concedida pocos días antes de su muerte en 1971: «Yo no sé si me inicié en el arte o si me iniciaron, no pude decir: quiero ser, sino que fui”. Neruda dijo de él: «Bola de Nieve se casó con la música y vive con ella en esa intimidad de pianos y cascabeles”.

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A Bola de Nieve, más que impresionar, le interesó expresar, llegar a la sensibilidad del que escucha, que es la formula perfecta del artista, la que encierra el misterio del arte. Cantó a todas las grandes y con todas ellas; en 1947 fue contratado por la Compañía de Conchita Piquer e hizo una gira por España que fue un verdadero éxito.

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Con el maestro Lecuona cantó sus mayores éxitos y desde su humildad decía que él no sabía componer, sin que fuera cierto: “Yo no me creo compositor, ni me respeto como tal, de las cosas que así me salieron, cancioncitas de esas baratas que yo hago, algunas han gustado. Yo creo que la palabra compositor es demasiado seria y respetable. Yo he hecho cancioncitas». Pero ahí están grandes canciones como Qué dirías de mí, Ya no me quieres, Si me pudieras querer o No puedo ser feliz, para mí la mejor, en la que realiza una interpretación estremecedora.

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Canciones inolvidables para un hombre que pasó por los grandes teatros y que por hambre llegó a participar en Eurovisión. Pasado ese amargo trago, decir que en una actuación en el Carnegie Hall de Nueva York, tuvo que salir nueve veces al escenario a recoger las ovaciones del público. Cubano, negro, santero, homosexual, pro-revolucionario y, sobre todo, músico, Bola de Nieve forma parte de los mitos latinoamericanos del siglo XX. No de nieve sino de fuego.

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